Quererse no es un pecado - The Amaranta

Quererse no es un pecado

¿Por qué tiene que ser tan difícil?
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Jordan McQueen

Jordan McQueen

Es un hecho que la travesía de una mujer hacia el amor a sí misma y a su cuerpo es única e individual. Para algunas fue más difícil que para otras, pero todas estamos en la lucha constante de querernos de afuera para adentro.

Todo comienza en la preadolescencia, al recién terminar aquellos años sagrados de solo usar la parte de abajo del bikini y que no te importara si te embadurnabas la cara completa de chocolate mientras te comías un helado.

Una vez que empieza la atención por los niños, el cuestionamiento comienza. No me pregunten por qué, pero simplemente es así.

Al llegar a esa edad, ya has comprado unas cuantas copias de Tiger Beat y BOP, y empiezas a notar la forma de vestir y arreglarse de las artistas en las portadas. Aquí es cuando suceden los experimentos más desastrosos que después se convierten en recuerdos que queremos olvidar (¿por qué quise cortarme una pollina yo misma?). También empiezas a tomar tus primeros pasos hacia el maquillaje, jugando con la pintura de labios de tu mamá, pero sin atreverte a probar el rímel por miedo a clavártelo en el ojo.

Los niños te miran, tú los miras, pero la acción termina ahí. ¿Qué fácil, no?

Al adentrarte en la adolescencia, las niñas sufren una especie de metamorfosis caótica física y mental simultáneamente. Es decir, mientras intentas saber si eres gótica o pink lady o “qué onda”, tienes un par de tetas asomándose en tu pecho y un fenómeno sobrenatural que pasa cada mes llamado la menstruación, pero es traducida por padres/profesores como “la que te conté”, “la sorpresa”, “la visitante” y hasta “la mujer de rojo”. 

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Toda esta situación fuera mucho más fácil y transparente si te dijeran: “Esto es lo que pasa, este es el por qué y esto es lo que debes hacer. Se llama menstruación, le decimos “regla” y es completamente natural. Pero no, a los hombres no les pasa nada parecido una vez al mes”.

En esta complicada etapa todo se dificulta al intentar copiar los estilos de las personalidades famosas mientras buscas tu propia individualidad, lo cual resulta en una especie de Frankenstein de mechas amarillas y lentes de mentira.

Al empezar esa búsqueda de nuestra personalidad, se da el comienzo de la inevitable y tóxica práctica de compararse. Se hace tanto que parece un hobbie. Te comparas con tus amigas, enemigas, famosas, modelos, personas en la calle, en internet, productos de tu imaginación, etc. 

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Al salir del bachillerato, te llevas contigo una maleta de recuerdos sobre tu cuerpo y quién eras, que odias a muerte. Te encuentras preguntándote: ¿por qué acné?, me arrepiento de esas mechas, ¿qué estaba pensando con ese smokey eye?.

Al pasar a la universidad, metes todos esos recuerdos en una cápsula del tiempo e intentas olvidarte de que pasaron (y a tus amigas, que parece que se les grabó en la mente para siempre, y tienen la necesidad de recordarte todos los detalles de tu pubertad en repetidas ocasiones).

Este es el tiempo de explorar y conocerte a ti misma. La mayoría de los prejuicios y las preocupaciones se van derrumbando mientras vas avanzando en la carrera hasta que llegas a un lugar de semi-entendimiento de quién eres. Aunque todavía tengas bastantes dudas e inseguridades, sabes que lograste hacer un borrador de quién quieres ser en la vida.

Mientras más se crece, más se acepta el físico que se nos fue otorgado y se reconoce la diferencia entre: dieta para parecerse a una modelo de Victoria’s Secret vs. para estar saludable y sentirte bien.

Últimamente el movimiento de body love, ha logrado transformar un pelo de la melena de inseguridades, al salir blogueras e influenciadoras a decir públicamente que aman su cuerpo. 

Para algunos no será gran cosa, pero al expresar estas palabras, las mujeres se enfrentan a una ola de críticas y controversias cuestionando su ego y moral para decir que se aman a sí mismas. 

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¿Por qué quererse tiene que ser un acto de rebelión?

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Ahora en vez de pensar “thigh gap”, queremos pensar “mermaid legs”, y en vez de “muffin top” tenemos el resultado de una inversión culinaria. Queremos cambiar “macha” por freak del gimnasio con músculos increíbles; o health nut a persona que ama y cuida su cuerpo.

Queremos que aprendamos a ver nuestros cuerpos como vehículos para cosas increíbles que tenemos que cuidar y apreciar, no para comparar y tener una necesidad imparable de criticar nuestro cuerpo o el de otros.

Querámonos, muchachas.

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