Estoy harta de que no me quieran llamar gorda

Cinco letras; vamos, tú puedes.
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Aspen Plummer

Aspen Plummer

Probablemente en este momento estás arrugando el ceño y pensando ¿cómo alguna mujer en el mundo quiere ser llamada gorda? Pues, quizás yo sea rara, pero me molesta que huyan del término con diminutivos como “rellenita” o “gordita”.

Entiendo que el peso siempre ha sido un tema complicado para las mujeres, más de una vez escuché como mis amigas flacas hacían comentarios negativos hacia sí mismas, pero ¿qué podía decirles? ah sí, “hola amiga, in case you haven’t noticed, dices que eres una ballena, así que por asociación, como peso por lo menos 40 kilos más que tú, debo ser una especie de triple tamaño que aún no descubren en el océano”.

No me malinterpreten, yo también tuve mi lucha interna con la palabra. “Estoy gorda” nunca sonó bien antes y tampoco espero que ahora entre como bio de mi Instagram. Pero, para la Cindy de trece años que pensaba que ser gorda podía ser lo único ligeramente peor que hacer dieta o tener un historial abierto de cada nutricionista en un radio de cien kilómetros, es increíble poder pronunciarla sin sentirme aludida.

Nadie sale a defender o justificar a una persona cuando dice que es “alta” o “flaca”. Al contrario, se asume como un halago. Entonces, ¿por qué le tenemos miedo a una palabra de cinco letras?

La connotación negativa no pasa desapercibida y es agridulce. Cuando enfrentas la adolescencia con una autoestima inestable, tienes dos opciones: enfrentarla o ignorarla. En mi caso, yo elegí la segunda opción, que funcionó por un tiempo, pero al final del día no hay manera de huir del espejo, créeme, la busqué. Por eso aprendí a sonreírle, a aceptar el reflejo y hasta trabajar en él.

Para ilustrar mi situación (y porque me divierte ver a las personas incómodas), le dije a seis individuos que era gorda. Tres de ellos trataron de “suavizar” el término e hicieron un esfuerzo sobrehumano para no lucir afectados. Los otros dos se rieron (uno dijo que era “ridícula”) y cambiaron la conversación. La última empezó a hablar de “lo fácil que sería para mi bajar de peso” y cuando llegamos al tema de las dietas y el ejercicio decidí que este experimento social no lo valía y huí de ahí lo más rápido posible.

Si soy sincera, no me molestaron las reacciones ni me ofendieron, es difícil sorprenderse cuando algunas facetas de tu proceso de aceptación se reflejan en las respuestas de los seis: intentar disminuir el impacto del término, negarlo y contrarrestarlo con dietas y ejercicios. Es interesante ver que aún con todos los tabúes que se están derrumbando, este es uno de los que menos se habla, porque incluso las gordas no quieren hablar de el.

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Así peses 40 kg o 80 kg, enfréntalo. Ponte los pantalones de niña grande y acepta que lo único que lograrás al luchar contra una parte de ti es perder el tiempo. Es una característica, no una sentencia. Al igual que ser baja, alta, negra, blanca, rubia o castaña. Puedes ser todo a la vez, lo importante es que seas.

Eso sí, evita a toda costa traer la palabra a colación cuando estás PMSing, la evolución humana aún no está preparada para ese tipo de situaciones.