Por qué amo el café

Bring me a cuppa'.
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Hace un tiempo varias personas de la universidad me conocen como la “niña del café”. Entre estas personas está la vendedora del kioskito, el profesor de la clase de las 9:00a.m. a las que siempre llego tarde por estar comprando mi segundo café y mis compañeros de la clase de las 7:00a.m., que saben que sin mis primeras 6 oz. no funciono.

El café para mi representa varias cosas. Primero, la inevitable fuente de cafeína que acompaña el buen sabor de la mañana. Si no tomo café, siento como los ojos progresivamente se cierran y me arden del cansancio. Que no me vengan a decir que el “psicológico”, the heart wants what it wants.

Otra razón es la versatilidad del sabor. Personalmente, podría tomarme un guayoyito así estuviese en el calor incandescente del Sahara, para acompañar la comida, pero sé que hay otros que no comulgan conmigo cuando se trata de esto. Para ellos, hay café frío, frappé, corto, largo, con azúcar y sin azúcar. También todo puede cambiar con agregar una que otra especia como canela, nuez moscada, cacao en polvo o quizás un poco de vainilla. Hay quienes agregan menta, otros cambian la leche. Beauty in diversity, en otras palabras.

Pero la razón más grande de todas es que para mi el café, más que una bebida, es un espacio metafísico social. Echar un cuento con un café es infinitamente más diferente, intenso y detallado que con las manos vacías. Un café significa la convivencia que tendrán las dos personas mientras lo toman, una conversación por venir; significa que hay algo que decir. Aunque tome por lo menos 3 tazas todos los días, agregarle un café a una conversación lo hace inmediatamente especial.

Una cafetería, en mi opinión, es una reunión en sí. Como una nebulosa de conexiones sociales que a pesar de que sean independientes, tienen algún tipo de interacción entre sí.

También me encanta el ritual de hacer café. Como soy una purista del café, me gusta molerlo yo, colarlo y luego servirlo en una de mis tazas favoritas. Significa el comienzo de un nuevo día, es un espacio que me doy a mi misma de disfrutar de mi primera taza.

Algunas personas dirán que soy adicta al café, pero pienso que el término correcto es que estoy enamorada. Locamente, como la protagonista de una novela del canal 4.

Bring me a cuppa’.