Porque buena o mala, es una experiencia que todos recordamos

Pocas veces no recordamos la primera vez que hicimos algo.

Apuesto a que muchos no recuerdan el primer helado, la primera hamburguesa, el primer baño con agua caliente, la primera siesta después del colegio, la primera vez que te diste cuenta que explotar burbujitas de embalaje era rico,  el primer trozo de tocineta que probaste, la primera vez que te cepillaron el pelo con cariño, la primera vez que sentiste tus piernas desnudas luego de depilarte o la primera vez que metiste la mano en una bolsa de granos de caraota (si no lo has hecho, pruébalo, es lo más satisfactorio del mundo).

Todos estos eventos son satisfactoriamente ricos, sin embargo, nuestro primer encuentro con ellos no fue memorable.

De la misma forma dudo que muchos recuerden el primer dolor de barriga, la primera vez que te picó una abeja, el primer examen reprobado, la primera vez que comiste coles de bruselas, la primera vez que te clavaste la esquina de la cama en el dedo meñique del pie, el primer castigo de tus padres o la primera vez que tuviste que mostrar tus pies a alguien y los tenías con la pintura desconchada y las uñas sin cortar (si no te ha pasado, qué suerte tienes).

Igual, todas estas situaciones son en extremo embarazosas y de la misma forma, se esfumaron de nuestra memoria así como El Conde del Guácharo desapareció del plano político venezolano.

Pareciera ser que lo que hace que un recuerdo perdure no depende directamente del vínculo positivo o negativo con el evento, sino de la anticipación, la importancia y lo significativo que haya sido en nuestras vidas.

Tanto lo bueno como lo malo, lo recordamos a la perfección cuando marcan un giro en la manera natural que llevamos la vida o cuando cambian nuestra forma de percibir el mundo.

Pues sí, básicamente lo que quiero decir con toda esta introducción es que la primera vez que tenemos sexo, (o para aquellos ofendidos por el término: “La primera vez que hacemos el cuchi cuchi”) es uno de los dos extremos: puede ser muy bueno o muy malo; sin embargo siempre lo recordamos.

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El hecho de haber nacido en una cultura occidental en la que hace unos poquitos años atrás tener coito prematrimonial era motivo suficiente para ganarte un ticket express para ver a Lucifer, romper con ese principio conservador ha sido de gran importancia para muchos. Perder la virginidad en estos tiempos no se ve satanizado como se hacía antes, sin embargo sigue siendo un evento de gran protagonismo.

Debe ser que ya nadie le da mucha importancia a este principio sagrado para muchas religiones, tal vez el cielo se puso más flexible con la sexualidad, capaz es que aparecieron métodos efectivos de anticoncepción, o como dije antes, al mundo le provocó no solo probar la fruta prohibida sino hacerse tremendo pie de manzana con ella.

Desligándolo del tema religioso y del tabú social, supongo que el empeño en recordar cómo fue que perdimos la virginidad es una mezcla rara de volvernos (disque) adultos, crear un vínculo sentimental más profundo con nuestra pareja o simplemente de curiosidad.

Recordar ese primer encuentro es divertido para algunos y mortificante para otros, por eso en esta edición de #Cuéntamemás tuve la fortuna de averiguar historias de ambos lados. Cuidando la identidad de mis confidentes con pseudónimos y con el propósito de comparar sus historias con las nuestras, podemos decir que siempre hay alguien que la tiene peor o simplemente podemos reírnos un rato.

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Agradezco ante ti lector curioso, a todas las personas divertidas y deshinibidas que me echaron su cuento para publicarlo en internet. Hay gente muy ‘rock and roll’ en este mundo

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“Bueno, cuando perdí mi virginidad fue muy normal, con una persona que no era mi novio y que me llevaba mucha edad. Fue en su casa, la verdad que bastante perfecto, aunque perfecto no es la palabra, fue divertido. No lo hubiese elegido de otra manera. Sin embargo, soy de las que opina que la primera vez está overrated. Después como conejos”. - La conejo, 23.

“Bueno, la verdad es que estoy tratando de acordarme de mi primera vez y no puedo (gracias ahí por tumbarme el preámbulo del artículo). Creo que fue algo así como antes de irme a vivir para afuera. Me pareció cualquier cosa, lo pude haber hecho siglos atrás de no ser tan gafa. Es que hay vírgenes que no son vírgenes, (yo era una de esas ojo) las tocan todas, pero si no pasa el acto entonces siguen siendo puras y tal. Qué estupidez”. - La olvidadiza, 22.

“Fue en el techo de su apartamento. Teníamos como 16 y fuimos a su casa después del colegio para almorzar. Teníamos exactamente un mes de empatados, fue mega cliché, un 14 de febrero. Habíamos quedado en hacerlo y subimos a un lugar donde, bueno, pudiéramos sin que nadie nos viera”. - El romanticón, 24.

“En una fiesta después de mi confirmación estábamos tomando esa Tequila del Gusano y fumamos... En la nota me conseguí a un niño con el que estaba saliendo, fuimos al carro y una cosa llevó a la otra y pasó. En verdad casi ni me acuerdo. Fuimos a su casa en plan de seguir y llegaron los papás mientras estábamos en el cuarto del hermanastro. Me tuvo que regresar escondido a casa de una amiga como a las 7:00 AM. Me puse bravísima y me deprimí porque me sentía mal, pero lo superé. Me empaté con el chamo, supongo que con este inicio estábamos destinados a terminar. Dark times”. - La religiosa, 21.

“Cumplí el año de novios porque en esa época era así de cursi e intensa. Me compró una torta para celebrar, eso fue medio raro, pero la comida me pone de buen humor. Total que lo hicimos en la playa y fue de las cosas más poco naturales que he hecho porque estaba nerviosísima. Una vez que terminamos, él puso I just had sex de Akon ft. The Lonely Island y nos morimos de la risa. Digamos que fue la apertura incómoda de una puerta que lleva a un cuarto divertido”. - La cursi, 21.

“Fue con mi novia, ella era mayor y yo me sentí como el papá del arroz con pollo”. - El gallo, 23.

“Tuve la típica conversación con una amiga, le comenté que estaba saliendo con un niño y le prometí que no iba a pasar nada hasta que estuviésemos juntos al menos seis meses. Ese día salí, me tomé unos tragos y me lo comí en el carro”. - La prometedora, 24.

“Bueno, pasó cuando yo estaba casada.” - La novia, 29.

“Pasó hace como nueve años, no te voy a #ContarMás”.- El estúpido, 27.

“La verdad que no recuerdo muy bien porque traté varias veces y no lo lograba. Dios qué pena. La primera vez que sí ocurrió, yo lo detuve y lo abracé, le quité todo el mood. La vez que sí funcionó fue porque estaba distraída porque me puso reggaetón. Buena táctica”. - La reguetonera, 20.

“A los 16 años, estaba en una playa toda romántica con mi novia de ese entonces y su familia. No podíamos hacerlo en la casa porque dormíamos con su abuela. Hasta que un día nos escapamos para la playa en al atardecer y bueno, pasó metidos en el mar”. - El sirenito, 24.

“Me fui de palos y le pedí a este niño que se bañara conmigo después de entrenar en el gimnasio. Entré en pánico; pero bueno, estaba decidida. Llegamos a mi casa y no había agua, entonces me fui a la suya (pero primero me puse ropa interior bonita). Estaba muy nerviosa y le pedí para hablar primero, pero bueno, no les voy a contar más detalles. Solo les diré que temía resbalarme y morir virgen.” - La Bond Girl, 19.

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