‘Sí existe, pero nosotros lo ayudamos’

Ser niño es la cosa más bella de todas. Los adultos se encargan de hacernos felices (o traumatizarnos) con historias de un ratón o un hada que te dejará dinero a cambio de tu diente o de cómo los Reyes Magos van a venir a darte presentes. 

Eso entusiasmaba, claro, pero nada comparado con el hombre con traje rojo que deseabas descubrir dejando tus regalos en el arbolito de navidad o comiendo las galletas con leche que le dejaste. Santa Claus siempre ha sido una sensación, y tanto Hollywood como nuestros padres se encargaron de brindarnos esa ilusión mágica y tierna. Pero como los trucos de cartas y Caso Cerrado, todos tienen su secreto: que no son reales.

El mundo nos va entrenando para las decepciones de la vida. El momento en el que te enteras que un anciano gordo que tiene renos voladores y una fábrica con duendes en el Polo Norte no existe, marca el fin de la niñez navideña. Algunos hicieron evidente este descubrimiento, otros lo usaron como ventaja, pero lo que sí hicieron todos fue tener más horas de sueño en vez de madrugar para abrir los regalos a las primeras horas del día.

Por eso, en este #CuéntameMás, recopilé historias de cómo los adultos de hoy descubrieron que Santa no existe.

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“Bueno, a pesar de todas las pistas evidentes, seguía creyendo a los doce años. Mis hermanos esperaron dos años a que yo cayera en cuenta. Pero bueno, hubo un día en el que le pregunté a mi mamá seriamente si Santa existía. Me dijo que no y me puse muy sentimental. Luego me acordé que mi hermano lloró cuando se enteró que el ratón Pérez no existía y se me pasó”. -María Corina, 20.

“Yo nunca tuve esa charla, nunca me pararon de hacer Santa sorpresa jajajaa”. -Alexandra, 20, la más bendecida de este grupo de personas.

“Una vez mi mamá se puso brava conmigo y me gritó y que ‘¿SABES QUÉ? SANTA NO EXISTE C*RAJO’, fue todo un show”. -Federico, 24.

“Escuché a mi tío en la cocina preguntándole a mi mamá cuándo iba a ser la ‘distracción’ para meter los regalos en la noche sin que ‘los niñitos se den cuenta’. Ahí mismo les pregunté casi llorando y mi mamá trató de arreglarlo diciendo que ‘sí existe, pero yo lo ayudo, como sus duendes’. Me lo creí por un tiempo”. -Oriana, 19.

“Fue en cuarto grado de primaria. Vi a mi papá poniendo los regalos y luego no los quería. Después le dije a todo el mundo en el colegio”. -Ana Cecilia, 20.

“Yo se lo oí a una amiga en el colegio pero me hice la loca por años para que me siguieran regalando”. -Alai, 20, víctima de Ana Cecilia.

“Yo le pregunté a mis papás porque alguien me dijo en el colegio y lloré como por cuatro días”. -Gabriela, 20, otra posible víctima de Ana Cecilia.

“Una amiga me dijo en el salón”. -Erika, 22, en representación de los otros miles de casos de shock escolar navideño.

“Escuché a mi papá diciendo que ‘qué estrés ser Santa’ y mi mamá trató de arreglarlo diciendo que lo que quiso decir era que ellos lo ayudaban y ya”. -Pedro, 21.

“Yo me enteré por un padre del colegio. Yo estaba hablando con él y le dije que me había portado mal y el Niño Jesús no me iba a traer el regalo que quería y el padre se burló en mi cara y me dijo que no existía, que eran mis papás. Cuando llegué a mi casa le dije a mi mamá. Se puso a llorar porque ella quería que siempre creyera en Santa, y me puso a ver El Expreso Polar”. -Juancho, 23.

“Estaban mi hermana menor y mi nonna discutiendo que no le podían decir a mi primito que Santa no existía. Yo toda ignorante les pregunté de qué estaban hablando y mi nonna se volteó y me dijo: ‘Es que Santa no existe’. Se me bajó el azúcar y las plaquetas del cuerpo y me puse a llorar. Mi nonna lloró también”. -Fabiana, 20.

“Una amiga le preguntó a mi mamá en frente de mí y ella no se percató que yo estaba allí y le confirmó que efectivamente no existía. Mi cara fue un poema”. -Verona, 20.

“Le pregunté a mi mamá de broma y me dijo: ‘¿No sabías? ¡Es igual que el Ratón Pérez y los Reyes Magos y todo lo demás!”. -Alberto, 21.

“Mis papás dejaron los papeles de regalo en mi clóset, jajaja y yo se lo dije a mi hermanita cuando tenía ocho años”. -Valeria, 19.

“Estábamos de vacaciones en una finca y yo hice una pataleta porque mi mamá no quería llevarme a ver los caballos. Se puso fúrica y me gritó: ‘¡Santa no existee, y como te estás portando tan mal no te vamos a regalar nada!’. Yo ya tenía mis sospechas, pero estaba en negación y le grité a mi mamá que era una mentirosa y luego se lo grité a mi hermano menor que estaba en segundo grado porque me pareció injusto que no le hubieran gritado a él también”. -Mariana, 19.

Sea Santa o “el niño Jesús” el que sorprendía cada navidad, era un ritual bello que incluso se repite a pesar de saber la cruda verdad, ya sea por tradición o porque tengas hermanitos menores.

Ahora lo que queda es la emoción y estrés más cool de todos: ser Santa.