Puede que existan cosas más “random” que el síndrome de Estocolmo

A pesar de que muchos critican a Disney por fomentar en los niños la idea de un “Mundo ideal”, la realidad es que desde que el mundo es mundo, los cuentos, mitos y fábulas han sido utilizados por el ser humano para explicar y entender mejor el mundo que les rodea. Por esa razón no es de extrañar que los psicólogos tomen los nombres de personajes de cuentos de hadas para nombrar algunos síndromes; después de todo, los científicos también crecieron con historias que empezaban con la frase “Érase una vez” y cerraban con “Y vivieron felices por siempre”.

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Pero primero necesitamos entender qué es un síndrome.

¿Qué es un síndrome?

De acuerdo con la RAE, un síndrome es un “conjunto de síntomas característicos de una enfermedad o un estado determinado”.

Algunos de los siguientes síndromes o complejos son conocidos y posiblemente hayas oído hablar de ellos, otros seguramente no sabías que existían.

Síndrome de Peter Pan

El personaje de J.M. Barrie quedó grabado en nuestra memoria como el niño que no quería crecer; claro, eso si omitimos la película Hook con Robin Williams y solo nos quedamos con las dos películas animadas de Disney y la versión de Universal Studios protagonizada por Jeremy Sumpter.

Teniendo en cuenta la premisa de la historia podemos intuir de qué va. La persona que padece el Síndrome de Peter Pan presenta “rasgos de inmadurez a nivel psicológico y social, con ciertos aspectos narcisistas, irresponsables y de dependencia en el sentido de que culpan a los demás de sus problemas y no se hacen responsables de sus acciones”.

Síndrome de Wendy

Siguiendo la línea del cuento anterior, recordemos que Wendy es la niña que Peter Pan lleva a Nunca Jamás para hacer de “madre” de los Niños Perdidos.

De acuerdo con un artículo en el portal Todo Noticias de Argentina, las personas que tienen este síndrome “sienten la necesidad imperiosa de servir a terceros y sus propias necesidades o deseos quedan relegados a un segundo plano. Buscan la aprobación de los demás y de sí mismos a través de la satisfacción ajena. Es decir, que se sienten realizados cuando son el amigo, el padre, la pareja perfecta”.

El Centro de Psicología Clínica y Jurídica de Madrid descubrió que esta conducta es frecuente “en gente que tiene miedo al abandono y una gran necesidad de amor. Por eso buscan hacerse irremplazables o indispensables para evitar la soledad”.

Sin embargo, este no se debe tomar a la ligera ya que puede generar cansancio, depresión y ansiedad en la persona si esta piensa que lo pudo haber hecho mejor y además las personas que lo padecen “no controlan su propio rumbo en la vida” y buscan controlar la de los demás.

Es importante destacar que mientras las mujeres son más propensas a tener este síndrome, los hombres son más propensos a desarrollar el de Peter Pan. Conclusión: todo Peter Pan necesita una Wendy y viceversa.

Síndrome de Rapunzel

A pesar de que muchas soñaron con ser esta princesa después de ver Enredados o simplemente por el hecho de tener un pelo largo, fuerte y que crezca rápido, no creo que ninguna quiera padecer este síndrome.

Científicamente este recibe el nombre de tricofagia y de acuerdo a estadísticas afecta al 1% de la población mundial, es decir “aquellas personas que ingieren su propio cabello de manera reiterada”.

Los síntomas son: obstrucción intestinal, dolor abdominal, vómitos, pérdida del apetito, sangrado y en el peor de los casos, perforación intestinal. Las personas que lo padecen suelen someterse a cirugías para extraerles el pelo que consumieron y esto debe ser acompañado de tratamiento psiquiátrico.

Este síndrome tiende a estar acompañado de la tricotilomanía, el trastorno que lleva a las personas a arrancarse el vello de distintas partes del cuerpo, generalmente por motivos de estrés o depresión, sólo lo sufre un 4% de la población mundial y suele ser más que todo niños entre 10 y 15 años.

Complejo de Bambi

Recordando al pequeño ciervo que en nuestra niñez nos rompió el corazón tras perder a su madre en manos de un cazador, este se refiere a las personas que son muy sentimentales y compasivas hacia la vida silvestre y los animales salvajes.

A pesar de no haber sido reconocido oficialmente, se cree que los que padecen el Complejo de Bambi presentan “sentimientos muy fuertes en contra de la caza, los incendios controlados, y cualquier otro trato inhumano de los animales, especialmente los más lindos como los ciervos”. 

Síndrome de la Bella Durmiente

También se le conoce como el síndrome de Kleine-Levin y este trastorno de origen neurológico, tal y como la princesa a la que hace referencia, genera períodos de sueño excesivos, además de trastornos en el comportamiento.

Un ejemplo claro de este fue el caso de Sharik Tovar, una colombiana que duró hasta 48 días en brazos de Morfeo y que incluso su madre tuvo que dejar de trabajar para cuidarla.

El problema de este es que el paciente no puede tener una vida normal porque no controla los períodos de sueño y podría, sin exagerar, quedarse dormido durante meses y no precisamente esperando que lo despierte un beso de amor.

Síndrome de Blancanieves

Recibe su nombre de la madrastra del cuento que siente miedo de ser superada por Blancanieves en belleza y juventud. Quien lo padece siente envidia hacia otras personas que, según su punto de vista, le superan. Suele darse en mujeres maduras que han superado los cuarenta años y que a lo largo de su juventud han sido personas atractivas que han sido el centro de muchas miradas. Puede darse entre madre e hija, suegra y nuera, hermanas, amigas, jefa y empleada, etcétera.

Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas

Tal y como la famosa historia de Lewis Caroll, quien lo padece sufre una alteración de la percepción visual y la imagen corporal. Se puede dar de dos formas: Micropsia (se ven las cosas de un tamaño menor a lo que son) y Macropsia, es decir el efecto contrario a lo anterior. También puede causar una distorsión en la percepción de la forma de las cosas y del transcurso del tiempo.

Complejo de Cenicienta

Al igual que el de Bambi, este complejo que hace referencia a la princesa que perdió la zapatilla de cristal no es reconocido oficialmente como un desorden psicológico. La idea fue acuñada en 1981 por Colette Dowling, quien escribió un libro en el que exponía que las mujeres que lo padecen, sienten “miedo a la independencia y relacionan la felicidad con su estatus emocional, por lo que están en la constante búsqueda del "príncipe azul" para alcanzar la satisfacción absoluta”.

Los síntomas de quienes padecen el Complejo de Cenicienta son: baja autoestima, codependencia, miedo a enfrentar nuevos retos personales y la idealización de la pareja.

Seguramente cuando dijimos de pequeñas que queríamos ser princesas, nunca pensamos en tener nada de esto.