Quienes no los tienen no conocen “the struggle”

Cuando una persona que fue hija única piensa en un hermanito, la imagen que mejor se le ocurre para uno es un bebecito salido de una comiquita de Dreamworks. Mientras que los que sí tienen uno de esos juguetes a los que llaman “hermanito”, vemos la completa y absolutamente realista imagen de un mini demonio que usa tu pintura de labios como plastilina moldeable y se lleva a la boca todo lo que encuentra, incluso después de cumplir los quince años.

Eso es tener un hermano menor. Sacrificar tu chuchería y tu paciencia por el resto de tu vida, pero sin sentirte padre y tampoco hijo. Eres como el limbo del amor familiar. No eres el encargado pero tienes ocho toneladas de responsabilidad moral sobre una criatura a la que ni siquiera conoces, al principio al menos.

Sin embargo, tarde o temprano, le agarras cariño a ese mini demonio y hasta lo defiendes de otros niños estúpidos cuando se burlan de su tartamudeo o cualquier estupidez de chamitos, trazando un plan a lo 007 para salvarlo, ayudarlo y cumplir tu deber como hermano mayor.

Esto es algo que los hijos únicos es probable que no entiendan. Ellos andan por el mundo felices porque no tienen que buscar a su hermanito al colegio, ver comiquitas retrasadas por casi diez años e incluso hacerle la comida cuando de broma puedes hacértela a ti.

Así que además de eso, ¿cuál es la diferencia más relevante entre estos dos mundos: los que tienen hermanos menores y quienes no?

Según la ciencia…

Frank J. Sulloway, psicólogo y miembro del Instituto de Investigación Social y de la Personalidad de la Universidad de California, en Berkeley (EE.UU.), tiene un dicho: “Dime en qué orden has nacido y te diré quién eres”. Lo desarrolla mucho mejor en su libro Born to be Rebel, en el que explica lo determinante que puede ser el hecho de tener hermanos (en qué orden) o no. Pues si tienes hermanos entiendes mejor la competencia natural entre seres humanos, de acuerdo a La Vanguardia.

Pero en el caso de los hermanos mayores, el psicólogo Alfred Adler estableció que estos tienden a ser no solo más inteligentes, sino que tienen mayor facilidad en el área comunicacional, son más autoritarios y responsables. Todo por hacer de mediadores entre padres y hermanos.

Y por otro lado la revista Science e Intelligence publicó el siguiente estudio en el 2007:

“Los primogénitos poseen un cociente intelectual (CI) superior al del resto de los hermanos. El equipo de investigadores de la Universidad de Oslo dirigido por el doctor Petter Kristensen analizó los niveles de inteligencia de 241.310 varones de entre 18 y 19 años (nacidos entre 1967 y 1976) que pertenecían a archivos militares. Los primogénitos consiguieron un promedio de 103,2 en las pruebas, es decir, un 3% más que los chicos nacidos en segundo lugar, y un 4% más que los nacidos en tercer lugar”.

Mientras que en el mismo artículo de La Vanguardia, La presidenta de la sección de psicología clínica del Col·legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya, Regina Bayo, indica que los hijos únicos tienden a ser más dependientes y sobreprotegidos por los padres, lo que puede afectar su desarrollo social y cognitivo. Pues a un niño le hace maravillas tener otras personalidades con las que lidiar, ayudándolo no solo a socializar sino a entender y lidiar más fácilmente con situaciones difíciles en lugares comunes como la escuela.

Ahora, según la gente…

“La gente que no tiene hermanos son unos consentidos” -Ricardo.

“Yo quiero un hermanito, son tan cuchis” -Una jeva que claramente no sabe lo que dice.

“Lo mejor de tener un hermanito es que una vez que crecen, tienes a alguien que te busque cosas en la cocina” -Amanda.

“Mi hermanita es mi mejor amiga, no imagino haber pasado nuestros momentos lindos sola” -Paula.

“Ser hijo único no me causó ningún trauma, man. Pero sí hubiese sido cool tener a alguien ahí con quien dormir cuando tu papá es un amargado y tienes pesadillas de noche” -Mauricio.

“Yo soy feliz. No tuve que compartir mis juguetes con nadie” -Andrés.

Veredicto: Las personas que tienen hermanitos son más inteligentes, más responsables y más serios en la vida. Mientras que los que no tienen son más felices porque no tienen quién les quite sus camisas ni las chucherías.