Margaritas Deshojadas: podemos vivir sin tus piropos, gracias

Ellos creen que con su “si estás rica, mi amor” nos hacen más felices
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Elisa Rotundo

Elisa Rotundo

Es imposible empezar a hablar de los “piropos” de mal gusto de los tipos en la calle sin que nos hierva la sangre. Demasiadas preguntas sin responder nos causa cierta impotencia que le da la razón a nuestro creador de no habernos dado poderes a lo X Men.

¿Por qué tienen la necesidad de hacerlo?, ¿acaso les dan espasmos epilépticos si mantienen la boca cerrada?, ¿son una especie no evolucionada de la raza humana?, ¿tienen hermanas, madres o esposas, o viven todos en una manada donde la mujer es una criatura desconocida?, o simplemente creen que nos gusta esa asquerosidad. ¿Ven? Impotencia alert.

Cada vez que algún baboso se nos queda viendo a todo menos a nuestra cara, lo que provoca es poder exprimir su cabeza usando solo nuestra mente, y eso antes de que al p*ndejo se le ocurra abrir la boca para decir cualquier vulgaridad que escuchó de su papá borracho.

En fin, nadie nunca sabe por qué sigue pasando eso. Pero hay una leyenda sobre una mujer a la que le encantó eso de recibir piropos asquerosos de los hombres. Puede que pasó en realidad o capaz es algo que solo sucede en la vacía cabeza de esta especie no investigada. De igual forma se las voy a contar.

Esa mujer se llamó Gloria y escuché su historia como uno siempre se entera de las cosas irónicas y random de la vida: mientras fumaba un cigarro con la amiga del primo del vecino de quien le compraba chucherías la mamá del compañero de curso de guitarra del mejor amigo del tataranieto de la amiga de Gloria. Pues una vez Gloria tuvo la necesidad de arreglarse en casa esta amiga para salir a comprar en el supermercado (de cuando uno iba a supermercado y se podía hacer mercado), y esa amiga reveló la verdad.

Resulta que por allá en los años 1600 (pan pan pan) Gloria fue a arreglarse, había salido recién bañada de la ducha y tenía todo listo para ponérselo. Ahí estaba su vestido color esmeralda ya tendido sobre la cama, sus pinturas de boca, su rímel, los zarcillos, su distintivo collar con dije de rosa y sus zapatos de tacón dorados.

“Me encanta este vestido, Gloria” - dijo su amiga con sorpresa, lo que impulsó a la mujer que causó todas nuestras pesadillas a revelar sus secretos.

“¿Te gusta? Yo lo amo porque me queda súper ajustado, y el conductor del autobús me dice siempre lo mucho que quiere montar mis curvas, y eso a mí me vuelve loca. Este collar, no creas que lo uso porque me gusta verme bonita, solo me lo pongo para que el cartero pueda prestarle toda la atención que quiera a mis pechos. Ufff y la pintura de labios que tengo en mi estuche de maquillaje, me encanta usarla porque el que vende las frutas no deja de decirme lo dulces que deben ser mis labios. Los de la boca, espero. Además siempre uso tacones no porque me sienta digna y femenina sino porque al zapatero le encanta ver cómo muevo la nalgas cuando ando en tacones. Verás amiga, yo no me visto para la ocasión y mucho menos para mí, lo hago para que puedan decirme esas cosas, los pobrecitos no tienen más nada que hacer con sus vidas y al menos les doy ese pequeño placer para que puedan dormir por las noches”.

Así que cuando por fin salen al supermercado, dicho y hecho el cartero le grita a Gloria: “Con esas tetas, ojalá fueras estampilla para lamerte y meterte en un sobre”. El conductor de autobús le gritó: “Tantas curvas y yo sin freno, mami”. El frutero no había ido a trabajar ese día, pero el zapatero sí y le dijo cuando pasaba: “Qué bueno que soy zapatero, así me dejas curtirte el cuero”.

“Esto es la gloria” dijo el objeto de esos aullidos de perros sin casa, la que nos condenó a todas al infierno. Seguro fue más víctima del bullying que Eva. Porque haya existido realmente esta mujer o no, hay demasiados tipos allá afuera que tienen tremendo moj*n en la cabeza pensando que uno es una Gloria.