FOMO vs. JOMO

Perdí el FOMO y adquirí JOMO.
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El fin pasado fui por cócteles y pizzas con unos ex compañeros de trabajo. No tomé más de 4 mojitos, por lo que mi estado de cuenta no sufrió demasiado. Mi día siguiente no reflejó nada de eso.

Apenas abrí los ojos fue como si hubiese pasado la noche entera bebiendo ron con arena y golpeándome la cabeza con un ladrillo. Casi ni podía abrir los ojos. Me arrastré de mi cama a la cocina en búsqueda de agua y dormí durante una cantidad absurda de horas para medio sentirme como un ser humano de nuevo.

No es la primera vez que pasa. Salgo 4 horas por un par de tragos y luego paso las siguientes 12 horas pagándolo. El costo es demasiado caro y tengo muchas más responsabilidades de las que tenía hace 6 años cuando toda mi vida transcurría en una serie de bares. Perdí el FOMO (Fear of Missing Out) y adquirí JOMO (Joy of Missing Out). Quiero perderme de todo.

De hecho, hace poco le dije a mis amigos que iba a ser straight edge. Después de explicarles que los straight edge son ese grupo de gente que no toma, ni fuma (ni respira, ni tiene sexo, ni se para demasiado cerca de los animales, etc), me bombardearon con las respuestas usuales “todos dicen lo mismo”, “ay sí, vamos a ver cuánto dura”. Y después de un rato, me encontré sacando las cuentas una y otra vez de por qué ya no me es rentable salir a tomar:

El día siguiente se cobra cada segundo

Ok, empecemos por lo más sano. Saliste con tus amigos a hablar y no consumiste ninguna clase de alcohol y nada de drogas. NADA. Fuiste la persona fastidiosa que se acabó el jugo del vodka y el refresco del ron. Igual estás perdiendo al menos 4 horas de tu noche, y eso te da dos opciones: estarás trasnochado todo el día siguiente, o te levantarás tarde atrasando todo lo que tenías que hacer al día siguiente.

Y esa ni siquiera es una opción realista cuando todos tus amigos toman incansablemente y el alcohol es la base de todas tu reuniones. Digamos que te tomas dos o tres birras y eres responsable y te vas temprano. El universo decide seguir recordándote que no hay manera de ganar. A tus dos horas de trasnocho súmale al menos dos más de tratar de controlar la resaca que vas a tener porque biológicamente tu cuerpo decidió cumplir 90 mientras no estabas viendo.

En cuanto a drogas, no fucking way. La más sencilla de todas, la marihuana, te va a dejar todo tonto durante un buen rato. Digamos que te vas por lo sintético y consumes MDMA, los efectos fuertes duran 3 horas, y los secundarios de cuando te baja la nota pueden durar al menos 8 más. Luego está la novia fastidiosa de las drogas, la que quiere pasar cada segundo contigo, el LSD. La droga de mi juventud. Esto es lo que pasa con el LSD, viene en olas, con el pico ocurriendo como a 4 horas del consumo inicial, y la bajada durando unas 6 horas en el mejor de los casos… y luego otras 3-4 más mientras terminas de aterrizar. Más las 8 horas, mínimo, que necesitarás dormir. Medio día ocupado en consumir LSD. Estoy segura que cuando tenía 20 no tenía el tiempo para hacer eso, pero es mucho más obvio ahora, además de que tiene muchísimas más consecuencias.

Si tuviera 17 horas seguidas para despilfarrar, probablemente lo haría haciendo binge watching de algo apocalíptico y conspiranoico.

Mi dinero merece un final feliz

Ok, digamos que el tiempo deja de importarme, mi cuerpo se vuelve inmune a los efectos secundarios de cualquier sustancia y al día siguiente amanezco como si tuviese 16. Mi bolsillo estará tan fructífero como el de un niño de 10 que gastó su primera mesada en un chocolate que le dio alergia.

Yo tengo una relación totalmente insana con mi dinero. Me gusta ver mis estados de cuenta. Me agrada intercambiarlo por comida gorda y grasienta. A veces hasta lo guardo para gastarlo en lentes sobrevalorados para aumentar mi colección. Todo eso son cosas importantes para mi porque sé que tiene valor en el tiempo. Es a donde quiero que vaya lo que gano, a cosas duraderas que me hagan feliz.

Aquí pueden decir ¿y tus amigos no te hacen feliz? Sí, totalmente. Pero tomar con ellos me hace miserable y más pobre que antes. Además de que yo tengo bastante mala memoria y el alcohol no es conocido por su capacidad de hacerte recordar.

Tengo FOMO noticioso y JOMO fiestero

¿Sabes qué me da miedo perderme? Las noticias. Cuando me di cuenta de eso, supe que me volví una señora vieja y aburrida. Pero es hora de aceptarlo, quiero saber todo lo que pasa con China y su rechazo a las criptomonedas, me estresa no saber si Elon Musk cumplirá sus metas, y cada vez que hay un ataque terrorista y yo estaba nadando en ron, me siento ignorante. Me da ansiedad, creo que me estoy perdiendo de demasiado y no quiero estar afuera de lo que pasa.

Cuando veo fotos de la fiesta genial a la que todo el mundo fue y que tenía que si fuentes de unicornios y un DJ genial que revivió a Tupac, es más como meh. No puedo pensar en ir sin que vengan a mi mente los dos puntos anteriores. No puedo dejar de pensar en todo lo que podría estar haciendo en lugar de yendo a una fiesta. Hace poco falté a una en la que alguien usó un sofá como baño mientras yo estaba en mi casa durmiendo. Al día siguiente me paré a las 6:00 a.m. fui al gym, desayuné, y terminé mi trabajo de 3 días en unas 4 horas mientras los que sí fueron se empezaban a despertar y buscaban sus celulares para contar lo que había pasado. Al enterarme entré totalmente en joy of missing out.