He ahí el dilema

La depilación, aunque parezca cosa moderna,  a veces pegostosa y dependiente de costosos procedimientos, no nos pertenece a nosotras las hijas del nuevo milenio. De hecho tampoco le pertenece a nuestras madres. Y si mi investigación no se equivoca, ni siquiera es de la época de nuestras bisabuelas.

En la era de las cavernas se ha encontrado evidencia, que los hombres usaban piedras afiladas para recortarse la barba. Así que duélale a la feminista que le duela, inclusive esta práctica tan de moda en las mujeres contemporáneas, nace a partir de iniciativa masculina.

Cleopatra se depilaba con una mezcla de sangre de animales, cremas hechas de pastas de gusanos y mezclas pegajosas hechas a base de miel con limón, azúcar y aceite.

Por su parte, si Helena de Troya no fuera solo un personaje mítico, seguro se hubiera depilado, ya que en la Antigua Grecia el cuerpo sin pelos era representación de belleza y juventud. Probablemente usaba velas para quemar los vellos, piedra pómez, ceras hechas con sangre de animal, resinas, cenizas y minerales.

Las mujeres romanas, decididas a lograr su objetivo como los emperadores, desde la adolescencia se dedicaban a arrancarse los vellos púbicos con pinza. Mis respetos, damas.

La cultura milenaria de la India fue la primera en desarrollar la técnica de la depilación con hilo. De nuevo, mis respetos.

En una nota arriesgada y de medio autoflagelación, en la Edad Media se depilaban las cejas con una mezcla de cal viva y arsénico.

Esta técnica es la culpable de los recortados y geométricos arbustos que podemos apreciar en los desnudos de Tres Gracias de Rubens, por ejemplo.

Con todo este cuento —que da un poco de grima— sobre la historia de la depilación, quiero rescatar que desde que en la tierra caminó una mujer sacada de la costilla de un hombre, nosotras hemos luchado ferozmente con insectos, sangre, sudor, lágrimas y arsénico; mientras los impulsos naturales de nuestro cuerpo lo hacen tupido como una alfombra persa. Bueno, así ha sido toda la vida obviando ese lapsus en los ochenta en el que a alguien, que se hartó de los gritos en el cuarto de depilación de su peluquería, se le ocurrió poner de moda el vello corporal. Mis pequeños y más o menos desagradados respetos a ti también.

Antes de seguir con el planteamiento de este artículo, vuelvo a reiterar frente a ustedes: a pesar de ser feminista empedernida, apoyo por completo la depilación corporal y facial. “Wao, qué intensa”. Sí, lo sé, pero para aquellas personas malinformadas que piensan que el feminismo son axilas peludas, actitud de p*rra y odio a los hombres, dicen que no sé de lo que hablo. El verdadero feminismo apoya el hecho de que la mujer sea libre de hacer con su cuerpo lo que le provoque con completa libertad. Eso incluye quedar lisa como una Barbie o parecer prima segunda de Chewbacca.

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La solución perfecta para las lágrimas que han corrido por las mejillas de cuanta mujer se haya depilado en el curso de la historia, se limpiarían con sonrisas si alguien en el mundo inventara una pastilla mágica que provocara que todo vello no deseado se cayera por sí solo. Pero terminando el 2018 no veo avances en esta materia, así que lo lamento, hermanas, pero no creo que esta solución llegue pronto.

Tomando en cuenta que no hay respuesta indolora, gratis o poco engorrosa para nuestra problemática milenaria, hemos tenido que escoger en varias ocasiones, aquellos eventos que merecen que nos tomemos el tiempo para despojarnos de nuestra alfombra. Al menos que seas lampiña, en ese caso este artículo no es para ti. Y te odiamos.

Eventos en traje de baño, por ejemplo, están en el tope de la lista de casos que ameritan depilación. El uso de una falda o short, el de una camisa sin mangas y bueno, el hecho de que muchas de nosotras no disfrutamos andar caminando por el mundo como Frida Kahlo, significa que debemos tomar riendas constantemente en el tema del vello facial.

Y sí, mi compañera de mente sucia, saber que vas a tener relaciones íntimas también es un caso para el cual la mujer común se depila. De hecho, es el nudo y tema a tratar de este artículo, pero la conversa estaba muy buena en la introducción.

Saber que se va a tener sexo o la expectativa de él, provoca en nosotras mujeres, además de una preparación mental y emocionante; una ceremonia sagrada en la cual sometemos nuestro cuerpo a metamorfosis de oso a diosa griega. Bailamos en la ducha felices, cantando y pensando que esa noche tendremos acción.

Pero dícese de una leyenda urbana en la que, de no querer sucumbir a las pasiones carnales y entregarse a la cama en una noche específica, para controlar los impulsos la mejor herramienta es no depilarse.

Digamos por ejemplo, que llevas unas tres citas con un niño que te gusta bastante y que por x o y razón no quieres entregarte en cuerpo y alma al cuarto encuentro (aunque si de verdad lo quieres hacer, fino, aquí nadie juzga). En ese caso, antes de salir de tu ducha tomas la decisión de no tomar en tus manos la afeitadora para dejar el abrigo de invierno en tu zona sur. De esta forma, si los besos se tornan muy calientes y tu líbido está empezando a volar por sí solo, el recordatorio de que no estás depilada es la decisión final que pone el hielo en la situación.

La leyenda presenta el hecho de la “no depilacióncomo un aliado para el autocontrol. A fin de cuentas estoy segura de que todas sabemos, la carne es débil.

Este planteamiento lo vi más recientemente en una muy buena película peruana en Netflix que se llama Soltera Codiciada, a esta leyenda la bautizaban así:

“El depilarse para que pase o no depilarse para que no pase”.

Cualquiera con mente muy cínica diría que esta movida es solo para aquellas mujeres de moral dudosa que “no saben controlarse”, lo que sea que eso signifique.

Otros un poco más hippies podrían reclamar el hecho de que si quieres tener sexo, la presencia de vello púbico no debería frenarte y que si te detiene es porque eres una hija oprimida del capitalismo y la derecha, lo que sea que eso signifique también.

Indagando y preguntando un poco sobre el tema, descubrí que es una cosa que hacen muchas mujeres y que no sabían que otras también lo practicaban. Así que aquí hagámoslo presente y popular para todas y bautizémoslo con el nombre de “No depilarse para que no pase”.

Supongo que los dos puntos de vista, tanto el recatado como el mariguanero tienen razón. En teoría uno debería saber controlarse y en teoría las ganas no deben ser cohibidas por algo tan diminuto como los pelos.

Pero, la práctica dice que la leyenda es cierta.

Entonces: unidas mis hermanas, contra la lucha de los vellos y contra el callarse tips como estos.