Anécdotas de fiascos y frustraciones en la cocina - The Amaranta
Algunas veces, ni Tasty puede ayudarnos

Desde lo más básico, hasta lo más complejo. No existe problema que no podamos solucionar con la ayuda de Google o con un tutorial de YouTube. Pero hay veces en que ni estas herramientas solucionadoras de vida, pueden hacer el milagro.

Está demostrado: ni siquiera Tasty, el recetario más sencillo y tentador, el cual nos hace creer que cocinar es tan fácil como delicioso.

Está demostrado: no importa qué tan fácil pueda ser la receta, a veces las cosas salen mal y tenemos como resultado un verdadero desastre en la cocina.

Es más, me atrevo a decir que el dicho “lo que empieza mal termina peor”, lo creó alguien que se le enredó la vida preparando un plato.

Por eso, en el #CuéntameMás de hoy les traigo los peores fiascos, traumas, fracasos, desastres y todos los sinónimos existentes, que ha vivido más de uno en el lugar más temido: la cocina.

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“Una vez quería lucirme con un ponqué de cumpleaños para una reunión que tenía. De verdad la cocina siempre se me ha dado bien y no es por presumir pero mis postres son divinos. En fin, salí a ponerle canela al ponqué, cosa que jamás hago y resultó que era una especia árabe. Incomible, directo a la basura”. -Cori. 

“Si te soy sincera, jamás he tenido mucho interés en la cocina. Pero desde que me mudé sola me tocó interesarme más en el tema. Un día decidí hacer una tortilla española. La verdad es que la receta estaba algo rara, sobre todo por la cantidad de ingredientes cuando era una tortilla para dos personas. En fin, me puse a hacerla. Siempre he sido quisquillosa con el tema del aceite y no le puse mucho. ¡Craso error! Todo empezó a pegarse de tal manera, que nada se cocinó y terminé botando absolutamente todo. Ni las papas se salvaron”. -Manosalva. 

“Mi roommate ahumó el techo de la casa haciendo cotufas, imagínate. El aceite debe haber estado ahí desde la época de la colonización y ella decidió usarlo para hacer las cotufas de sartén. Lo dejó quemar o qué sé yo, cuando oí la gritería; la llama daba al techo. Apagarlo fue un tema y hasta el día de hoy, la mancha nos recuerda el incidente. Desde ese día, la mujer tiene miedo hasta de prepararse un sánduche”. -Manu. 

“El tema de la sal y el azúcar ya es parte de mí. He dañado platos enteros por equivocarme, desde avenas, pasando por caraotas y hasta postres. Una pesadilla”. -Zully. 

“Una vez estaba derritiendo un chocolate para hacer una marquesa. Todo iba bien, sin ningún inconveniente, hasta que se me derritió el dedo mágico. Sí, pues, sin comentarios”. -Julia. 

“Estaba saliendo con una chama y se me ocurrió la brillante idea de hacerle una pasta. Soy italiano, crecí viendo a mi familia cocinar, nada malo podía pasar. Pero pasó. No sé por qué, pero la salsa no sabía como quería, empecé a inventar y a ponerle ingredientes que no debía. ¿Sabes cuando las comidas saben a tanto que no saben a nada? Bueno. Como si fuera poco me distraje y la pasta se pasó de cocción y quedó aguadísima”. -Rocco. 

“Hace años hice un gratén, pero mientras lo estaba preparando se me cayó un envase de vidrio encima. Le quité los vidrios que más se veían y ya. Estaba negada a botarlo porque estaba listo y era gigante. Luego cuando mi familia lo probó empezaron a decir que tenía piedras, ahí me dio de todo y les confesé lo que había pasado. Obviamente no me quedó más que botarlo, de paso a uno de mis hijos le dio gastritis. Me sentí horrible”. -Bad mom.

“Mis amigos siempre me piden que les cocine pasticho, tanta fue la insistencia que se los hice. Lo he preparado mil veces, pero esta ultima vez no sé qué pasó. La bechamel me quedó como una masa de pan, literalmente. Ya no me iba a poner a hacer otra y la usé así. Ese pasticho no podía tener peor aspecto. Lo bueno es que todo el mundo estaba ebrio y hambriento, entonces se lo comieron con un gustazo. Capaz sus papilas gustativas no captaron lo asqueroso que estaba realmente”. -Pastifail.