Los piolines no son su única arma

Ninguna tía o madrina que se respete deja pasar una oportunidad para darte un discurso de felicitaciones que te haga arrepentirte de haber abierto el mensaje en primer lugar.

No solo aprovechan las navidades ni los cumpleaños, sino que necesitan ocasiones como conseguir novio, presentar la tesis, tener más de seis meses en tu trabajo o incluso recuperarte de una gripe para poder enviarte una cadena de WhatsApp que no dice absolutamente nada (porque ellas son modernas y ya no lo hacen por Hotmail).

Cualquier ocasión es válida para que ellas te demuestren su infinito cariño, supongo que la inflación les está pegando y su lógica insiste en que el mejor sustituto para un regalo o una franela que no te gusta es un mensaje trillado y cursi dentro de una imagen de Piolín o de Garfield (depende de su mood creativo). Y no hay nada de malo con eso, hasta que te toca tener una mini crisis por no tener idea de qué responderles.

Así son las tías y así las amamos

Sin embargo, criticar es muy fácil y muchas veces no nos damos cuenta de cuando nosotros nos comportamos como unas tías de El Cafetal, pendientes de un chisme y de hacerle saber a un ser querido de la forma más conveniente posible que los queremos y que todavía estamos ahí para ellos.

Lo que se convierte en un pecado más que comprensible.

El secreto está en caer en los siguientes mensajes clichés:

  • “Felicidades en esta nueva etapa de tu vida” (válida para bodas, graduaciones o Año Nuevo).
  • “Que Dios te bendiga en este nuevo día” (válido para una cadena de WhatsApp diaria).
  • “Sigue a tu corazón y te guiará al lugar que perteneces” (válida para cuando no sabe que terminaste con tu novio pero igual te quiere sacar el chisme).
  • “En esta ocasión tan especial te quiero mandar las mejores vibras para que esta experiencia sea una de las más importantes en tu vida (válida para cuando tu tía se metió a un curso de mandalas y casualmente llegó la Navidad o tu cumpleaños número 21).

Al final de cualquier mensaje, un incómodo “gracias, igual, tía” es igual de cafetalero porque sabes en el fondo que al aceptarlo, tu tía te seguirá manifestando su amor de esta forma. Y aún más en el fondo quieres que lo haga porque tener una tía cafetalera es una de las bendiciones más valiosas de tu vida.

En especial porque siempre te apartan tus hallacas cuando llega la Navidad y una tarjeta de Piolín con billete adentro (que aunque cada vez sean menos, nunca dejarán de ser bien recibidos).