No solo sirve para pasar la resaca

En la vida nos han enseñado que para todo hay dos tipos de personas. En el caso de dormir, están los que lo aman, y están lo que los que pueden pasar tres días sin pegar la cabeza a la almohada; están los que se desvelan trabajando en las noches y están los que se acuestan a las ocho para ponerse a trabajar a las cuatro de la madrugada.

Sin embargo, este tema no es como quienes le ponen salsa de tomate encima o al lado de las papas fritas. Cuando se trata de dormir, hay un tipo de persona que está en lo correcto.

¿Conoces ese dicho súper machista que dice “a ella le falta es una buena cogida”? Claro que sabes de cuál hablo. Lo utilizan para referirse a alguien (casi siempre una “ella”) que está súper amargado. Pero la verdad es que: en realidad lo que a esa persona le hace falta es dormir.

Y ese es el secreto del universo.

Muchos pueden creer que con dormir solo “descansamos”, es una sugerencia más no una prioridad. Como el semáforo rojo en Venezuela a las doce de la noche. En eso muchos no podrían estar más equivocados sobre mi actividad favorita en el mundo.

¿Qué pasa mientras dormimos?

Cuando dormimos, nuestro cerebro sigue trabajando. Tal como una secretaria que toma su segundo turno una vez que su jefe ya se fue, el cerebro se encarga de almacenar toda esa información que recolectamos a lo largo del día. Decide qué vale la pena recordar a largo plazo y qué no, para que cuando te despiertes tengas lo que dicen “una mente más despejada”.

El sueño tiene dos grandes etapas: la NREM (por sus siglas en inglés Non-rapid eye movement sleep) y la REM (rapid eye movement sleep), que hace que los sueños livianos y pesados se alternen. La más profunda es la NREM que es la que monitorea toda la actividad cerebral y la REM, al ser la más liviana, hace que tengamos sueños más locos cuando sabemos que vamos tarde a algún compromiso.

Además de eso, el sueño funciona como un reparador de órganos, músculos, huesos y muchas veces de “corazón”. Mentira, pero sí cura muchos desgastes y heridas del cuerpo, tanto internas como externas. Permite que nos relajemos de forma que podamos asumir una postura característica y pueda practicar esta especie de spa nocturno. Creando así nuevas conexiones neuronales y abriendo paso a una optimización de todos los sistemas de tu cuerpo.

Dicen, incluso, que una de las razones por las que llegamos a evolucionar a este punto es debido al poder que tiene nuestro sueño. Acción que nos ha permitido mejorar como especie debido a sus efectos reparativos.

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Bueno, lo cierto es que pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo. Eso es casi la mitad. Así que si el ser humano ha pasado millones de años durmiendo casi la mitad de su vida, tienes razones para creer que es poco importante. Sin embargo, voy a tratar de convencerte de que sí lo es.

Cuando dormimos tenemos los siguiente beneficios:

  • Somos más bellos: un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) indica que el sueño cumple con procesos oxidativos e inflamatorios que se ven afectados cuando dejamos de dormir. Es por eso que la amiga que se trasnochó por andar bebiendo un martes en la noche se ve mucho más fea que tú, que dormiste y que te levantaste como un ser humano.
  • Somos menos desgraciados: se dice que dormir favorece la ética, así que todos esos malandros que roban, el ex que te mintió sobre “la otra” y tu profesor que insiste en rasparte, en realidad no duermen bien. Al menos de acuerdo con un estudio de la Universidad de Carolina del Norte.
  • Somos menos propensos a enfermarnos: descansar el tiempo suficiente ayuda a prevenir sobrepeso, malestares cardiovasculares y hasta el Alzheimer gracias a toda la eliminación de toxinas y limpieza del cerebro de datos basura, como hacerle un favor a tu tía.
  • Somos menos ansiosos y estresantes: en especial cuando dormimos en pareja. Pues descansar en cucharita puede disminuir los niveles de cortisol que es la sustancia que nos hace odiar a nuestros jefes los lunes, según un estudio realizado por la Universidad de Pittsburgh.

En fin…

  • Somos más cool porque dormir es la actividad más feliz de la vida (y ahora te enteras que es químicamente más productiva).

Entonces, ¿cuánto debo dormir?

Hay dos lados de la moneda. Hay expertos que dicen que lo ideal es dormir entre seis y siete horas. Pues un estudio de la Universidad de California indica que quienes duermen ocho horas presentan un 12% de mayor riesgo de mortalidad.

Por otro lado hay otros expertos que aseguran que eso no tiene nada que ver porque cada quien tiene un ritmo biológico distinto, el mismo que se burla de mí cada vez que intento pararme a las cinco de la mañana pero permite a mi mejor amiga despertarse tranquilamente a las cuatro. No todo el mundo necesita dormir la misma cantidad exacta de horas. Cada persona tiene un límite.

Y si no llegan a ese límite, siempre existirá la opción de una buena siesta a la mitad del día.

La vieja confiable: la siesta

Este increíble “invento español”, como lo llaman, es la cura para todos los males de la noche anterior.

La siesta perfecta dura quince minutos. Repite eso como una oración diaria para que no termines perdiendo tres horas babeando tu almohada para seguir igual de cansada.

Aunque para distintas necesidades, hay distintas siestas. Te ofrezco tres:

  1. La siesta programada: un siesta que al volverse rutina, funciona como un mecanismo del cuerpo para no cansarse el resto del día. Es casi automática y como el cuerpo recuerda todo, seguro te avisará de esta siesta antes que la alarma de tu teléfono.
  2. La siesta de energía o la power nap, se trata de dormir por un período muy corto de tiempo, pero el necesario para agudizar la mente y aumentar la productividad (como dije, quince minutos es lo ideal, a veces incluso veinte).
  3. La siesta de 30 minutos. Si de verdad estás súper cansado porque no pudiste dormir bien la noche anterior, estos minutos son la cantidad exacta para no entrar en la segunda etapa del sueño y evitar el atontamiento que produce dormir más.

Cualquier siesta que dure más que eso, no es siesta.

Una vez que ya sabes todo esto, más te vale no quedarte pegado en YouTube viendo videos de gatos haciendo acrobacias. Son increíbles, pero creo que nuestra sobrevivencia como especie es un poco más importante.

Hay dos tipos de personas, las que me prestarán atención y las que no, ¿cuál eres tú?