Tenemos que acabar con el estereotipo de la "chica francesa" porque es inalcanzable - The Amaranta

Es hora de aceptar que nunca podremos ser mujeres francesas

Excusez-moi?
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Todas alguna vez hemos querido, o queremos, imitar el estilo de vida de las niñas parisinas. 

O al menos eso es lo que nos insinúan las búsquedas más populares en Google; en el Internet puedes encontrar desde cómo tomar café como una french girl, hasta en qué zonas aplicar el perfume si quieres seguir las costumbres de las niñas europeas.

Y esto si solo tomamos en cuenta los tutoriales más corrientes; hay una larga lista de clases dedicadas exclusivamente a explicarte cómo responder en una cita, cómo vestirte para ir al gimnasio y cómo comer si quieres copiar su estilo de vida.

De todos los estereotipos de mujer que la cultura pop nos ha vendido, el de la chica francesa ha sido uno de los más constantes. Pero ¿de dónde salió esta obsesión?

Podríamos atribuírselo a Brigitte Bardot, Jane Birkin, Catherine Deneuve; pero realmente no existe un origen para esta tendencia, más allá del montón de películas y las modelos parisinas que inspiraron guías y tutoriales para alcanzar su estilo de vida en cinco simples e inalcanzables pasos.

Y es que todo el estereotipo de la mujer francesa se nutre de una mezcla justa entre la sexualidad desenfrenada, inocencia y un aura de sofisticación distante; que es totalmente contradictorio entre sí, hasta que tomas en cuenta a las mujeres icónicas en las que se basa ese prototipo.

Hay que acostumbrarse, porque el ideal de esta mujer ficticia se contradice de principio a fin; es delgada pero adora la comida, fuma demasiado pero se preocupa extremadamente por su salud, está dispuesta a que la miren, pero nunca puede mostrar que desea atención, le interesa la moda pero siempre usa lo mismo, es despreocupada pero tiene todo en orden. ¿Cómo se supone que podemos alcanzar esos niveles de control, trabajar, mantener una vida social y no perder nuestra salud mental, al mismo tiempo?

Lo más lejos que podemos llegar es asegurarnos de tener el cabello alborotado como las películas (por supuesto, sin parecer tan glamurosas como ellas, más como “me acabo de levantar y perdí mi peine”), embarcar una travesía para encontrar unos pantalones de cintura alta que encajen perfectamente con el prototipo y comprar una revista Vogue y fingir que en realidad sabes lo que estás haciendo, porque es una de las tareas más fáciles.

Pero como si perseguir el ideal de la mujer francesa no fuese lo suficientemente difícil hasta ahora, hay otra razón por la que nunca podremos cumplir con el aura parisino: lo estamos intentando, y la regla número uno de cualquier niña francesa es que no tienes que intentarlo, ni siquiera debes preocuparte demasiado. Así que sí, es un camino sin salida.

Es por eso que lo más recomendable para no hundirte hasta los pies en una investigación y recaudación de tips para alcanzar niveles de sofisticación y autenticidad que solo logran las mujeres que pertenecen al territorio francés, es autoconvencerte de que no tienes que ser francesa para disfrutar de un café y usar pañuelos en el cuello.

O puedes seguir fingiendo que eres francesa y tomar jugos sin pitillo (porque así dicen las instrucciones que tienes que seguir para parecer una niña parisina), es más divertido.

Ce'st la vie y todo eso.