Oversharing: el camino hacia la empatía o hacia el odio - The Amaranta

“Oversharing”: ¿el camino hacia la empatía o hacia el odio?

De expresión humilde a clickbait vacío.
Author:
Publish date:
marketing-man-person-communication

El oversharing es esa práctica de decir más de lo que debes. No creo que haya sido tan común en la prehistoria de antes del internet, pero tal vez solo por una cuestión de posibilidades. En los 90’s hubieses tenido que pararte en el techo de un edificio a gritar por un parlante para conseguir una audiencia de 100 personas. Hoy todo lo que tienes que hacer es publicar en Facebook o Twitter. Creo que esto ha hecho que el oversharing se divida en dos…

El oversharing empático

Con el internet, se vino encima la necesidad de compartir de más. Antes de Facebook estaba LiveJournal. Cualquier adolescente hubiese muerto de la vergüenza si alguien IRL hubiese leído su diario, pero apenas el internet llegó, miles de ellos empezaron a publicar sus entradas más íntimas para que cientos de extraños las vieran.

Yo fui uno de ellos, a los 12 tuve mi primer blog, totalmente personal. TOTALMENTE. Creo que llegué a publicar cada uno de mis pensamientos más intensos y adolescentes al menos una vez por semana durante casi 5 años y fue cuestión de tiempo para que dejara de escribirle al vacío. En ese momento era exageradamente fácil tener una audiencia. A los pocos meses de empezar tenía comentadores frecuentes de México, Argentina y unos un poco más locales. Todo porque le estaba confesando a extraños una sarta de cosas que jamás le hubiese dicho a nadie ni remotamente cercano.

¡¿Por qué?!

En retrospectiva puedo decir que la primera razón es que no tenía ni idea de las consecuencias reales de tener un blog en el que confiesas todo a una audiencia de desconocidos -eso lo supe al menos 8 años más tarde con mi segundo blog-. En segundo lugar porque me sentía segura bajo el manto virtual del anonimato. Pero, en tercero, y quizás lo más importante de todo, porque estaba creando vínculos con personas que se parecen más a mi que las que me rodeaban. Eventualmente conocí a al menos 15 de las personas que leían mi blog. Una de ellas me recibió en Mérida cuando me mudé y me mostró toda la ciudad. Otro de ellos es uno de mis amigos más cercanos ahora, 10 años después de habernos conocido por mi blog.

El oversharing no era necesariamente una necesidad de ser protagonista, sino más una necesidad de conectar con otros como yo. Cuando eres un adolescente ansioso, con problemas de adaptación y la necesidad de escribir narrativa surrealista, haces de todo para no sentirte como un bicho raro. Dedicar 2000+ palabras a profundizar en problemas que normalmente mantienes ocultos fue una especie de terapia, el ser leída por otros, fue encontrar un nicho de gente que no me hacía sentir como la hija perdida de los Addams.

Si eso es en mi caso de persona que se ve ultra normal y nunca vivió bullying, imagino que es una herramienta muchísimo más poderosa para aquellos que tienen problemas más fuertes. Tal vez el niño que está pasando por abuso psicológico y todavía no sabe cómo reconocer las señales algún día decida compartir de más en alguna plataforma, alguien lo leerá y lo ayudará a entender su situación. Digo que, en su forma más honesta, puede ser una manera de crear puntos de encuentro con el otro que sean un poco más profundos que “a los dos nos gusta Ariana Grande”.

El oversharing del narcisista

En el 2011 sucedió algo con el oversharing, se convirtió en una manera legítima y lucrativa de contenido. Solo que en vez de llamarlo oversharing crónico, lo llamamos “ensayo personal” o “ensayo confesional”. Uno de los grandes exponentes del género fue XoJane. Si nunca entraste a XoJane, te perdiste del show de Christina versión internet.

Afortunadamente esto fue alrededor de la época en la que dejé de escribir públicamente porque estoy segura de que hubiese sido una ridícula más en esa plataforma.

Durante años XoJane se encargó de publicar historias de la vida real escritas por escritoras invitadas a cambio de $50. Todas eran parte de su sección más popular, la columna de It Happened To Me. Guys, esa columna tuvo momentos épicos, los highlights incluyen:

  • Contrataron a una drogadicta bonita para alardear sobre lo drogadicta y bonita que era.
  • Publicaron una historia falsa, de una escritora que no existía, contando que cortaba con su novio porque era un fanático de Trump.
  • Nos hizo conocer términos asquerosos como “fluid bonding”, que es el proceso de tener sexo sin protección cuando estás en relaciones de polychancros polyamory.
  • Iniciaron el rumor falso de que Connor Orbest, de Bright Eyes, era un violador.
  • Compartieron el nombre y la foto de una escritora que pidió ser anónima porque estaba escribiendo sobre violencia doméstica.
  • Y por supuesto el ensayo de la tipa que encontró una bola de pelo de gatos en su vagina.

XoJane hizo popular el hate read. Tenía una comunidad gigante de comentadores usuales y siempre valía más la pena leer los comentarios que los artículos. Los viernes eran días geniales porque podías contar con que a las 3:00 p.m. XoJane publicaría un artículo particularmente trashy y los comentarios serían oro.

Tuvo su época, durante los primeros años eran respetados. El ensayo confesional se veía como una forma legítima de expresión. No el intento por llamar la atención que terminó siendo. Muchos dicen que el problema comenzó cuando empezaron a explotar estas “confesiones” a cambio de clicks. Cuando el enfoque dejó de ser “veamos cuáles historias interesantes y novedosas podemos sacar” para convertirse en “¿qué les parece más trashy? ¿la vagina con pelos u otra pareja de polyamory?”, dejaron de pensar en calidad y el público les dió la espalda. Fue fácil hartarse del ensayo confesional. No todo el mundo es Carrie Bradshaw… porque nisiquiera Carrie Bradshaw es buena. El oversharing se volvió poco más que clickbait vacío.

XoJane, el gran exponente del oversharing, cerró en diciembre del 2016 y debo decir que no creo que ninguno de los que frecuentábamos el sitio lo extrañamos. Creo que es momento de darle un respiro al género, dejemos que Lena Dunham lo intente saturar por su cuenta. Esperemos una década antes de volver a hablar de las bolas de pelo de gato en nuestras vaginas.