Razones por las que el cigarro ya no está de moda - The Amaranta

El cigarro ya pasó de moda

Y las razones por las que los adictos sufren.
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Thong Vo

Thong Vo

Hay una realidad a la que se deben enfrentar (nos debemos enfrentar) los fumadores: el cigarro pasó de moda.

Es más que probable que al momento de encender el cigarro en un lugar público, y no se tenga cerca un yesquero, fósforo, hornilla de cocina, resistencia de tostadora o una de las piedras que al frotar sacan chispas, el tiempo para conseguir un compañero fumador que te preste fuego es casi infinito. Algo ha provocado en las generaciones jóvenes, que el antes codiciado y hasta bien visto hábito de fumar cese y hasta sea de desagrado.

Es difícil estar en una universidad y contar a más de 5 personas fumar simultáneamente, escenario que antes era inconcebible, porque hace 3 años casi todos fumaban.

En un club o fiesta suelen verse más adoradores de Marlboro y su competencia que en otro lugar, sin embargo, esto a veces se le atribuye al ocasional “sólo fumo cuando tomo”, por lo que aún así muy pocas personas son las que lo hacen.

En las oficinas es casi imposible encontrar un permiso para fumar; y si existe, es lejos, fuera y segregado del espacio laboral.

Los centros comerciales están desabastecidos de ceniceros. Estos también están extintos en restaurantes, plazas, cafeterías y parques. Más allá de legislaciones que no permitan el cigarro, a nadie parece molestarle el hecho de que no se pueda fumar.

Pero, ¿por qué?

¿Qué pasó con la imagen de aquellas figuras cool e incomprendidas que eran las que fumaban?

¿A dónde fueron exiliados los fumadores de Mad Men, los escritores incomprendidos, las niñas rebeldes, los intelectuales, las jóvenes coquetas, los románticos, los caóticos, los compulsivos, los ansiosos, los neuróticos, los fiesteros, los cigarros post coito, los cigarros después de la comida, los cigarros “no tengo nada que hacer”, los cigarros estúpidos? ¿Dónde están?

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Sucede que somos los hijos de una generación que disfrutó y padeció el cigarro. Muchos de nosotros éramos los fanáticos protestantes de pequeños contra el cigarro, los que hacíamos huelga en el cuarto de nuestros padres para que no fumaran, mojábamos los cigarros, los partíamos dentro de las carteras, les imploramos a nuestros papás que dejaran este horrible vicio. Ellos, en su mayoría lo dejaron por voluntad propia u obligación, otros no tuvieron la fortuna de arrepentirse. Nosotros, por nuestra parte, después de tanta pelea y en la horrible ironía que es la vida, cogimos el vicio. Pero aun así luego de pocos años de rebeldía adolescente, muchos ya lo dejaron.

Entonces no solo hay menos personas que fuman, sino que hay más personas que están dejando de fumar.

Preguntándole a un grupo de tantas personas como dedos hay en el cuerpo, sacamos algunas conclusiones.

Las personas empiezan a fumar porque no se debe: como está prohibido y es para los grandes, a los adolescentes les urge conocer esa cosa que huele tan feo pero todo el mundo hace. Como el queso azul.

“Me sentía malota con mis amigas cuando decidimos reunirnos en el sótano de mi edificio para probarlo, ¿Quién dice que a los 14 se es un ser racional?”

Las personas siguen fumando por varias razones: conoces gente nueva, entras en un club tácito, le encuentras función a la cartera de noche, te ves maduro, descubres que es un excelente calma ansiedad, o simplemente no tienes idea.

“ Descubrí que era tremenda forma de conocer chamas, les prendes el cigarro y ahí arranca todo ”

La gente deja el cigarro o sigue fumando según la junta: si tu grupo de amigos fuma, tú fumas.

Si tu familia fuma, tú fumas. Si tu novio fuma, tú fumas. Sirve al revés y con dejar el hábito, sin embargo no es un principio absoluto.

“Mi novio decía que besarme era como lamer un cenicero, le dije entonces que besara a otra. Gané esa.”

Los fumadores están bien conscientes del efecto dañino del cigarro: hoy en día es hasta insultante ignorar que los cigarros son palitos-de-cáncer, por tanto quien tenga más de dos dedos de frente decidirá dejarlo.

“Trato de ignorar lo que me hace el cigarro, incluso volteo las cajas que tienen la imagen del feto mal formado”

El cigarro juega de perfecta muletilla: para el penoso, el ansioso o el incómodo, este es la mejor arma (de doble filo).

“Si fumo doy la impresión de que tengo algo que hacer incluso cuando estoy solo”

Todos los fumadores parecen tener el propósito de dejarlo: aunque no se tenga fecha tope, los fumadores viven engañándose poniendo fechas para renunciar.

“No te puedo contar la cantidad de lunes que he dejado el cigarro”

Vivimos en la era all green: en un mundo donde ser vegan, agave-lover, furr-hater, tree-hugger, reciclador orgulloso y pacifista espiritual está de moda. El alquitrán tóxico está super out.

“Fumar ya no es hipster, al menos que metas el tabaco e una pipa. Que horrible es el mundo”

Es de suponer que el cigarro es de ociosos, que son una raza extinta y que queriéndolo o no, son cada vez más segregados y despreciados por la sociedad.

Tal vez lo que está de moda viene en una forma más “verde” y natural que también se fuma. (wink wink)

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