Ninguno se salva

Nada más vinculado a la vejez que las canas. O al menos eso es lo que siempre nos han hecho creer desde pequeños.

En esos tiempos nos encantaba ver a los viejitos con sus cabezas de algodón, y realmente nada nos parecía más adorable. Ni hablar a la hora de tener que pintar a nuestros abuelitos en las actividades escolares, esas melenas iban en escala de grises, fijo. Además nos emocionábamos porque finalmente podríamos utilizar el color blanco.

Sin embargo, con el paso de los años estos pensamientos fueron cambiando. Más aún cuando nos enteramos que no teníamos que ser necesariamente viejos para visualizar nuestras primeras canas.

Porque si de algo estamos claros, es que cuando le salen a uno, automáticamente dejan de ser cuchis.

Ahora es sumamente común ver a personas muy jóvenes con más de una cana. Y cuando hablamos de jóvenes, nos referimos a adolescentes, y todo. Incluso, recuerdo que en el colegio había un niñito de ocho años que estando apenas en segundo grado, tenía un lunar de canas.

Realmente estos pelos despigmentados no respetan, ni creen en edad, ni en nada.

Ver relacionados:

#CuéntameMás: aversión a las tareas del hogar

#CuéntameMás: las locuras que hice recién graduado

Por lo tanto queríamos recabar los testimonios de todos aquellos que han sido víctimas de las canas, y su reacción cuando se consiguieron la primera:

“La primera vez que me vi una cana estaba manejando. Vi un pelo plateado que parecía un hilo grueso, o más bien un alambre. Entré en crisis y empecé a tratar de arrancármelo viéndome por el retrovisor. Por andar en eso casi me llevo por delante a una infeliz que iba pasando. Obviamente no logré quitármelo. Y bueno a la mujer no le pasó nada. Menos mal.”-Alejandra. 

“No me he visto la primera, pero cuando la vea seré feliz. Mi sueño es tener el pelo como Daenerys Targaryen, así entre amarillo y plateado. Me lo haría pero el Olaplex es muy caro y aquí en Venezuela te parten el pelo con la decoloración.” -Verónica. 

“Estaba pasando por un espejo grandísimo que hay en mi sala cuando me vi algo brillando en la cabeza. Cuando me acerqué la vi y casi me da una v*ina. Me la iba a arrancar pero me acordé de esos mitos de abuela que dicen que si te la arrancas salen más, entonces fui corriendo a buscar una tijera. Me la corté mal entonces quedó como una especie de cañón brillante y no lo aguanté. Inmediatamente me la arranqué de raíz. Desde ese día me he visto varias más, pero trato de fingir que no las veo.” -Karen. 

“Me vi la primera hace como tres meses. No estoy en edad de canas, pero ajá. Me la arranqué sin pensarlo porque mi abuela llegó a los ochenta sin canas, y me dijo que era porque se las arrancaba todas. Guerra avisada…” -Andrea.

“¿Traumático? ¿Por qué? Si más bien a las mujeres les encantan los tipos canosos.” -Jorge.

“Ay, a mí me parece muy normal. No es que quiera tenerlas, pero es algo que tiene solución. Te las arrancas o te las pintas, y listo.” -Valeria.

“Yo estudiaba con una chama que a los diez años se vió su primera cana. Era un tema de herencia, la mamá y el papá tenían canas desde niñitos. A la pobre no le pudieron dejar una herencia millonaria, un imperio, una mansión, ni otra cosa sino CANAS. Como ocho años después tuvo que empezar a pintarse el pelo y quedó totalmente esclavizada de por vida. Literal se lo pinta y ya al día siguiente se le ven.” -Mariana.

Como ya estamos claros que las canas no nos van a perdonar, mi consejo es que nos lo tomemos con soda.

Y si necesitamos un poco de apoyo extra para aceptar nuestras canas, siempre podemos ver fotos de la editora de Vogue UK, Sarah Harris.