Las dos mujeres que revolucionaron los desnudos femeninos de Playboy - The Amaranta

Las dos mujeres que revolucionaron los desnudos femeninos de Playboy

Tanto delante como detrás de la cámara.
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Sasha Bograd

Sasha Bograd

Playboy siempre ha sido controversial; entre acusaciones por tachar a las mujeres como objetos sexuales y críticas que se dirigen más a los desnudos que a su contenido editorial, muchas veces hemos desmoralizado y subestimamos el impacto de Playboy en la sociedad.

Sí, quizás toda la idea de la revista nació con el fin de vender más copias por el hecho de mostrar tetas y nalgas; quizás los desnudos fueron los que los ayudaron a pagar las cuentas, pero considerando que las primeras portadas se convirtieron en el hogar de los sex symbols más icónicos de la época, acabaron con ciertos tabús, hablaron sobre la sexualidad femenina y establecieron estereotipos que hasta hoy día prevalecen, nos guste o no, Playboy tiene un papel importante en la cultura.

Hasta hace nada la revista había decidido dejar los desnudos y separarse de su trayectoria original; el rebranding cayó bien y cayó mal, cada quien tiene su opinión al respecto. Lo que sí está claro es que el break de carga gráfica sexual no duró mucho, y en menos de un año decidieron volver a sus raíces y “recuperar su identidad”, solo que esta vez con la promesa de que evolucionarían al mismo ritmo que los roles de género en la sociedad.

Aunque de cierta forma, siempre han estado en sintonía, por no decir un paso más adelante, de la sociedad. Los estigmas sociales fueron muy poca cosa para ellos en 1953; sin embargo, el equipo que trabajaba en pro de acabar con ellos, muy pocas veces incluía a mujeres.

Es decir, todo estaba bien con Pamela Anderson como protagonista de la edición del ‘89 pero firmar un contrato con una mujer completamente vestida para retratar la imagen parecía más un desafío.

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Son pocas las que cruzaron la barrera y manejaron su visión detrás del lente de Playboy, pero principalmente, dos de ellas son las que revolucionaron el desnudo femenino más allá de las líneas exhibicionistas. Bunny Yeager y Suze Randall aportaron una perspectiva diferente a la erótica del momento y se convirtieron en fotógrafas de la revista Playboy.

En el caso de Bunny, su estética era un poco más recatada y sensual. No solo se limitó a estar detrás del lente, sino a posar en frente de él. Su creencia en el poder de la cámara como método terapéutico para mejorar la opinión sobre una misma la llevó a escribir libros como How I Photograph Myself y Art of Glamour Photography, y fueron sus autorretratos los que la convirtieron en una referencia tanto para las viejas generaciones como para la nuestra.

En los 50’s, Bunny Yeager era la única mujer conocida por tomarle fotos a otras mujeres desnudas; pero su principal opción no era comenzar por este camino. Como modelo, necesitaba un amplio portafolio pero los costos eran demasiado elevados y los fotógrafos más baratos no alcanzaban sus estándares de calidad. Decidió incursionar en la fotografía y se inscribió en varios cursos, hasta el punto que se dio cuenta que era mucho más ingeniosa que la mayoría de los fotógrafos con los que le había tocado trabajar. Así que decidió hacer una vida de eso.

Con ánimos de mostrar su trabajo, seleccionó una revista que acababa de salir, Playboy, porque las probabilidades de que una publicación no reconocida aceptara fotografías de una amateur eran más altas.

bunny

Para Bunny Yeager, su éxito no fue fortuito. Según ella, todas las niñas del medio querían trabajar junto a ella porque “sabían que no me aprovecharía de ellas”. Sus amplios conocimientos y su afán por promover la diversidad en anatomías, incluyendo mujeres con curvas y celulitis porque “no le gustaba la delgadez” la hicieron sobresalir en la industria.

“Quiero ver a una modelo que tenga carne y hueso. Para moda tal vez sean preferibles mujeres delgadas, a las que le queda mejor la ropa; pero si quieres enseñar a la mujer necesitas formas, contenido” - Bunny Yeager

Bunny no ofrecía la misma visión de “lo que los hombres querían ver”, sino que se apegaba a su línea de personajes pin-up, con ambientes diferentes a los que los demás fotógrafos retrataban y la idea de “mantener la sensualidad” en vez de un primer plano de piel.

Autorretratos de Bunny Yeager.

Autorretratos de Bunny Yeager.

Al igual que Bunny, Suze Randall se enfrentó a una industria en el que el papel de las mujeres se reducía a posar delante de la cámara o sonreír toda la noche en las fiestas elitistas de los empresarios. Su carrera como modelo comenzó con un anuncio en el periódico, al que respondió por problemas económicos. Tras una probada de este mundo, tomó la decisión de gastar su primer sueldo en una cámara Nikon, el resto es historia.

De nuevo, fue su visión la que le ganó prestigio en la industria. Al principio no fue fácil, ni en Playboy, cuando su equipo de trabajo se negaba a ayudarla porque no estaban acostumbrados a trabajar con una mujer al mando. En cambio, ella siempre mantuvo que “como fotógrafo, tu calidad depende de lo bien que se sienta tu modelo”, así que, aunque muchas veces le tocó cargar su propia película, su prioridad era la relación modelo-fotógrafa.

“Es una mujer que me ha inspirado en muchas maneras. Recuerdo que estábamos en México haciendo fotos en una roca en medio del mar. Suze acababa de dar a luz y tenía en una mano la cámara y en otra al bebé, al que le estaba dando el pecho. Ella me enseñó que puedes hacer casi todo lo que te propongas, estar en la industria y ser una mujer de negocios, respetada por todos” - Ginger Lynn, una de las modelos que trabajo con Suze.

Aunque Bunny y Suze mantenían presente que el contenido que creaban iba especialmente dirigido para los hombres, su modus operandi era totalmente opuesto al que los demás manejaban en la industria. Quizás no recibieron el mérito que merecían en el momento, pero años después somos nosotras las que queremos hablar de ellas. 

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