Mujeres a dieta y cómo la rompen - The Amaranta

Margaritas Deshojadas: en defensa de Eva

Si se comió esa manzana es porque no aguantó la dieta
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Elisa Rotundo

Elisa Rotundo

Nunca me creí eso de que Eva se comió la manzana por culpa de la serpiente. Creo que en parte fue que le habían impuesto una dieta demasiado estricta y Eva simplemente no pudo más con ese tipo de nutrición. De hecho, ninguna mujer debería vivir así, pero claro como la pobre se la pasaba desnuda de un lado a otro, se sintió en la obligación de mantener esa figura con la Dieta Sagrada, hasta que dijo ‘basta’ y todo el mundo le cayó encima desde entonces y para siempre.

Ese fue el discurso que me dijo la tía del hermano de la amiga del papá de la chama que vio clases con el mejor amigo de una chica cuya tía montó un restaurante. Pero no cualquier restaurante, se trata de un lugar secreto al que todas las mujeres que están a dieta van a escondidas para romperla.

Lo interesante es que la fundadora es la Eva misma, desde que se metió en ese peo por la manzana, decidió que a lo largo de las generaciones, la hija primogénita debía inaugurar un lugar secreto donde las mujeres tuvieran libertad de comer lo que quieran sin que se tenga que acabar al mundo como le pasó a ella.

Y como la curiosidad me comía las entrañas, decidí ir a ver qué tal.

Sabía que el requisito indispensable para que me dejaran entrar era que llevara específicamente la dieta que necesitaba seguir, firmada y sellada por mi nutricionista. De esta forma confirmaban mi castigo, y dependiendo de qué tan demandante era, más derecho a consentirte tenías. Así que lo que apliqué fue decirle a mi mejor amigo que le dijera a su papá nutricionista que me hiciera algo así como un récipe de dieta. Mi mejor amigo tuvo la idea de hacerme ver miserable así que puso que no podía comer lácteos, ni chocolates, no podía comer aceites y evitar las carnes rojas.

Así que fui a la dirección que me había dado la tía del hermano de la amiga del papá de la chama que vio clases con el mejor amigo de una chica que es sobrina de la que montó el restaurante aquí en Caracas, sin querer revelar el gran secreto, solo diré que queda escondido por Chacao. Entregué mi credencial de pobre mujer a dieta y el festín comenzó.

Cuando me senté, vi que todas las comensales se saludaban, supuse que se conocían entre ellas de toda la vida. Sirvieron bandejas llenas de arepitas, panes con ajo, pan frito y cualquier cosa con harinas. De plato principal tenías cuatro opciones: Bistec a la Adán Llorón (jugoso), Hamburguesa del Edén con muchísimo queso y tocineta, Salmón al vino de manzana y Cerdo de Jardín al ajillo. Elegí la bistec a la Adán llorón porque el nombre era demasiado.

Y cuando pensé que no tenía espacio para el postre, llegaron las bandejas de dulces. Por tradición, todos los postres tienen manzana, tartaletas, pasteles, churros, trufas, pies, tortas, ponqués, todo con manzanas y con cualquier acompañarte o sazón. Le pregunté a la mesera y me dijo que todas son recetas que llevan cientos de años en la familia. A esas manzanas les ponían chocolate negro, con leche o blanco, canela, licor de café, helados, de todo. Nunca había sido tan feliz en la vida.

Tuve curiosidad de saber cómo carrizo pagaría todo eso porque los precios nunca los vi en ninguna pizarra ni en el menú, así que volví a fastidiar a la mesera y para mi sorpresa, me dijo que todo era gratis. Solo podías venir una vez cada quince días, pero al parecer el restaurante cuenta con antepasados muy adinerados y famosa clientela que patrocina su actividad alrededor del mundo. Como era mi primera vez ahí, me pidió que no contara a nadie de su locación ni saludara nunca a quien conociera ahí adentro. Algo así como “Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”.

La confirmación de este secreto fue clara para mí cuando me encontré en la universidad a una de estas comensales, no nos saludamos pero nos guiñamos el ojo como si tuviésemos un chiste interno que nadie más entiende.

Eso fue hace algo más de un mes, y como ya siento que se puede volver a acabar el mundo en cualquier momento, debería volver a pasar por ahí. Porque en defensa de Eva, ninguna mujer es culpable de lo que hace cuando está a dieta y aunque yo en realidad no estoy en una, creo que esta es la prueba de que ninguna mujer debería morise de hambre tampoco.