Ser Jazmín en La Plaza Los Palos Grandes

No puedo creer que se me haya ocurrido escribirlo.
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Gracias a las otras princesas por dejarme publicar esto.

Gracias a las otras princesas por dejarme publicar esto.

Si estás en tus veinte probablemente creciste con una peligrosa dosis de películas de Disney, cuentos del príncipe azul y de tener algún numero musical mientras conoces al amor de tu vida. Yo la tuve, y por alguna razón todas entramos en un debate sobre cuál fue nuestra princesa favorita y por qué.

Cuando crecí, me di cuenta que mi princesa favorita era en realidad una malcriada. Tenía disfraces, sábanas y hasta tuve un cumpleaños temático de Jazmín, la princesa que por alguna razón se dejó enamorar por un p*ndejo mentiroso. Eso explicaría muchas cosas, en realidad.

Sin embargo, en mi adolescencia escondí mi irracional amor la princesa árabe y lo sustituí por Mulán, la “princesa” favorita de todas las intensas que no quieren ser relacionadas con esa nefasta moda antifeminista de la realeza de Disney, que por cierto también tuvo su propia revista que mi papá me compraba sin falta todos los meses. 😁

Hasta entonces, mi amor secreto por las princesas estaba a salvo. Pero la universidad, como todo en la vida, pondría a prueba todas mis realidades.

En mi séptimo semestre me tuve que reconciliar con Jazmín como parte de una asignación de la clase de Televisión. Para un programa temático, mi directora tuvo la random idea de hacerlo de princesas y como era mi amiga desde el tercer grado, no lo pensó dos veces antes de nombrarme sustituta oficial de la princesa de Agrabah en la vida real.

Así que yo y otras cuatro compañeras formamos parte de la déspota orden de la directora del programa. La mayoría parecía emocionada, mientras que yo solo quería que terminara lo más pronto posible.

“Claro, ustedes no tienen que usar sostén y un mono al frente de cuatro docenas de personas”.

El reto era grabar el teaser de nuestro programa de televisión en la Plaza Los Palos Grandes, y fingir que éramos princesas mientras tomamos un café al frente de niños, adultos, adolescentes burlones, personas mayores y nuestra dignidad espectadora.

Y así fue.

Nos vestimos y arreglamos en la universidad y de ahí nos fuimos todas a la plaza. En parte porque todas se rehusaban a vestirse en los cuestionables baños de la plaza y otra porque queríamos pasar pena el menor tiempo posible allá.

Las princesas presentes en el show fueron:Blancanieves, La Bella Durmiente, Bella, Campanita (protagonista del show) y Jazmín (yo, la persona que rogó estar detrás de cámaras).

Ella se río porque no tendría que pasar la misma pena que yo.

Ella se río porque no tendría que pasar la misma pena que yo.

Una vez que llegamos a la Plaza Los Palos Grandes, activé mentalmente un cronómetro que no me permitiría pasar más de media hora ahí.

No pasaron más de cinco minutos desde que salimos del carro para que las niñas pequeñas se quisieran tomar fotos con nosotras. La fama, si duda, es el primer obstáculo que enfrenta toda princesa.

“Chillea, estás clara que ha sido tu sueño desde los 6 años”.

Después de morirme de la pena los 10 segundos que la mamá de esa niña se tardó en tomarnos la foto, mi directora me agarró y me dijo que dejara la estupidez, que disfrutara. Total, es el sueño de casi todas las niñas y es muy probable que no vuelva a pasar a menos que decida fumarme una lumpia y viajar a pedir un trabajo en Disneyland.

Como casi nunca lo hacía, la escuché y me tomé en serio mi papel de Jazmín. Lo hice tan bien que recuerdo haber tenido la siguiente conversación con un niño de la plaza.

- Niño inocente: “¿Dónde está tu novio?”.

- Yo, la Jazmín sustituta: Se quedó en Agrabah porque no pudo pagar el pasaje en alfombra mágica.

- Niño: “Y, ¿por qué quisiste venir para acá?”.

- Yo: “Porque quería tomarme un café con mis amigas mientras hago mi tour por Latinoamérica, claro”.

- Niño: “¿Tour?, ¿qué es eso?”.

- Yo: “Es como se llama mi recorrido para hacer que la gente no se olvide de mí, la película salió hace tiempo y no me gusta que la gente le pare mucho a las princesas nuevas”.

La grabación duró 43 minutos exactos, lo recuerdo, y mi pena menos de 15 minutos.

Debo admitir que todavía uso esta experiencia para regodearme mientras estoy borracha en las reuniones con mis panas. Con orgullo y con expresiones sobradas porque más de diez niños recordarán gracias a mí que conocieron a Jazmín.

¿Qué niño no quiere tener un recuerdo como ese?

Después de muchos “corte y acción”, a todas nos dio un poco de lástima quitarnos el disfraz tan rápido. Así que aprovechamos de tomarnos un par de fotos más con algunos niños que jugaban en la plaza y que no habían dejado de mirarnos (todo esto mientras evitábamos que nuestra directora le cobrara a sus mamás por las fotos).

Finalmente fue así como, en toda Caracas, pude decir que fui Jazmín en la Plaza Los Palos Grandes. Por un día solamente y por 43 minutos, but still counts.

Y probablemente otras miles de payasitas en Carnaval, pero apuesto a que ellas no tienían un juego de sábanas de Jazmín.

Pueden ver el resultado de nuestra pena aquí.