Estamos rodeados, así que te unes o sucumbes ante la presión conversacional

Hablar paja es una forma criolla de denominar el sagrado acto de decir estupideces o cosas sin las que podríamos vivir felices perfectamente. Pero al igual que una buena cerveza de viernes por la noche o un chocolate del deseado amante, hablar paja podría hacernos el día.

Se me ocurrió la idea en compañía de nuestra directora, quien escuchaba con paciencia mi odio hacia las personas que suelen utilizar los espacios de radio para precisamente eso: decir estupideces. Haciéndonos a todos escuchar lo que dicen y peor, voluntariamente. Sin embargo me di cuenta. Hay conversaciones fastidiosas que tienen propósitos en la vida, que como una persona, llegaron en ese lugar y momento exactos para cambiarte la vida, sea para bien o para mal.

Así que decidí hacer una especie de lista mental sobre esas tertulias informales en las que debería participar activamente o conformarme con el simple papel de oyente y evitarme todo tipo de relaciones y molestias. Una lista que tal vez les pueda servir de algo en algún momento incómodo.

En un bar mientras esperas a tu amigo impuntual

Siempre pasa que mientras esperas a ese amigo que llegaría tarde hasta para su funeral, hay otro grupo de amigos haciendo escándalo y queriendo que todo el mundo se una a la fiesta. Entonces ahí estás tú, con la única compañía de tu cerveza y tu soledad temporal, así que ¿aceptas la invitación intrínseca o simplemente te quedas calladito? Fácil. Participa, deja la incomodidad social (que últimamente parece estar de moda) y conoce nuevos grupos, expande tu círculo sin convertirte en ese fantasma que se apareció de la nada.

No te metas, solo acepta cuando te hagan una especie de guiño amistoso. Así te vengas de tu amigo y capaz tu noche podría tener algunos plot twists.

En un ascensor que se tarde media vida

Nunca falta ese incómodo momento en el que después de un “Buenas”, un desconocido parece sacar un pensamiento en voz alta, esperando no solo que te interese sino que tengas la misma intención de compartir tu vida con esa persona. Mi recomendación es: da la mano sin que se coman el brazo. Es un fastidio elegir un tema de conversación que dure lo mismo que un viaje en ascensor, no vale la pena. Pero para esas situaciones no hay nada que una educada sonrisa y los monosílabos no puedan solucionar.

En la cola del supermercado alrededor de puras viejitas

Sí. Mil veces sí. Aunque vale acotar que este tipo de situación es medio engañosa. Casi siempre son conversaciones que solo abarcan precios insólitos, políticos retrasados y alguna que otra vecina de baja moral. Tal vez por eso son tan geniales, la creatividad aparece de forma clandestina e impresiona a todos, y la mejor parte es cuando dejas de lado el personaje de “no sé quién es esta gente” y te conviertes en “esta señora que va a ser mi nueva doctora con todos los tips de medicina orgánica que tiene en el bolsillo”.

Descarga frustraciones y habla mal del gobierno, eso es sano para el alma de vez en cuando.

Durante la inevitable procrastinación en la oficina

¿En serio me lo preguntas?

¡Claro que sí! 

Un buen compañero de trabajo va a compartir contigo videos tontos de cocina, quizzes de BuzzFeed y hasta docenas de memes. No importa qué tipo de presión haya en el ambiente laboral, siempre tienes que estar dispuesto a recibir y enviar conversaciones poco importantes, simplemente porque te hacen un poquito más feliz.

En fin, hay muchísimas circunstancias en las que definitivamente deberías involucrar tus palabras y hay muchísimas en las que no. Y la peor habladera de p*ja en la que te puedes meter es sin duda en una sobre política con tu tío de izquierda o sobre si duele más un parto o una patada en las bolas.

Son situaciones que aún no tienen solución y es probable que nunca la tengan.

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