Sí, soy una ‘girly girl’, ¿cuál es el problema?

Limpiar, tener hijos, casa, cocinar, tejer, familia, coser, cuidar, dependientes, esposas, hijas, mimar, rosado, vestidos, maquillaje, high heels: son cosas con las que identifican a las mujeres y que la gran mayoría de nosotras rechazamos diciendo “soy un macho” o “soy más tipo que mi hermano”, ¿o no?

Intentamos ser más hombres que ellos, usando ropa oscura, viendo cosas violentas, escuchando música “para tipos” y actuando como ellos, solo para no aceptar que somos femeninas, para que nos tomen en serio y no seamos la típica fan de Britney de los noventa.

Pero, ¿por qué pasa esto? ¿por qué no podemos aceptar que en realidad somos niñas a las que les gusta ser lindas, nos gusta vernos bien y a la vez, ser independientes con ideales y metas? ¿deberíamos de aceptar que en realidad somos así?

La hiperfeminidad y el constructo de la mujer femenina

En el capítulo llamado Femininities and Schooling en The SAGE Handbook of Gender and Education, cuentan que la hiperfeminidad (o el constructo de girly-girl) es “una posición sin poder, una que está definida por la ausencia del poder inherente no solo en la masculinidad hegemónica, sino por virtud del patriarcado y, el constructo dual de masculinidad y feminidad, todas las masculinidades” (este capítulo fue escrito por Carrie Paechter, profesora de Nothingham Trent University).

O sea, desde la base de nuestra cultura, solo se ve a las mujeres como el estereotipo de una persona superficial, sensible, empática y amable, como cuentan en Psychology Today y vemos a los hombres como fuertes, confiados, poderosos e imponentes.

La mejor descripción de ese constructo es Elle Woods al principio de Legally Blonde: una mujer que solo viste de rosa, se interesa por cómo se ve, no es capaz de ser independiente, le interesa ser perfecta visualmente, etc. Pero, ¿realmente es así? ¿realmente nos vemos como unas tontas?

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Una cosa es cierta y es que este constructo de la mujer hace que tengamos menos oportunidades porque el sexo opuesto nos ve como que no somos capaces de lograr cosas, que no nos interesa sino estar pendiente de nuestro cabello y cosas por el estilo, cuando una cosa no tiene que ver con la otra, como dicen Becky Francis, Louise Archer, Julie Moote, Jen de Witt y Lucy Yeomans en Femininity, science, and the denigration of the girly girl, para el British Journal of Sociology of Education.

El feminismo y la feminidad

Las mujeres somos capaces de interesarnos en otras cosas y no tenemos que intentar ser un macho man para que nos tomen en serio. Para esto, lo primero que deberíamos de hacer es aceptar que ser mujer no significa ser débil, usar un color claro no significa que seamos tontas.

Es importante saber que el feminismo y la feminidad no son excluyentes, no vamos a poder seguir cambiando la cultura global, si seguimos pensando lo contrario. Al ser feministas, no significa que todas tenemos que ser tomboys, groseras y usar ropa de hombre. Tampoco tenemos que juzgar a las que siguen el patrón porque son iguales a nosotras, solo que aceptan sus gustos.

Porque podemos combatir al patriarcado usando un vestido y nail-art, no tenemos que imitar a los hombres para que nos escuchen y logremos un cambio.

¡Basta!

Yo estoy consciente de que ellos no nos toman en serio la mayoría de las veces, porque sentimos que van a decir que somos tontas, sensibles, aniñadas, débiles y vulnerables; pero no deberíamos cambiar por la sociedad tradicional, tenemos que aprender a aceptarnos tal cual somos. 

Siempre buscarán algo y dirán que es nuestra debilidad para no tomarnos en serio como que somos muy dominantes, que parecemos unas z*rras o muy felices, o muy sweet porque ellos quieren que nosotras permanezcamos ignorantes y sigamos siendo las sumisas de ellos, porque son inseguros. 

Decididas e inteligentes, usando una falda, escuchando Oops I did it again y bailando ballet, también usando un traje, teniendo el cabello corto: lo que desees, solo tenemos que abandonar esa percepción obsoleta que nos destruye la vida, queriéndonos y aceptándonos entre nosotras, para poder decirles a los hombres “in your face, sucker” como Elle Woods.