Las mamás de nuestros papas no nacieron viejas, ¿loco verdad?

Es curioso (por no decir un poco creepy incluso) que nacemos en una familia con gente que en algún momento fue tan joven como nosotros. Nos lanzan en un familia donde todos, para el momento de nuestro nacimiento, ya pasaron por situaciones que a nosotros nos faltan décadas por experimentar.

A muchos nos lo dicen a menudo, “yo alguna vez tuve tu edad". Pero no termina de calar la idea de que nuestros padres e incluso nuestros abuelos fueron de nuestra misma edad.

En estos momentos de pensamiento nebuloso, se me cruzó por la mente la casi desesperante idea de que yo nací cuando mi abuela tenía 64 años, que yo empecé a tener memoria desde los 4 y eso implica que no se absolutamente nada de su vida anterior a sus 68 años de edad.

Mi abuela y abuelo recién casados.  19/05/1957

Mi abuela y abuelo recién casados.  19/05/1957

Bueno, nada es una palabra fuerte. Sabía que había migrado a Venezuela con mi abuelo desde el País Vasco, que tenía varios hermanos y que había sido muy hermosa. Esto era lo único que sabia de una mujer que veo todas las semanas y que conoce mi vida entera.

Entre el asombro de la idea y curiosidad por saber su historia, levanté el teléfono y llamé a mi adorable abuela de 84 años para iniciar una entrevista que por supuesto no esperaba.

Al terminar la conversación me sentí distinta. Caí en cuenta, por fin, que mi abuela también tuvo en algún momento 20 años como yo.

Me contó cómo pretendientes hablaban con sus papas para casarse con ella y cómo los rechazó a cada uno. Descubrí que tuvo la mala fortuna de que a solo meses de casarse, su novio del momento muriera en un accidente de tránsito, me dijo cómo conoció a mi abuelo, cómo se enamoró, la manera en que al pasar por la calle los piropos le llovían.

Habló de la guerra, de lo atemorizada que se siente de los sonidos fuertes por la similitud al impacto de las bombas. Me dijo cómo una familia francesa la quiso adoptar cuando estuvo refugiada allá, que le encantaba salir a buscar caracoles y setas con su tío. Recordó con mucho amor Bilbao y dijo lo agradable que recordaba su vida antes de Venezuela, a pesar de la guerra.

También me contó lo curioso que fue casarse por poderes. Se casaron cuando mi abuelo ya había llegado a la promesa tropical que era Venezuela, su vestido lo hizo ella y me mostró luego una foto. Mi bisabuelo, su padre, fue testigo y una vez casada se montó en un barco para encontrarse con el marido que no había visto desde que eran novios a un país del que solo había visto fotos.

Aprendí luego de 3 horas de llamada telefónica que los abuelos y padres también fueron y son gente, en el sentido que aunque para nosotros solo sean eso, también pasaron por momentos parecidos a los que vivimos nosotros.

Mi abuela y hermano. 14/02/2016

Mi abuela y hermano. 14/02/2016

Oír a mi abuela responder la pregunta: “Amita, ¿cómo era tu vida antes de mi mamá?” Fue como imaginar una película entera y sentir que la estaba contando Rose al estilo Titanic.

Concluyo pensando que mi abuela ha sido a lo largo de su vida una mujer fuerte de carácter, valiente y divertida que me gustó conocer.

Detrás de toda mujer hay una historia que contar, y apuesto que nuestras abuelas tienen las mejores.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de The Amaranta y sus dueños.