Te llevará a la perdición

#HistoriasDeUltratumba es una pequeña serie de relatos basados -al pelo- en la vida real con monstruos que nos hemos topado o que tenemos al frente, pero que no sabemos.

DISCLAIMER: todos los nombres que están aquí han sido cambiados, al igual que la historia para no tener conflictos, pero si te sientes aludido/a posiblemente seas uno de los monstruos.

A veces, pensamos en que los demás son los que causan los males en nuestras vidas, pero no nos damos cuenta de que en realidad, la verdadera perdición está dentro de nosotros, ¿o no lo creen? 

Nos conocemos tan bien, sabemos cuáles son nuestras debilidades en todo momento y somos quienes decidimos hacernos daño; por eso, la maldición nos la imponemos nosotros mismos. 

En esta edición de #HistoriasDeUltratumbas, contaremos la historia de una tal Andreína, que se sintió como la maldición de su familia, pero que resultó ser perseguida hasta el día de su muerte.

Andreína y la maldición de la sin cara

Después de un largo día en la universidad, lleno de estrés, malas notas y un mental breakdown. Nina se fue a su casa en metro y lentamente comienza a sentirse extraña, como si alguien la acompañara, observara y la oliera. No le prestó mucha atención porque ajá, estaba en el metro, se supone que a todos nos pasa lo mismo y nos entra una paranoia de repente, ¿no?

Siguió su camino en la calle y aun así, se sentía igual, pensó que la iban a robar así que caminó más rápido, viendo a todos con miedo, pero en realidad, no veía a nadie. En uno que otro momento, juró que uno de los tantos hombres horribles era el que la estaba persiguiendo, pero en realidad no era ninguno en específico.

Al día siguiente, ella se despertó con normalidad, a pesar de que pasaron cosas extrañas: se dañó su computadora y se quemó la cara planchándose el cabello. Estas situaciones, se fueron acumulando y llegaron a hacerla pensar que quizás tenía alguna culpa de lo que estaba pasando, porque después de todo se seguía sintiendo igual de terrible que el día anterior. 

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Esta “mala suerte” fue aumentando: su novio le terminó, sus padres no le hablaban, iba mal en la universidad; y según ella, no tenía amigos. No le quedaba nada. Pero empezó a notar algo, había alguien que sí la perseguía, una figura femenina que se parecía a ella físicamente, pero era transparente, con un vestido blanco y no se distinguía su rostro: la mujer sin cara.

Cada vez que ella notaba que ella estaba cerca, se sentía vacía, como si ella no valiera nada, como si no tuviera nada que aportar al mundo, así que decidió quedarse encerrada, sintiendo más y más la presencia de la mujer sin cara, sin hacer nada, sin sentir nada y solo existiendo. 

Todas las noches lloraba y soñaba con morir para dejar de sufrir, así que quiso “acelerar el proceso” dejando de comer y fumando como una chimenea. Cada vez lo hacía más y más, hasta que llegó a pesar 40 kg, cuando ella era una mujer de 1,70 metros.

Sus padres se alarmaron y le hicieron un llamado de atención, a Nina no le importó, eran mentiras del fantasma el pensar que a ellos les importaba de alguna manera, porque en realidad “ella solo era un estorbo”.

Llegó el momento en el que yendo a la universidad, se la consiguió cara a cara y esta vez sí se veía definido quién era, era ella misma. Ahí se dio cuenta de que era una señal, una señal de que no había salida para esta maldición, porque en realidad, ya ella estaba muerta.

¿Cómo sé si tengo la maldición de la sin cara?

Es fácil, mas es importante que lo identifiquemos de inmediato para que podamos solucionarlo.

  • Sientes que no puedes hacer nada.
  • Te deja sin energía.
  • No te deja dormir por su constante cuchicheo acerca de ti y de lo desgraciada que eres.
  • Hace que llores por las noches.
  • Te aísla de tus seres queridos y se vuelve tu única amiga, con su presencia intoxicadora.
  • No sales de una tristeza profunda.
  • No puedes pensar en otra cosa, sino en ella y en lo mala que eres: “no aportas nada a la humanidad”, “nadie te extrañará”, “¿de verdad te crees tan importante?”, porque al final, no mereces nada.
  • Hace que todo lo que hagas, salga mal porque no estás segura ni de cómo te llamas.
  • Sientes un peso constante en el cuello, porque de ahí saca tu espíritu cuando duermes.
  • Llega un momento en el que quieres morir e intentas hacerte daño.
  • Tratas mal a los demás porque no sabes manejar tus sentimientos de tristeza y frustración. 

¡Aléjate de mí!

La maldición es algo con lo que tendrás que mediar toda tu vida, aunque no queramos admitirlo. Es un trabajo constante intentar alejarla de uno, pero se puede lograr mantenerla alejada con la visita a un psicólogo y mucho trabajo de instrospección.

No nos damos cuenta de que tenemos pensamientos que son destructivos y que poco a poco nos van consumiendo, hasta llegar a desarrollar un problema serio de ansiedad y hasta depresión (como Nina) que puede llevar hasta la autoflagelación y el suicidio.

Por eso, es importante buscar ayuda, hablando con nuestros amigos o familia de lo que nos está pasando porque aunque pensemos que no importamos, sí lo hacemos, solo que los que padecemos de esto, no lo terminamos de asimilar.