Margaritas Deshojadas: la que no la aguantó y se fue

Capaz por eso no volví a saber de ella
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Elisa Rotundo

Elisa Rotundo

En el 2017 hay cosas que son prácticamente imposibles en la vida: conseguir puesto de estacionamiento para una clase a las siete de la mañana, que la señora de las empanadas te atienda con una sonrisa en la cara, que tu mamá no te pida que limpies la casa en tu tiempo libre y por último, encontrar un chamo que no se asuste si eres exitosa.

Nos hemos acostumbrado a un modo de vida que implica obligatoriamente estas cosas y lo hemos aceptado. Sin embargo yo conozco a una mujer que no se conformó. Me enteré como se hace con casi todos los cuentos, de una amiga que había visto a la prima del tío de una chica que conocía a la hermana del mejor amigo de quien les estoy hablando. La vamos a conocer como “La ambulante” porque no quiero que la estén acosando por Instagram.

Lo que pasó con La Ambulante, fue algo medio random pero significó lo grave de la situación. Eso de andar pasando malos ratos con tipos que se molestan cuando no estás disponible 24/7 para ellos, o cuando llegas tarde a algún evento por estar trabajando o prácticamente cuando eres independiente y ellos no. Machismo, machismo everywhere.

La Ambulante estaba harta de ese rollo, y al parecer el cosmos, el karma, el destino o lo que sea que se encarga de poner las cosas en su sitio lo sabía, así que le ofreció una opción.

Un día, ella estaba peleando con su novio porque se molestó de que ella dijera que “es el hombre de la relación”. Y al explotar, además de darle la razón le dijo de “te odio” para arriba. Ella como no es gafa, le terminó sin pensarlo y se fue a su casa a llorar de la rabia. Al final se quedó dormida y no despertó como hasta dos horas después, cuando todo estaba en silencio. En lo que va a la cocina, se da cuenta que alguien dejó la puerta abierta. La Ambulante la cerró, y dos segundos después escuchó que alguien golpeaba la puerta.

Toc, toc.

Ella la volvió a abrir y le pareció que la luz que venía fuera del apartamento era demasiado exagerada. La vecina fastidiosa capaz pensaba que vivía en “El Resplandor” o capaz estaba cansada de que el gobierno rojo rojito le quitara la luz a cada rato y estaba protestando. El hecho es que La Ambulante, fue a apagar esa molestia. Se dio cuenta que era la luz que no servía nunca y que supuestamente había muerto antes de que su familia llegara al edificio. Al apagarla, su vecina intensa y que hablaba hasta por los codos, abrió la puerta y no le dijo nada. Mil veces lo había rogado, y esa mujer nunca había cerrado la boca. Qué raro.

Fue entonces que salió de la casa dispuesta a hablar con su ahora ex para poner las cartas sobre la mesa y liberarse de una mala relación sin malas pasadas y cosas sin hablar, en otras palabras dejaría en claro que era él quien debía irse a comer m*erda.

En el camino, se encontró con cosas extremadamente extrañas. El vigilante del edificio no estaba dormido y le abrió la puerta sin decir una grosería, el metro de la hora pico estaba funcionando a la perfección y no había retraso, los tipos en la calle no le siseaban ni le decían vulgaridades que le colmaran la paciencia, en realidad no le dijeron absolutamente nada, ni siquiera la miraron. Cualquiera hubiese pensado que estaba en un mundo paralelo.

Y como todo estaba tan extraño, quería saber qué iba a suceder con el gafo que hace rato la había ofendido simplemente por ser un inseguro. Le sorprendió que le respondiera el mensaje para su encuentro y sin una pizca de desagrado.

Se encontraron en un café y él la saludó con mucho cariño. Le preguntó cómo le había ido en el trabajo, que estaba muy orgulloso de ella y que cualquier cosa que necesitara que contaba con él. Palabras que NUNCA EN SU VIDA pronunciaría ni aunque tuviera cuatro drogas distintas encima. Definitivamente algo estaba pasando. Terminó el encuentro con muchas gracias y que debía irse a terminar algo pendiente, a él no pareció molestarle pero en realidad ella quería comprobar la teoría del mundo paralelo.

Le escribió al baboso más baboso del mundo que le escribía a las 3 de la madrugada esperando salir con ella y una vez incluso le mandó una dick pic no solicitada. Lo único que él respondió cuando ella le dijo que había terminado con su novio era preguntándole cómo se sentía, que se quedara tranquila viendo un película y que ella estaba mejor sola. No habló en dialecto fuckboy ni en una sola oración.

Al día siguiente fue a la universidad y estaba absolutamente segura de su teoría. Encontró puesto de estacionamiento sin problema a las 6:30 de la mañana, en todo el día su mamá no le pidió que limpiara algo y la señora del cafetín la atendió muy educada y con mucha atención.

La verdad es que nadie supo nada de La Ambulante, además de sus perfiles en las redes sociales, donde puede sacar el teléfono en plena calle sin que la asalten para tomar fotos. Se dice que todos los días visita a su mamá porque no quiso dejarla con la casa sucia pero siempre se va deambular a ese mundo idéntico al nuestro pero completamente diferente. ¿Cómo? Pues a través de la puerta donde siempre escucha toc toc y chao, se va.

Lo que uno tiene que hacer para encontrar chamos decentes, irse a un mundo paralelo. Christopher Nolan estaría muerto de la risa.