Margaritas Deshojadas: “No queremos atención a cada minuto de cada hora” - The Amaranta

Margaritas Deshojadas: ella solo salió corriendo

No queremos atención a cada minuto de cada hora, gracias
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Elisa Rotundo

Elisa Rotundo

¿Saben qué nos gustaría tener las 24 horas del día y los 7 días a la semana? Chocolate, pizza, buena programación, libros increíbles, voluntad para llegar temprano a todas partes, no tener síndrome premenstrual y una piel inmune a las pepas.

Ahora, ¿saben qué NO nos gustaría 24/7? La atención de alguien.

¿Difícil de creer no? Todas esas películas de Katherine Heigl y de Meg Ryan nos han enseñado lo contrario: que un hombre que nos ama de aquí al cielo no puede pensar en otra cosa que no sea en nosotras todo el día, todos los días. Sin embargo, ¿tienen idea de lo l*dilla que es responder a los mensajes de un pana a cada rato, mientras que estamos en clase, en el trabajo, en la calle o cuando disfrutamos de no hacer absolutamente nada?

Quien no haya dejado en visto a un baboso que nos escribe a cada rato solo por hacer otra cosa en paz que lance la primera piedra.

Yo una vez tuve un debate sobre este mismo tema con una chama, ella también se quejaba de que no le respondían los mensajes en el mismo minuto que los enviaba o que no la llamaran cuatro veces al día. Insoportable la chama. Pero luego me enteré de algo bastante irónico, y como todo buen cuento me lo dijo el amigo de la compañera de clases de la mejor amiga de la vecina del tío del que le vende los cigarros al amigo de la mejor amiga de la chama que les estoy diciendo.

Resulta que esta chama, le vamos a decir "la fugitiva", conoció a un intenso igual que ella. Ella decía que era un romántico, pero todos los demás pensaban que era un pesado pero como ella también lo era, seguro creyeron que eran perfectos el uno para el otro. Se conocieron en vacaciones, estaban hospedados en Margarita y pasaban TODO EL DÍA juntos, y en las noches se hablaban por teléfono hasta que uno de los dos tuviese sueño. No sé qué tenían de malo sus papás que nunca les reclamaron esa estupidez. 

En fin, al momento de separarse porque la fugitiva tuve que volver a Caracas dos días antes que él, se escribían TODO EL TIEMPO. Esa niña no despegaba los ojos del teléfono. Y cuando el pana volvió a Caracas también hicieron lo mismo que en Margarita.

Pero gracias a El Señor por la universidad y por el trabajo que por fin tuvieron que separarse. Y en el primer día de clases de ella pasó algo extraño, más que extraño inusual, y muchísimo más que inusual, creepy AF.

Como vivimos en Venezuela, tener el teléfono a la mano 24/7 no es una opción. Así que la fugitiva lo escondió en su bolso y emprendió su camino a la universidad después de un "te aviso cuando llegue, mi amor". Ugh.

Pero cuando iba pasando frente al kiosko donde su papá seguía comprando el periódico todos los domingos, el señor le dijo: "Su amigo me pidió que le recordara lo mucho que la quiere, niña". Ella le agradeció algo asustada y siguió caminando. Luego el tipo de la panadería le dijo: "Aquí tiene su croissant de chocolate, señorita, ya su novio lo pagó por usted. Dice que tenga mucho cuidado". La fugitiva lo agarró y siguió su camino. 

Cuando casi llegaba a la estación de metro de Plaza Venezuela, los buhoneros le gritaban cosas como "él te quiere mucho", "espera que tengas un feliz primer día", "si alguien se mete contigo, tu novio lo j*de", "recuerda tomar agua para que no te canses en clase", "avísale cuando llegues". Ella lo que hizo fue caminar más rápido para entrar de una vez.

Fue a comprar un ticket y el de la cabina le dijo: "Aquí tienes cuatro multiabonos, tu novio ya los pagó todos, tranquila. También te recuerda que esta enamoradísimo de ti". Entonces caminó aún más rápido hasta entrar por fin al vagón que la llevaría a la universidad. Pero ahí solo fue peor.

Las viejitas, los vendedores de Mentos del metro, algunos compañeros, todos le mandaban algún mesaje "atento" de su novio. No sabe cómo él pudo haber contactado a tanta gente o incluso cómo los recompesaba de hacer algo tan fastidioso. Pero el hecho es que estaba pasando y tenía hasta miedo de llegar a su clase y que fuera una repetición de todo su camino de ida.

No le importó si la asaltaban o no. Se puso sus audífonos y escuchó música lo más alto que pudo, hasta que todas las voces y las miradas fijas se mutaran y dejaran de moverse.

Así pasó todo el recorrido viendo cómo los labios de sus insoportables compañeros le decían algo, incluso pudo haber sido un simple comentario de bienvenida, pero ella ya estaba tan arr*cha que no le paró. Y cuando entró a su salón de clases, ahí estaba el infeliz, con un ramo de flores y con un chocolate Hersheys. Ella agarró el chocolate (porque priorities supongo) y salió huyendo. 

Corriendo de ahí. 

Habló con su mamá y consiguió una orden de restricción.

Si me la vuelvo a encontrar, ya sé que yo ganaría el debate.