Porque el perro no te va a ayudar a reconstruir un país

Este artículo no representa la opinión de The Amaranta ni sus creadores

Hoy día pasear por las calles de Caracas se desenvuelve más o menos así: vías llenas de huecos, charcos de agua que parecen lagunas, graffitis anti gubernamentales, y personas revisando bolsas de basura buscando comida.

Como bien se conoce, la inflación es tal, que el comer tres veces al día se le hace difícil a un alto porcentaje de la población. En su mayoría se resuelve rindiendo los alimentos lo más posible, cambiando la dieta por lo que deseo desayunar a lo que más llene al menor precio, o simplemente buscando qué sobró en los basureros.

Verdaderamente doloroso ver a familias enteras hurgando entre la basura o pidiendo sobras fuera de restaurantes debido a que un kilo de carne equivale a una cuarta parte del salario mínimo mensual.

Para colocarlo más gráfico y entendible, si un venezolano promedio gana 325.544,18 bolívares al mes, (8 dólares) y un kilo de tomates en un automercado cualquiera vale 40.000 bolívares, (1 dólar) todos nos hacemos la misma pregunta; ¿cómo carrizo se alimenta la gente en este país?

Pues la respuesta está en el índice de pobreza de 82% en los hogares, las cifras de desnutrición, y la comunidad de venezolanos que vive literalmente bajo alcantarillas.

Como en cualquier país pobre y tercermundista con personas muertas de hambre, evidentemente los animales que antes comían las sobras pasaron a un segundo plano. La cuestión está en que, así como existen organizaciones y campañas que se ocupan de los vagabundos, también hay fundaciones que se encargan de rescatar y alimentar a perros y gatos callejeros.

Al ser Venezuela un país donde lo normal es ser robado, hacer colas por comida, y morir a falta de medicinas; también se ha convertido en normalidad campañas de rescate y alimentación para los perros de la calle, e incluso protestas contra las personas que se han visto en la necesidad de abandonar a las mascotas por lo caro que es hoy día alimentarlos; o peor, los que se han visto en la necesidad de comérselos.

Sí; comerse a los perros de la calle.

Pues dentro de este escenario existen dos tipos de personas; los que defienden plenamente los derechos de los animales, alimentan a los perros de la universidad y piensan que la vida de un toro vale lo mismo que la de tu vecina; y los que no sienten ningún tipo de tristeza al saber que un grupo de perros fue sacrificado por falta de comida.

Me parece excelente que en este país a pesar de tanta pelazón haya espacio para encargarse de los animales; claro que es necesario. Pero antes de donar cualquier tipo de insumo a una campaña para perros callejeros, es preferible darle una galleta de soda al niño que religiosamente malabarea pelotas en el semáforo al lado de tu casa.

Me podrán tildar de inhumana e insensible, pero sí puedo entender la situación de un dueño que quiere a su mascota pero debe alimentar a su familia primero, también puedo entender que saquen a todos los perros de una universidad porque no hay nada más ordinario que recibir clases con un animal callejero al lado, y también puedo entender que un hombre en estado esquelético quiera comerse a un perro como última opción.

¿Que la solución no es matarlos a todos o botarlos en la autopista? Está bien, pero tampoco se puede mover cielo y tierra para defender los derechos de los animales cuando en este país los niños no van al colegio porque tienen que trabajar para comer.

¿Que la solución a la pobreza humana no está en entregar galletas de soda en semáforos? También; pero el pasar por la calle y ver a familias de buen aspecto revisando bolsas de basura causa mucho más impacto que un perro callejero. Por lo que mi donación irá siempre primero hacia campañas de educación infantil antes de recolectar comida para animales.

Si usted quiere alimentar y desparasitar a todos los perros de Caracas, fino. Hágalo en su tiempo y con su dinero; pero después no se queje de que el perro no estudia, no habla, no produce dinero y no vota por presidentes; porque las personas sí.