Las cosas como son

Los mam*güevos están en todas partes. Esa es una verdad universalmente conocida pues este espécimen está presente en nuestras clases de la universidad, es posible que hayamos tenido un jefe con sus características y bueno, no somos mujeres completas hasta habernos enamorado de uno.

¿Pero a quién engañamos?

A todos les encanta una persona que haga todo el tiempo lo que le dé la gana, diga imbecilidades y aún así tenga acceso a todos los círculos sociales que quiera. Porque de eso se trata, de olvidarse por completo de lo que puedan pensar los demás y de alguna forma ganarse su aprobación. Eso hace a un mam*güevo y por eso todos queremos ser uno.

Además de eso, amamos a los imbéciles por las siguientes razones.

1. Casi siempre obtienen lo que quieren

Su propia condición de ser miserable les impide seguir las normas sociales básicas como ayudar a sus compañeros de trabajo cuando hacen algo mal, decirle la verdad a sus mamás y a sus novias de que no le escriben a sus ex.

Manipulan las situaciones para ser ellos las víctimas o los triunfadores de las mismas y entonces reciben la gratificación que no merecen, pero de que la reciben, la reciben. Y eso ya es suficiente para sacarnos la piedra al resto de los mortales.

2. Ser mam*güevos es un derecho que se han ganado

Claro, porque cuando ganas casi el mismo salario que Justin Bieber, parece lógico que tu jefe se comporte como el idiota más grande del mundo. ¿Para qué pagarle a un pasante que hace el trabajo de cinco personas gratis cuando puedes irte de viaje a Marruecos?

Los imbéciles más peligrosos son los que tienen más poder. Me suena a unos varios que tienen a todo un país buscando comida en la basura, pero también a los profesores que tienen fama y aduladores por todas partes, y a su vez sus clases consisten en láminas chimbas de Power Point.

Prácticamente pueden hacer todo lo que se les cruce por la cabeza, aunque sea una imbecilidad total.

3. Podría decirse que son más interesante que la gente decente común

En una rumba, ¿a qué conversación prefieres pertenecer?

  1. La de una chama que ayudó a una señora a cruzar la calle mientras salía del mercado.
  2. La de un pana que estudió toda la semana anterior para un parcial.
  3. O sobre un tipo que se disfrazó de GNB y le puso multa a todos los niños ricos de Valle Arriba que veía pasar.

La decisión no parece muy difícil. No te sientas mal si elegiste estar en la conversación “C”, es lo que todos preferimos honestamente, porque aunque los mam*güevos son algunos, sus admiradores somos demasiados.

No tienes que convertirte en uno para lograr todo lo que te dije anteriormente, pues ser así es el recorrido más fácil y también el más barato, pero nadie necesita a toda una manada de haters detrás de ti.

Porque ser un mam*güevo es un privilegio que se paga caro.