¿De qué hablamos cuando hablamos de ansiedad?

Muchos conocemos la ansiedad como un elemento obligatorio dentro del gran paquete que significa ser adulto. Viene en una cajita súper linda que te hace creer que serás libre, pero dentro encuentras unas cadenas con la etiqueta de “trabajo por la experiencia”, una corneta con un zumbido que nunca se calla llamada “el queso en realidad es muy caro” y por último está un cachorro asesino bautizado como “ansiedad”.

Es duro enfrentarse con esa linda cajita feliz de los adultos, pero como todo, eventualmente nos acostumbramos a vivir con todos esos elementos. Sin embargo, para algunas personas la ansiedad puede ser más peligrosa de lo normal.

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Una cosa es sentir que te mueres de la preocupación por tu tesis, tus dos trabajos o el hecho de saber que a tu mejor amiga le están montando cachos. Pero otra muy distinta es sentir que te mueres por decidir si comprar una empanada de carne molida o una de carne mechada. 

Está muy mal subestimar este inocente “cachorrito”, por eso vamos a darte un repaso sobre qué significa sufrir verdaderamente de ansiedad y diferenciarlos de esos amigos que viven su vida como si todos los días fuesen domingo de vago y se estresan por tener que lavar los platos. 

Para eso acudí a una estudiante de psicología de la Universidad Central de Venezuela, que prácticamente me regañó por lo ignorante que era en el tema.

Hablemos de ansiedad

‘Pero, mira, ¿ansiedad no es cuando estás todo el tiempo como estresada?’

Para empezar, la ansiedad es un comportamiento y mecanismo de defensa que nos ha permitido adaptarnos a todo tipo de situaciones. Es la sensación de preocupación por algo que representa algún tipo de peligro para nosotros, dándonos así la oportunidad de cambiar la situación o prepararnos para ella y no sufrir ningún riesgo.

Ahora, este comportamiento se convierte en un trastorno cuando comienza a salirse de control y a afectar negativamente varios aspectos de nuestra vida, sean nuestras relaciones con nuestros amigos, de pareja o incluso nuestra vida laboral y hasta académica. 

Así que sí, es un poquito más complicado que solo ‘estar todo el tiempo como estresada’.

De acuerdo al DSM (por las siglas de Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) de la Asociación Americana de Psiquiatría, los trastornos de ansiedad que más se destacan son: fobias específicas, la ansiedad generalizada (que es probablemente la que padece tu amigo con dos trabajos, universidad, pasantía, tesis, servicio comunitario y un perro); y trastornos de pánico; obsesivo compulsivo; y estrés postraumático. 

El resto que no vamos a explicar porque sino te vas a volver un ocho son: crisis de angustia, agorafobia, trastorno de ansiedad sin agorafobia, fobia especifica, fobia social, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno por estrés post traumático, trastorno por estrés agudo, trastorno de ansiedad generalizada, y trastornos debido a enfermedades médicas/consumo de sustancias/ y no especificado.

Sí, el mundo de la ansiedad es infinito.

¿Cómo sé si sufro de ansiedad generalizada?

A ver, la ansiedad generalizada consiste en sufrir preocupaciones a cada rato y casi de forma crónica y por un largo período de tiempo. Pues si piensas que vives más con esa sensación que sin ella y por más de seis meses; entonces, amiga, sufres de ansiedad.

Ahora, estas preocupaciones pueden venir en todas las formas posibles: cuando no sabes qué ponerte por las mañanas, por creer que dejaste todo prendido siempre, cuando alguien no contesta un mensaje al instante, cuando escuchas un lejano ruido, y en fin, cuando no sabes qué hacer en una situación completamente cotidiana y además qué haces todos los días. 

Por otro lado, es importante que conozcas en qué consisten los demás trastornos de ansiedad

La fobia específica es probablemente la más común de todas. Se trata de ansiedad significativa hacia situaciones u objetos a los que se teme, como serpientes, sangre, tormentas, etc. y ese temor se adquirió por un evento significativo, estas fobias son irracionales. 

El trastorno de pánico presenta estos ataques de miedo y malestar constantes (que también se presenta en caso de fobias). Tienes ritmo acelerado del corazón, taquicardia, náuseas, sudor y mareos. Son miedos a morirse, a perder el control y hay veces que son provocados por estímulos claros, otras veces predispuestos situacionalmente y otras simplemente no hay forma de saber qué lo provocó. 

El trastorno obsesivo compulsivo es cuando ocurren obsesiones, compulsiones y a veces ambos. Se trata de pensamientos o ideas, de alguna manera inadecuadas, que son invasivos y por lo tanto generan una gran ansiedad en la persona. Y queriendo suprimir esos pensamientos, presentan comportamientos repetitivos y específicos como los que se lavan a cada rato las manos, que ordenan cosas que no los gusta pisar las líneas del suelo.

El trastorno de estrés post traumático donde la persona vivió o estuvo presente en algún evento amenazante, ocurrió algún peligro o sufrió una lesión grave. Normalmente estas personas padecen sensaciones de miedo y es así que se determina el evento como un evento traumático. Tienen recuerdos constantes y desagradables sobre el evento y eso hace que esté siempre preparado para “huir”, por decirlo de alguna forma.

¿Cuándo la ansiedad se convierte en un peligro para mí misma?

Cuando la persona ya no puede funcionar, de alguna forma. Pues si la ansiedad afecta tantos aspectos de tu vida diaria, se puede considerar entonces una patología.

¿Es un padecimiento que debe ser diagnosticado?

Claro que sí. la persona debe asistir a un profesional que sepa distinguir los trastornos de ansiedad, cómo se adquirió ese comportamiento, qué lo está manteniendo. Todo esto son conocimientos que ayudarán a mediar la terapia y a reconocer qué intervención necesita recibir “la ansiosa”. 

¿Es necesario medicarse?

Depende mucho de la intensidad del trastorno y de ser muy intensas las reacciones o signos fisiológicos, algunos psiquiatras van a recomendar la medicación. La misma también debería suministrarse paralelamente con una terapia cognitivo conductual para así ayudar a la persona a controlar esa situación, conocer qué lo provoca, cómo manejarla y hasta erradicarla de ser posible. Una especie de mix entre esos dos es lo mejor. 

¿Qué cosas no deberías decirle nunca a una persona con ansiedad?

  • “Cálmate”.
  • “No pienses en eso”.
  • “Bájale dos”.

Decirle todo esto es como decirle a una persona que se rompió la pierna, que vaya caminando al hospital. Es restarle importancia a la situación y es súper contraproducente.

Lo que deberías decirle para ayudarla principalmente, es recordarle que respire, o incluso que cuente hasta diez. Solo muestra que te importa. 

De resto, queda de la misma persona saber asimilar la situación y ayudarse a sí misma a distraerse o simplemente “esperar”. 

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Sufrir ansiedad no es cualquier cosa, ni mucho menos motivo para chistes. Puede ser muy peligrosa si no se reconoce y si no se trata como la asesina silenciosa que es. Ahora solo falta que lo hablen los de 13 Reasons Why, para que comience a ser un tema importante de qué hablar.