Margaritas Deshojadas: Sobre la supuesta vuelta al mundo en días de despecho - The Amaranta

Margaritas Deshojadas: sobre la supuesta vuelta al mundo en días de despecho

Entonces solo comemos helado o salimos y botamos la moral por el balcón
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Elisa Rotundo

Elisa Rotundo

En nuestro Concejo Editorial pasado, llegó a colación un tema cuyas ramas teóricas variaban de escritora a escritora. Se trata del infame “despecho”, eso que sientes cuando alguien (casi siempre un ser que no nos llega a los talones) nos termina sin anestesia. Aquí es cuando entra la infamia.

Cuando escuchas el adjetivo “despechada”, seguro te imaginas a una especie de Bridget Jones moderna con helado Efe de Torta Suiza cantando, con dos botellas de ron vacías en el piso, “The Heart Wants What it Wants” de Selena Gómez. Ese es el escenario 1.

Pero si no es ese escenarios entonces por descarte, solo puede reaccionar a lo Julia Roberts en Pretty Woman, solo que antes de ser pretty y convertirse en la Cenicienta de los 90. Eso es todo, o es una cosa o es la otra. Porque eso sí, si no manifestamos nuestro despecho de alguna de estas dos formas entonces las corazones de hielo somos nosotras y que Dios se apiada de la pobre alma que seguro abandonamos sin pensarlo dos veces.

Por favor.

En la reunión llegamos a la conclusión que el pasar el despecho es una acción tan personal como lo es comprar condones, ver una película en Netflix, leerte un libro o incluso ir al baño. Algo que solo tú sabes cómo lo quieres hacer o qué te hace sentir mejor.

Entonces recordé la anécdota que me sirvió de ejemplo cuando yo misma, por sorpresa, me encontré víctima del clásico “no eres tú soy yo, no quiero perderte y bla ble blo blu”. Se trata de una chama a quien llamaremos La Loca. Su historia me la contó el hermano de la vecina que les vende el café con triple precio a la tía de la compañera de clases de Taekwondo que le rompió la nariz al cuñado de La Loca. Es a ella a quien le agradezco mis locuras de recién soltera.

Resulta que su novio la llamó antes de ir al trabajo y le dijo que ya no sabía cómo seguir haciendo “eso” como si se tratara de cocinar un bistec al lado de Gordon Ramsay. Antes de ir al trabajo y tener que lidiar con todos los debates y brainstorming del día, muy lindo de su parte. Lo que no fue lindo fue que La Loca pasó casi toda la mañana llorando en el baño y por ser tan eficiente siempre, su jefa le dijo que se tomara el resto del día. Entonces, como mujer que se respeta, La Loca le envió un mensaje a su mejor amiga  para tomar y trazar una estrategia de sobrevivencia.

Y también como amiga que se respeta, le dijo a nuestra protagonista que hiciera lo que le viniera en gana. Ella pensó que se trataría de sexo salvaje, mucho alcohol y probablemente toda la quincena en comida asquerosa pero reconfortante, así que le regaló condones y la oportunidad de dividir los gastos si se presentaran los antojos. La Loca entusiasmada, se tomó en serio lo de hacer lo que le viniera en gana y tal como lo indica su nombre, dijo que se volvería LOCA.

Así que se fue de la tasca donde estaba con su amiga y trazó su plan. Todos los días durante dos semanas para nunca volver a pasar la pena que pasó en su trabajo, y por un gafo que no tuvo la decencia de verla en persona. Y su plan dejaría pendejas a Pretty Woman y Bridget Jones.

Los lunes los dedicó a ver TODAS las películas y series que dicho gafo dijo que no tenía interés en ver con ella. Los martes cocinaría una receta nueva para a ver si aprendía a no quemar el agua. Los miércoles trabajaba a un blog que le pagaba en dólares, para dejar de pelar por fin. Los jueves iría a clases de bachata porque además de tener mal gusto en películas, el gafo era una estatua viviente. Y los fines de semana, La Loca salía a beber en casa de su mejor amiga a no hacer más nada que hablar de estupideces y no sentirse sola.

Su secreto fue: mantenerse ocupada en no hacer idioteces de películas de Hollywood. Sus conocidas no los podían creer, esperaban ver su perfil de Tinder en cualquier momento o fotos exhibicionistas en Instagram con captions de Paulo Coelho. Pero nada de eso pasó y en el 2017 eso es considerado una locura.

Vi a la chama un mes después de los eventos que acabo de relatar y se veía más feliz que Maduro comiendo empanada. Tal vez ser locos, sea una buena idea en este mundo llenos de cuerdos idiotas.