Por qué dejé de tomar

"Una Coca-Coca Light, por favor".
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“¿En serio no tomas?”

Todos los fines de semana, y el ocasional jueves, escucho esta pregunta, normalmente hecha por un amigo/persona curiosa/conocido incrédulo de la falta de bebida alcohólica en mi mano. “No, no tomo”, digo con esperanzas a que they don’t push it. Pero, por supuesto, siempre lo hacen. 

“Pero, ¿por qué? ¿estás en antibióticos?”

“¿No te gusta?”

“¿Estás a dieta?”

Y el peor de todos, “Ay sí, eres toda santa”.

Este último es particularmente interesante para mi, ya que en caso de que quisiera no ser “toda santa”, existen miles de métodos que no incluyen el alcohol.

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“No, simplemente no quiero tomar”, respondo pacientemente. En la mayoría de los casos, la persona sigue indagando por una causa determinante de por qué no bebo alcohol. Pero siempre se van con las manos vacías, porque no hay gran explicación, dieta loca, ni momento traumático en mi vida que haya causado mi decisión. I simply don’t.

Les explico.

No es que nunca caí en la rutina de tomar alcohol todos los fines de semana y por eso nunca le agarré el gusto. Al contrario, sí lo probé y disfruté de él unos 4 años de mi adolescencia. Tuve buenas noches, malas noches y noches que eran tan buenas que le quitaban el gusto al día siguiente. Aunque pasó pocas veces, viví una pequeña introducción a la vida de una persona que toma.

Sin embargo, al madurar un poco me di cuenta de que no tomaba por gusto, sino por rutina o aburrimiento. Noté que durante momentos tediosos en eventos sociales mi respuesta a ellos era “vamos a la barra”. ¿Quería tomar? No, quería matar el tiempo.

También me di cuenta que además de que no tomaba por disfrutar de lo que estaba ingiriendo, aquel acto forzado tenía más consecuencias negativas que positivas en mi vida. Pero para ilustrarlo un poco mejor, les dejo la lista de pros y cons de no tomar.

Pros

  • Ahorras dinero.
  • Mañanas placenteras después de una noche de rumba.
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  • Vívidos recuerdos de la noche anterior.
  • Decisiones premeditadas y apropiadas durante eventos sociales.
  • Falta de necesidad de hacer “espectáculos”.
  • Asimismo, disfrutar plenamente de los espectáculos de las otras personas.
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  • Mejor rendimiento escolar los viernes y lunes.
  • Más resistencia a la hora de hacer ejercicio.
  • Pensamiento rápido en situaciones críticas.
  • Nunca te verás en el espejo a las 2:00 a.m. y dirás: ¿en serio estuve así todo este tiempo?
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Cons

  • Atosigamiento de terceros.
  • Presión social esporádica.
  • Falta de acto simbólico para celebrar algún triunfo (o lamentar algún fracaso).
  • Pocas opciones alternativas de bebida.

A pesar de lo larga que puede ser la lista de pros, dejar de tomar no cambió mi vida radicalmente. Seguro, cambió la manera en la que me levanto los sábados y mi rendimiento a la hora de hacer ejercicio, pero lo que la mayoría de las personas no entienden es que it’s really not a big deal.

Una vez que pierdes pretexto de necesitar bebidas alcohólicas para pasarla bien, el líquido de tu preferencia durante fiestas se vuelve irrelevante, y por consiguiente lo que realmente importa se vuelve más auténtico. Las conversaciones que tengas, las personas que conozcas, las canciones que bailas y cantas a todo pulmón. Eso es lo verdaderamente relevante, no qué líquido casi te derrama encima tu amigo (esa es otra, tus reflejos anti-borrachos nunca estarán mejores).

Si para este momento has considerado dejar de tomar, te recomiendo que lo hagas o que por lo menos lo intentes. Pero para eso, te dejo unos cuantos consejos de mi para ti, free of charge.

  • Intenta no pensar en qué vas a tomar. Go with the flow.
  • Que estés sobria no significa que estás encargada de todos los borrachos de la fiesta.
  • Ten una respuesta concisa para cuando te pregunten por qué no tomas (porque va a pasar).
  • En cuanto a los preguntones, they’ll back off.
  • Concéntrate en pasarla bien. Comienza buenas conversaciones, introdúcete a personas nuevas.
  • Por último, durante los juegos de tomar, juega con refresco, o mi preferida: sé el árbitro. No hay nada mejor que decidir quién gana (y ver a los perdedores echar humo por las orejas).
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Best of luck,

Federica. 

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de The Amaranta y sus dueños.