¿Cómo hago para tener 15 otra vez?

Ugh, adulting. Cuando vas creciendo, vas haciéndote la idea de que vas a tener que afrontar ciertos miedos súper obvios, que si hacer tu primera cita médica por tu cuenta, escoger el aguacate correcto, evitar desayunar pizza todos los días, y no olvidar que no hay hadas mágicas que limpian tu casa mientras duermes. 

Lo que nadie te dice es que hay otra lista, en constante crecimiento, de cosas que te hielan la sangre mientras más adulto te vuelves...

De la llamada después de las 9:00p.m.

Antes de ser un viejo recibes llamadas a cualquier hora. Cuando estás a punto de tener 30, si tu celular suena luego de las 9:00p.m. tienes un pequeño ataque cardíaco y toda tu vida pasa delante de tus ojos. Todos tus amigos son viejos, después de esa hora si no estamos todos juntos, cada uno está viendo Netflix en su casa o jugando Smash. Obviamente pasó algo. Quien sea que te esté llamando está siendo raptado estilo Saw. Eres su única llamada y ahora vas a tener que entrar en un juego psicótico para salvarlo, lo cual no es solo un problema porque su vida depende de ti sino porque ya es tarde y se te está pasando tu hora de dormir.

De tener pensamiento de abuela

Hace un par de semanas hice una cita en una peluquería, para un miércoles a las 10:30 a.m., porque a “esa hora todos están en sus oficinas y no tendré que esperar”, y yo soy freelance, no cumplo horario. Sure enough. No había nadie cuando llegué y justo cuando empezaba a felicitarme por haber tenido tan buena idea, empezaron a llegar todas las abuelas de la urbanización. Una tras otra abría la puerta, se sentaba al lado y me decía “me encanta venir a esta hora porque todos los demás están en la oficina, y no tengo que esperar”. Luego todas intercambiamos recetas de arroz con pollo.

Me ha pasado 3 veces más, en el banco, en el mercado y en el odontólogo. Estoy teniendo pensamiento de abuela. De hecho, mi abuela y yo ahora tenemos más en común que mi mejor amiga y yo. Nunca había tenido tanto miedo de mi propio cerebro.

De sonar como tu mamá

Jamás había escuchado un grito de terror tan escalofriante como el que escuché anoche cuando hablaba por teléfono con bae. Estaba hablando de sus planes de decoración para su sala y de repente se paró a la mitad de una frase. Por unos segundos entré en pánico porque pensé que su fantasma de cocina se lo había llevado. Cuando estaba a punto de googlear “exorcistas a domicilio”, lo dijo “¡Soy mi mamá!”. Porque en efecto, su mamá suele tener un proyecto de decoración crónico y él suele criticarlo cada cierto tiempo.

Y sí, todos somos nuestras madres. Unos más que otros, pero todos los somos. Parte de crecer es vivir el horror de escucharte decir algo que solamente tu mamá diría.

De tener que buscar al adulto que es más adulto que tú

Hay un montón de cosas que en serio tuvieron que haberte enseñado académicamente en algún lado. No sé si la universidad o antes, pero en serio estamos fallando como sociedad al no enseñar cómo resolver estas cosas. Tipo cómo elegir un buen seguro, como diferenciar entre una cuenta bancaria que parece ser exactamente igual a otra, la importancia de Vanish, y todo lo referente a la ley de impuestos sobre la renta.

No entiendo por qué seguimos esperando a que mágicamente la gente pase de niño a semi adulto para adquirir todos esos conocimientos a través del inconsciente colectivo. Necesitamos más entradas de wikihow.

Adulting 3

Mientras tanto, hay que preguntarle al adulto designado. Ese otro adulto que para todo es un par, excepto cuando se trata de cosas especialmente adultas. Es como un adulto plus. El mio se llama Alessandro, es súper adulto. Tiene más de 30. La gente le dice “señor” en la calle, sabe usar bancos eficientemente, y estoy segura que cada vez que le pregunto algo piensa que tengo la misma capacidad intelectual que una Kardashian promedio.

De darte cuenta que tus quejas se volvieron aburridas

“Qué bolas que no me invitaron a la fiesta”, se vuelve “qué bolas que no conseguí el té negro que me gusta”. De hecho, una vez que creces cualquiera de esas dos quejas es un lose-lose.

Aunque antes hablar de que te sacaron el culo y te dejaron en visto, era un ritual súper efectivo para crear vínculos, ahora a nadie le interesa. Y por el otro lado, las quejas del té no dan mucho pie para continuar la conversación.

De saber que estás por tu cuenta

En algún punto de tu vida vas a tener que tener un apartamento propio, que tendrás que pagar con dinero propio. Darte cuenta de lo que implica eso, da muchísimo más miedo que el Babadook, ¿Qué tal si nunca consigues un trabajo que te alcance? ¿Qué tal que pase algo y pierdas todo tu dinero y tu trabajo y tu casa? ¿Qué tal que secretamente seas un grandísimo fracasado y nadie haya querido decírtelo porque vives en The Truman Show? Todo es caos, todos podemos ser indigentes en potencia. A lo mejor Godzilla en realidad no era un monstruo empeñado en destruir la ciudad, sino el poltergeist del miedo de alguien que cada vez está más cerca de cumplir 30.