El mundo le está restando importancia a los métodos de educación

Una pregunta que siempre me ha dado pena preguntar es, ¿acaso alguien se acuerda de la mayor parte de lo que aprendieron en el colegio?

Estoy un 97.1% segura de que la mayoría solo se acuerda de que aprendió a leer, a multiplicar, a lo que pasa cuando te sientas en un chicle y calcular cuántas empanadas te puedes comer con la mesada de tus papás; de resto, creo que todos tenemos un abismo negro de nuestra educación básica (exceptuando una que otra cosa, claro). Pero la razón de eso no es que hayamos sido unos flojos o tuviésemos alguna dificultad cognitiva; se trata de que prácticamente nos enseñaron a responder un examen, no nos enseñaron a aprender. A que nos guste aprender.

Nuestro plan de evaluación, o al menos aquí en Venezuela, siempre ha sido muy simple desde que tengo memoria: tienes las fechas de los exámenes, qué porcentaje tiene cada evaluación en la nota final y alguna que otra actividad tipo “participación en clase”, “maquetas creativas que hará tu mamá a última hora” y el temido “rasgos” que era para tu presentación personal.

Así funciona el sistema. Pero, ¿acaso no se han dado cuenta que ese sistema no funciona?

De esto me di cuenta cuando vi que la estudiante que tenía el mejor promedio de mi salón y que era adorada por casi todos los profesores, tenía un sistema nervioso de hierro cuando se trataba de copiarse en los exámenes. Total, ¿qué importaba con tal de terminar sacando 20? Con este método educativo, es todo lo que importa.

¿Cómo es la educación en el resto del mundo?

Lo cierto es que las cosas se deforman cuando cambias de perspectiva. Si te vas a Japón, Estados Unidos, Finlandia o incluso a Australia, el sistema educativo estándar está casi tan podrido como el yogurt que lleva años en la nevera de tu tía.

Así que si retrocedemos desde nuestras aulas de clases a los salones de nuestros profesores, encontramos una motivación y un recorrido distinto al resto de los países en el mundo. En Australia solo hace falta estudiar tres años y algún que otro seminario para calificar como educador, mientras que en países como Finlandia o Japón ser profesor tiene casi el mismo estatus que tendría un doctor o un abogado, porque solo los mejores de los mejores pueden calificar.

Y tampoco se trata solo de la trayectoria profesional de la persona que va a educar a los niños del mundo, se trata también de la disposición para ello, y ¿cómo se demuestra esto? Con la variación y experimentación de métodos para educar a gente capaz que sepa algo más que elegir la respuesta correcta en una prueba de Historia.

Las materias estándar suelen ser Inglés, Matemáticas, Ciencias Sociales e Historia, pero lo que muchos pasan por alto es que la integridad de un estudiantes, pocas veces se forma dentro de una de estas materias.

Según The Guardian, hay muchas prácticas alrededor del mundo que fácilmente pueden implementarse tanto en los salones de clases como fuera de ellos. Por ejemplo en Japón, una costumbre es que estudiantes y profesores tomen la batuta de la limpieza de las instalaciones, suena un poco perturbador pero quita por completo la barrera entre alumno y profesor (además de enseñar algo de humildad). En Nueva Zelanda, el método se basa mucho en las organizaciones estudiantiles, los mismos estudiantes son los encargados de realizar eventos de Navidad, bailes, y más.

Ahora, ¿cómo es en Venezuela?

En Venezuela la educación está tan destrozada como el resto del país. Hay universidades que ofrecen becas completas en el área de Educación porque NADIE quiere meterse en ese rollo. Y la razón es muy simple: en crisis, nadie (y a la vez todo el mundo) tiene como prioridad la calidad de enseñanza.

Existen otras razones:

  • Bien se sabe que en gobiernos autoritarios, tener un sistema efectivo de educación es contraproducente. Así que los estudios se ven comprometidos con intenciones políticas que ensucian cualquier intento de reforma en el método educativo.
  • Por otro lado, ser profesor acá no permite llevar pan a la mesa. Así que nuestros profesores pierden disponibilidad o calidad para “matar tigres” (hacer trabajos paralelos) para costearse una vida.
  • Las entidades educativas tienen que pelear por su autonomía...y casi siempre pierden. Porque una vez que son reguladas por el gobierno, la calidad se estrella contra el piso.
  • Todo esto también afecta la motivación del estudiante, claro.

El año pasado, el secretario de educación del estado Miranda (litoral), Juan Maragall, explicó que el total de niños y jóvenes que habían dejado el colegio en ese estado fue de 10 mil, 9% de educación básica y 13% de educación superior, de acuerdo con el diario El Nacional.

Traducción: cuando hay crisis, la educación no da calidad de vida a corto plazo. Y todos ignoran que a largo plazo es la única solución.

¿Cuáles son otras barreras para la educación en el mundo?

Además de un gobierno autoritario e incompetente, otras causas por las que la educación está en peligro son:

  • La ausencia de inversión por parte de los gobiernos para la educación.
  • El costo de las matrículas.
  • La escasez de programas para niños con dificultades.
  • La distancia entre los hogares y las escuelas (que también puede deberse a una cantidad reducida y selecta de entidades educativas).
  • La capacitación de los educadores.
  • La ignorancia que tienen los colegios sobre la importancia de la salud y la nutrición en los colegios (eso va para la señora que hacía empanadas raras del colegio).

En fin, son muchos los conflictos que afectan a los salones de clases, e incluso se convierte en una paradoja cuando nos damos cuenta que la educación es la única salida. Debería ser nuestra máxima prioridad.

Sin embargo, cuando se trata de sobrevivencia, las prioridades se vuelven un ocho.

"We prepare children to learn how to learn, not how to take a test”.

Así lo dijo Pasi Sahlberg, antes profesor de matemáticas y física y ahora parte del Ministerio de Educación y Cultura de Finlandia (uno de los 10 países con la mejor educación en el mundo).