Es peor de lo que creíamos

Todas hemos escuchado la leyenda de la “maneater”. No solo gracias a dos cantantes de los 80 que popularizaron el término en fiestas de nuestros papás, sino que los mismos cuentos que salieron de la boca de nuestros compañeros, amigos y ex novios lo patentaron como una criatura que vive y respira entre nosotras.

Simplemente que nosotras no la hemos encontrado.

¿De verdad existe o se trata de otro yeti que se crearon los tipos para no verse tan p*ndejos?

Es por eso que consulté con un historiador, una arqueóloga y un chamo que nos sostuviera la linterna para llevar a cabo una investigación en las cuevas más escondidas y remotas del Ávila, donde supuestamente los cantantes Hall and Oates confirmaron la existencia de dicha criatura.

La cual, al parecer, lleva escondida entre la sociedad desde hace cientos de años y toma forma de mujer cada vez que tiene hambre.

Así que nos paramos todos un domingo a las 8 de la mañana para embarcarnos en tal peligrosa expedición. Llegamos a una cueva metros más allá del señor de los raspaditos de Sabas Nieves y ahí estaba la supuesta guarida del Maniteriturus, comúmente conocido como el maneater.

La leyenda también dice que a estas criaturas no les gusta los compromisos. El horror del siglo XXI. Pero eso no es todo, sino que seduce a sus víctimas para luego englutir sus corazones como si fuesen caramelitos de piñata. Dejándolos así vagando por la tierra sin corazón por culpa de estas criaturas, la razón por la que estos hombre tampoco pueden comprometerse a una relación seria. Muy similar a la leyenda del vampiro que contagia su condición a sus víctimas para llenar el mundo de tragedia y fanáticas adolescentes de Edward Cullen.

Cuando encontramos la cueva, nos adentramos en sus míticos misterios. Entonces, nos acercamos más a sus paredes, donde el historiador esta segurísimo que estaba un dibujo hecho por los cavernícolas retratando su terror tanto de sus días como de sus noches. La arqueóloga, al igual que yo, estaba entusiasmada por tal descubrimiento y necesitaba confirmarlo para hacer una excavación del hogar de esta criatura histórica.

Una vez que llegamos a esa pared, el historiador y el chamo que nos estaba sosteniendo la linterna, salieron corriendo despavoridos. Como si hubiesen visto la muerte misma. Salieron gritando de todo, desde groserías hasta oraciones a la Virgen María de la Santa Concepción por su protección. La arqueóloga y yo nos quedamos inmóviles, incrédulas de los acabamos de ver.

Se trataba de un extraño pero muy detallado dibujo. Tan detallado que era una oración completa. Decía: “QUIERO TENER LA MISMA VIDA SEXUAL QUE TIENE PERMITIDA UN HOMBRE”. En pintura roja y todo en mayúsculas. La arqueóloga y yo no hicimos más que morirnos de la risa y estar de acuerdo en guardar este momento por el resto de nuestras vidas.

Es por eso que esta historia la he regado por todos los lados posibles, incluso la hermana de la chamo que le prende los cigarros al que vende películas clásicas en la UCV al tío de la mejor amiga de Miss Delta Amacuro conoce esta historia. Y es momento de que tú, humilde lector, sepas esta historia.

La maneater no existe y nunca existió. Es un invento mental que tienen los tipos como el historiador, y quienes escucharon Hall and Oates en los 80. Lo que me sorprende es que no se use el término de “womaneater”, porque existen, solo que uno de los significados que puede ofrecer dicho término es algo que nos beneficia más a nosotras que a los tipos.

Y eso es algo que los “creadores” del maneater no pueden soportar.