Obviando el hecho de que nos pueden empezar a salir canas

Como es costumbre, seguimos hablando del país del Arauca Vibrador, las mujeres bonitas, los militares corruptos y las cajas CLAP. Siendo Venezuela un estado completamente descontrolado y dividido, tu situación de vida depende básicamente del la división en la que te encuentres. O eres parte del estado, disfrutas de beneficios a dólar preferencial y eres marginal porque sí; o eres un ciudadano que a diario trabaja para seguir sobreviviendo dentro de una situación y calidad de vida paupérrima.

Nuestro país, ahora más que nunca, siempre ha contado con esas distorsiones de realidad donde ves bastantes personas en situación de calle, pero a la vez somos el país del que provienen más avionetas privadas que aterrizan en el Aeropuerto de Miami. Radicalizaciones derivadas del derroche de petróleo, corrupción y lavado de dinero que terminan en un estado de caos y locura que solo lo entienden las personas que lo padecen.

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Pero obviando la desorganización política-económica, y entrando más en el ámbito social, nos enfocamos en el desastre generacional que nos engloba, específicamente en esta Venezuela, donde tener 16 años o 22, es exactamente lo mismo.

Sin contar claramente que crecemos de físico y maduramos de mente, en un país donde los pranes en cárceles tienen más beneficios que la gente en la calle, a nivel de restricciones, privilegios y leyes, ser mayor de edad es totalmente irrelevante.

Tomando como ejemplo países como Estados Unidos o Canadá, donde si tienes veinte años no te puedes tomar una cerveza, aquí el niño de 15 ya puede usar la tarjeta de su papá en una licorería, salir a rumbear y manejar en estado de completa embriaguez con total normalidad. Si sus padres lo dejan por supuesto.

Teniendo unas leyes de adorno y a delincuentes como policías, el niño compra el licor y maneja de noche sabiendo que si se cruza con alguno de ellos, pagará un acuerdo corrupto así tenga la mayoría de edad y sin estar violando ninguna ley.

Son factores que afectan o benefician a nuestra generación, ya que el mayor miedo de un grupo de jóvenes puede ser una alcabala militar, pero también es maravilloso tener 17 años y vivir sin ninguna restricción. Es un paraíso malandrizado consecuencia de una anarquía general donde todo el mundo hace lo que le da la gana, siempre a conveniencia personal.

Sales a discotecas y te encuentras con un rango de diez años de diferencia, dándole más importancia al dinero que tienes para pagar el acceso, a si legalmente puedes pisar el local. Agregando también el gentío que se ha ido del país, por lo tanto los grupos de amistades se conservan sin importad la edad que puedan tener.

Sentándonos a ver, no es normal que un niño de 15 años pueda hacer lo mismo que uno de 23; es volarse etapas de vida, leyes, y responsabilidades, que por razones obvias están establecidas para ser cumplidas a ciertas edades. Así que si tú, niño de 16 años, piensas que es normal el ir a una discoteca con una cédula falsa y pagar una botella con la tarjeta de tu papá, eres parte del problema. Y si tú, niño de 25, piensas que también es normal que el niño de 16 comparta en la discoteca contigo, también eres parte del problema.