My Big Booty - The Amaranta

My Big Booty

No lo toques.
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Paper Magazine

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Siempre he tenido el culo grande. 

En serio, siempre. De hecho, cuando tenía alrededor de 6 o 7 años, mi sobrenombre familiar era "Fefona La Culona". Hasta el día de hoy, me hierve la sangre al escuchar a alguno de mis tíos llamándome por ese sobrenombre.

Estoy segura que mi autoestima no hubiese sobrevivido más de los 15 años si J. Lo y Beyoncé no hubiesen sacado a pasear sus maravillosos traseros y todo el mundo se obsesionara con su forma y tamaño. Nunca pensé que diría esto, pero le agradezco a Kim Kardashian todos sus atuendos ostentosos y transparentes en los cuales puedes ver su culo y mucho más. Gracias a ella, el mundo se ha familiarizado, reconciliado y hasta adorado la imagen de un trasero grande.

El caso con tener el culo grande es que mientras algunos disfrutan de la vista, el portador lleva el calvario por dentro. 

Primero, está la situación de no poder pasar entre mesas o un lugar estrecho sin algún tipo de dificultad. Admito haber tumbado cuadernos, celulares y quizás algunos vasos gracias a mi culo. 

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Otro inconveniente es la vestimenta. Nunca me ha gustado vestirme demasiado sexy o con cosas demasiado provocativas porque me hacen sentir demasiado expuesta. Pero haga lo que haga, siempre termino pareciendo una Kardashian. La cosa va como así:

Yo: "Hoy quiero verme elegante".

Mi culo: "JAJAJAJAJA, ¿por qué?"

Por otro lado, si tengo algún evento de noche donde me quiera poner algo un poco más provocativo, la situación es muy diferente.

Yo: "Hoy me quiero vestir un poco más sexy".

Mi culo:

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Además de la misión imposible de encontrar un pantalón que me quede bien en la cadera y en cintura, la vestimenta siempre será un problemita. 

dailymail.uk

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#GOALS

Sin embargo, el inconveniente más evidente es la curiosidad externa. Por alguna razón, las personas están fascinadas con el tamaño de los culos, y esa fascinación conlleva a un permiso no emitido de poder tocarlo. 

Digo, tocarle las tetas a una mujer sin un permiso preestablecido está evidentemente mal y es inaceptable. Lo más cerca que podrían llegar a ello es un abrazo extra apretado, pero el toqueteo llega hasta ahí. 

Con el culo, es una situación completamente distinta. Aparentemente, tocarlo está bien y no hay ningún problema. Es como si me dieran un golpecito juguetón en la rodilla. 

NO.

No sé ni cuántas nalgadas me han dado en mi vida y qué cantidad de personas lo ha tocado (todos sin permiso). Es imposible ir a una reunión familiar sin algún comentario, y más de una peluquera me ha recordado el tamaño de mi derrière.

Por favor, paren.

Todos estos problemas, aunque parezcan pequeños, se acumulan en la cabeza hasta volverte una loca y obsesionada con all things culo, nothing but culo. Pensar en cómo se ve en todo momento, si luce bien (o por lo menos no gigantesco), si se mueve demasiado, etc. Y si lo olvidas por algunos segundos de dulce ignorancia, viene una nalgada a recordártelo.

Mientras más crezco, más he aprendido a lidiar con mi trasero y su tamaño. Realmente, lo mejor que puedo hacer el reconciliarme con él y aprender a apreciarlo, porque no importa cuantos squats haga o cuántos kilos pierda, my big booty isn't going anywhere.

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Esta columna no necesariamente refleja la opinión de The Amaranta y sus creadores.