Debatir con MUN freaks - The Amaranta

¿Cómo debatir con un MUNero?

Mejor dicho: “la desvirtuación del placer de lo absurdo”
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Cada cierto tiempo entra en mi vida un MUNero de oficio. Es esa persona que estuvo en el Modelo de las Naciones Unidas durante su adolescencia, y no se lo tomó como una experiencia formativa agradable sino como la confirmación de que es la reencarnación de Sócrates.

Imagino que aparte de aprender los temas clásicos que enseñan en el Modelo de las Naciones Unidas, también asistieron a un seminario aparte sobre “Cómo aprender a creer que nadie en el mundo puede debatir mejor que tú y ninguna persona en la tierra sabe tanto como tú sobre absolutamente nada”, lo cual los hace irremediablemente reconocibles cada vez que empiezan a intentar debatir en el mundo real.

Como alguien que va por la vida teniendo debates innecesarios con cualquier persona, me he topado con estos individuos un montón de veces y los he odiado intensamente cada una de ellas. Siempre me pregunté por qué y hace poco, mientras escuchaba un argumento MUNero particularmente fastidioso, me di cuenta de algo: estos tipos optimizan el poder del absurdo para el mal. Es un suplicio hablar con ellos porque nunca dicen nada porque están demasiado ocupados diciendo todo al mismo tiempo y evitando darle respaldo a sus palabras. Es el ejercicio de discutir por discutir aunado a la malversación del absurdo.

Ahí es cuando entra en juego el desconcierto que causa el absurdo cuando se utiliza para mal dentro de un conflicto. De hecho, es la única arma que puedo asegurar que desactiva cualquier discusión instantáneamente, porque:

1. Te permite alejarte emocionalmente del tema, lo cual es clave para poder argumentar racionalmente y pensar con claridad cualquier información que estés recibiendo de tu interlocutor. Pero, mal ejecutado, lo que hace es basar lo que dices en algo que ni siquiera te importa lo que, quieras o no, te empieza a distanciar del tema.

2. Una vez que entras al territorio de lo absurdo introduces un elemento clave al momento de desconcertar a la persona con la que discutes, la ambigüedad. Cuando nadie sabe si lo que estás diciendo es en serio, si eres un troll, o si lo que estás diciendo debe ser interpretado de x o y manera, estás cambiando el tablero a mitad del juego. Esto es, por ejemplo, lo que le permite a Trump decir algo monumentalmente ofensivo, sin sentido, o falto de pruebas y luego decirle a todo el mundo que solo estaba siendo sarcástico.

Cuando un argumento tiene mil lecturas, es difícil que alguien pueda rebatir porque pasas de debatir una idea que debería estar respaldada a debatir contra un absurdo que nadie está dispuesto a respaldar . Lo que nos trae a mi tercer punto…

3. Cansas a tu oponente. Porque esta persona probablemente estaba argumentando desde el conocimiento o tratando de probar un punto y tu acabas de cambiar el rumbo de la conversación como un islamista radical. Te vuelves un grandísimo fastidioso que está disfrutando de la banalidad del absurdo.

Como militante del surrealismo, me parece una burla utilizarlo de esa manera. Es como si todos fuesen Cartman en la mitad de un berrinche.

Hay un chiste súper malo que da vueltas en Facebook cada cierto tiempo. Normalmente lo comparten la misma clase de personas que hacen chistes de papá. Es algo como “cuando esperas que una oración termine de una manera pero salchicha”. Siendo objetiva no es el peor chiste del mundo, pero ya lo he escuchado tanto que me parece el chiste con menos gracia del universo entero. Aún así lo traigo a colación porque creo que su popularidad se debe a que la gente siempre reacciona favorablemente a cualquier cosa que sea medianamente encantadora y sorprendente. La idea de algo absurdo es atractiva y graciosa. Hace feliz al promedio y nos permite deleitarnos un rato.

Ahora, en el mundo de la supuesta “post verdad”, creo que es completamente necesario recordar esto. El absurdo del MUNero de oficio y de Trump, es el absurdo que usaría Darth Vader si hubiese sido escrito por Seth McFarlane. Del que yo hablo, en el que creo completamente, es el que derritió los relojes de Dalí, y creo que es exactamente lo único que nos puede salvar cuando estemos en la mitad de uno de esos debates en las que te aplicaron el absurdo como método de desactivación.

Al próximo tipo que te diga que el matrimonio igualitario no puede legalizarse porque eso significa que la gente podrá casarse con sus perros, contéstale muy seriamente que algún día las humanas imitarán a las libélulas mujeres que fingen morir para no tener que hablar con hombres.