Esto es lo que estás haciendo mal si quieres perder peso rápido

Tranquila, hay una explicación psicológica
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Todas hemos estado ahí.

Encuentras una nueva guía nutritiva, que implica métodos de tortura inhumanos que incluyen proteína, ejercicio y todo lo que sea verde, y de repente cambias el combo de hamburguesa con triple carne y queso fundido por una ensalada condimentada con ingredientes de desconocido procedente y un vaso de agua; tan espantoso como suena, nuestros esfuerzos son potenciados por la esperanza de ver resultados en el menor tiempo posible.

Es decir, la mañana siguiente.

Te levantas esperando una reducción de al menos dos kilos, porque la dieta que leíste por Internet te prometía que ibas a lucir como Sofía Vergara en menos de seis semanas, así que una cena ligera se debe traducir al menos en kilo y medio adelgazado.

Sí, de repente también sabes matemáticas y puedes dar un curso sobre las calorías con los ojos cerrados. Esto es un escenario común, créenos, no eres solo tú.

La buena noticia es que no estás sola, y la mala es que tus ganas de subir una foto en tus redes con el “antes” y el “después” tendrán que esperar.

Principalmente porque la pérdida de peso puede ocurrir rápido, pero no debería. Incluso entonces, todo depende de la genética y peso inicial: cuanto más sobrepeso tienes, los primeros kilos son “más rápidos”, mientras que más cerca estés de tu peso ideal, más lento se vuelve el proceso.

Así que si estás esperando despertar en el cuerpo de Vergara en un par de días; no funciona así, ya lo intentamos.

Cuando nuestra meta es alcanzar medidas irrealistas en poco tiempo, porque estamos condicionados a creer que las líneas de tiempo se cumplen estrictamente a la hora de bajar de peso, lo más probable es que terminemos decepcionadas. Primero, porque no somos Sofía, y segundo porque pedimos una pechuga de pollo hervida y verduras al vapor en vez de alitas de pollo una cantidad innumerable de veces.

Segunda razón por la que sentimos que no bajamos tanto como queremos: nos vamos por lo extremo. En vez de tomárnoslo con calma, nos sometemos a un régimen alimenticio inflexible, llamamos segunda casa al gimnasio y nos alejamos de todo lo que sea grasas y calorías de más como si de eso dependiera nuestra vida; y cuando nos subimos a la balanza, nos decepcionamos porque no somos una persona nueva.

Un artículo en el International Journal of Obesity llamó "síndrome de la falsa esperanza" a esta decepción, cuando nuestra realidad no está a la altura de nuestras expectativas. Y es peligrosa, no solo porque te hace ignorar tus pequeñas victorias, sino que te enfoca totalmente en tus contratiempos, y terminas culpándote a ti misma porque no puedes cambiar a la velocidad que quieres.

Pero, ¿cómo puede saber si tienes expectativas fitness poco realistas?

Si sientes que tienes que cambiar totalmente tu vida para perder peso, probablemente tus expectativas son incumplibles con el tiempo, la energía, y los recursos con los que cuentas. No tienes poner tu vida al revés para cumplir una meta.

Por lo menos no de un día para otro.