¿Pero por qué no metiste el cluuutch?

Para algunos, manejar sincrónico es la única manera de ser un chofer respetable. Saben, “por la ciencia que hay que meterle al manejo”, y por eso de “tener el control total del carro”, y todos esos argumentos que un pro sincrónico jamás se cansará de repetir.

A otros no nos importa ser catalogados como flojos y preferimos a toda costa manejar un carro automático. ¿Para qué complicarnos la vida, si ya en muchos países los carros sincrónicos son obsoletos? Solo quedan los carros deportivos, y de broma.

Existen también aquellos que aprendieron recién graduados del colegio a manejar sincrónico, en un carro doble pedal de autoescuela, pero luego tuvieron carros automáticos y los aprendizajes impartidos quedaron en el baúl del olvido, porque ni un recuerdo les queda. (Me incluyo)

Aunque, como la vida da muchas vueltas, por diversas circunstancias, aquel que defendía sus cambios automáticos y no aprendió a manejar sincrónico, le tocó sin ningún aviso previo, un carro con tres pedales y una palanca con cinco cambios más retroceso. Y pues, no iba a quedarse pedaleado por no querer aprender a manejar.

Y como ninguno nació manejando como Schumacher, agarrarle el tumbao a la cosa dejó más de una anécdota graciosa, y más de unas cuantas gotas de sudor tanto en el asiento como en el volante. 

Aquí se las contamos:

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“Aprendí a manejar sincrónico hace mil años. Sabes, en esos tiempos en que a todos nos estaban dando carro y todos queríamos saber manejar lo que viniera. Pero luego siempre tuve carro automático y la verdad es que se me olvidó cómo era la cosa. Hace dos meses me compré un carro nuevo y sorpresa, era sincrónico. Tampoco es que necesitaba clases de nuevo ni mucho menos, pero necesitaba un tiempo para aprender. Como estaba algo "fiebrúo" no le paré y salí a manejar solo, y me paré en una panadería cerca de mi casa. Todo iba bastante bien, fui evitando a toda costa cualquier subida, hasta que se me complicó la vida. Un carro me estaba trancando de frente y a juro tenía que meter retroceso para poder irme, y por más que le daba a la palanca nada que entraba el cambio. Tuve que esperar como veinte minutos a que el carro se moviera para poder salir de frente. Luego me enteré que el cambio del retroceso se metía subiendo un gancho en la misma palanca. Qué iba a saber.”-Andrés.

“Mi primer carro sincrónico fue a los treinta y tres años, después de haber manejado automático toda mi vida. Me daba demasiado estrés manejar sola, me sentía brutísima. Cada vez que me metía por una subida tenía que llamar a mis hermanos que siempre habían tenido carro sincrónico para ver qué velocidad era la que tocaba. Imagínate el show. Muchas veces tuve que bajar el vidrio y hacerle señas al carro de atrás para que no se me pegara tanto, me daba demasiada angustia.” -Mi mamá.

“Una vez vi como una niñita de siete años bajaba el vidrio y le gritaba a un carro: “aléjese, aléjese que mi mamá no sabe croche”. -Carola.

“Literalmente se me apagaba el carro cada tres segundos. Se me olvidaba meter el clotch, me daba pánico cruzar. Pero la peor experiencia fue en la subida más heavy de Valencia, porque me tocó buscar a una amiga ahí. Creo que casi quemo la caja de velocidades en ese episodio. Sudaba, temblaba, metía freno de mano, y así en repeat, y con todo y eso nada que lo lograba. Estuve a punto de parar a cualquier carro que pasara para que alguien manejara el carro por mí, pero era un exceso, iba a terminar sin carro. Terminé pidiéndole a otra amiga que buscara a la chama, fue misión imposible. -Eugenia.

“Me mandaron a buscar a mi hermanita al colegio justo cuando me acababan de dar mi primer carro sincrónico. All entrar al estacionamiento me acordé que salir de ahí sería complicado porque la subida era forzada. Había bastante cola cuando me tocó empezar a subir y el carro empezó a corcobear y a apagarse. No me dí mala vida y de una le pedí al vigilante que le dijera a los carros de atrás que me dieran espacio para poder salir. Piqué cauchos y todo el mundo se estaba burlando, pero al final lo logré.” -Martín.

“En dos oportunidades le llegué a dos carros por no meter el freno de mano a tiempo. Llevo cinco años manejando sincrónico y hasta el sol de hoy las subidas me dan de todo.” -Geraldine.

“Como hago motocross me tocó comprar un camión gigante para poder llevar la moto a las competencias en otros estados. Entonces no conforme con las dimensiones absurdas del camión, tenía también el rollo de las velocidades. A los pocos días tuve que sacarlo y me agarró un colón. Entre calcular no llevarme por delante a medio mundo y las velocidades, me estaba volviendo un cul*. No paraban de tocarme corneta, del estrés se me apagaba el camión, el cual de paso tenía un truco para prender. No conforme con todo esto, un camionero empezó a gritarme que era un inútil y que tenía que enseñarme a manejar”. -Carlos.

“Ya tenía más o menos tiempo manejando en Valencia y me tocó ir a Caracas. Ya llegando, en las subidas mi copiloto tuvo que meterme freno de mano porque el carro se me apagó e íbamos a chocar a dos más que estaban atrás.” -Ricardo.

Lo bueno de estas experiencias es que pasan volando. Con un poco de práctica, en varias semanas todas quedan en anécdotas graciosas, y rara vez vuelven a ocurrir.

Aunque nunca falta un distraído que todavía sigue quemando clutch.

Luego es común ver que cuando les toca agarrar un carro automático, todos los que ya se acostumbraron a manejar sincrónico tienen que pisarse el pie para evitar la tentación de pisar el otro pedal.

Así que podrás ser el hazmerreír los primeros días, pero luego estarás listo para ser piloto de F1.