Los recuerdos que hacemos mientras comemos son los más poderosos - The Amaranta

Sí podemos viajar al pasado con la comida

Y no dejes que Einstein te diga lo contrario.
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En el siglo pasado, los científicos expusieron una larga lista de teorías sobre el tiempo y el espacio; unas coqueteaban con la idea de viajar en el tiempo y otras destrozaban la ciencia ficción de Hollywood. Sin embargo, la mayoría sugería como posibilidad los saltos al futuro. El mismo Albert Einstein mantenía que se podía dilatar el tiempo siempre y cuando, la dirección fuese hacia al futuro, y no al pasado.

Y aunque en el 2017 nuestras teorías se acercan más a "¿Avril Lavigne está muerta y fue reemplazada por su clon?", hemos logrado resolver el misterio de la relatividad, y llegamos a la conclusión de que Albert Einstein se equivocó: sí se puede viajar al pasado. Solo que no involucra ninguno de sus cálculos matemáticos, nada más se necesita un menú de comida. 

Resulta que, en este caso, la máquina del tiempo que nos lleva al pasado es la comida. Ciertos platos, sabores y condimentos nos traen recuerdos más poderosos que cualquier otro tipo de estímulo imaginario. 

Aunque los conocimientos matemáticos que sostienen esta teoría equivalen a "dos más dos es cuatro", su fuente de credibilidad se remite a las experiencias personales, que por coincidencia, se apegan a los discursos de algunos psicólogos. 

La memoria de la comida es más sensorial que otros recuerdos porque involucra los cinco sentidos -Susan Whitbourne, profesora de psicología y ciencias del cerebro de la Universidad de Massachusetts.

Ver la comida, saborearla, sentirla, olerla e incluso escucharla, pone nuestros motores a funcionar y ofrece un gran potencial para aumentar nuestra memoria cuando de comida se trata. 

Además, tal y como propone el psicólogo y neurocientífico Hadley Bergstrom, profesor asistente de psicología en Vassar, la memoria del gusto tiende a ser la más fuerte de las memorias asociativas porque nuestra naturaleza y estrategia de supervivencia se manifiesta cuando comemos, y es lo que se conoce como "aversión condicionada al sabor". 

La razón detrás del por qué no queremos comer alimentos que nos han intoxicado antes, o los que nos recuerdan a nuestras mamás pidiéndonos que comiéramos o no te levantaríamos de la mesa, e incluso esos que nos cayeron mal un día. Volver a probarlos nos transporta a ese momento, y por instinto de supervivencia, rechazamos la comida, los ingredientes e incluso el restaurante donde ocurrió. 

Es por eso que no solo podemos viajar en el tiempo en términos de sabores, sino que nuestros cinco sentidos logran transmitirnos la nostalgia del momento dónde y con quien lo compartimos. Recordamos el paquete completo. 

El contexto aumenta la fuerza nostálgica de los recuerdos de la comida. Algo así como un significado adicional a la cualidad sensorial. Por eso, comer la pasta especial de tu abuela no solo te recuerda a tu infancia, sino a los sentimientos que tenías mientras la comías. Lo mismo ocurre con los jarabes para la tos y medicinas que te hacían correr por toda la casa, y las chucherías que asociaste con tus primeros años de vida. 

Al contrario de la fuerza con la que recuerdas cuando hueles el perfume de tu mamá, la intensidad de los recuerdos que te transmite la comida es mucho más viva. 

Usas los cinco sentidos, te basas en la necesidad de supervivencia y formas un contexto (compañía, situación y emociones involucradas). 

Así que una vez más, quedó comprobado que la comida es el mejor invento del mundo; incluso tan poderosa como para desmentir a Einstein.