Un abordaje poco profesional y para nada justificado

Cuando tienes veintitantos años, te enfrentas al comunismo, un sistema económico en la ruina, dogmas de fe cada vez más insoportables y una sociedad en decadencia, las crisis existenciales se convierten en el pan de cada día.

Además, si a eso le agregas una vena dramática y delirios de exageración, la frecuencia de estos episodios puede ser tan elevada como la inflación diaria.

Ver relacionados:

Para los más afortunados, explicamos las "crisis existenciales" como un estado en el que el individuo directamente cuestiona su completa existencia; e incluso, con lupa en mano, evalúa el propósito de la vida, el punto de existir y el significado o valor de la existencia humana.

Aterrizándolo a la realidad que vivimos, podemos entenderla como el vacío que sientes cuando cae tu quincena y te das cuenta que necesitas como mínimo diez vidas más para pagar el cuarto de lo que vendría siendo tu primer apartamento propio a eso de los 84 años de la décima vida. 

Con una larga lista de razones por las que podríamos tener una crisis existencial en la actualidad, es casi imprescindible que estemos preparados para las reacciones psicológicas que pueden llevarse lo mejor de nuestra juventud.

He ahí nuestra vena malintensa. Se lo advertimos.

Por tal razón, hemos preparado un kit de supervivencia poco justificado, porque lo acabamos de inventar, y con cierto grado de negligencia por su incomprobable efectividad y estándares médicos.

Esto es escasamente lo que necesitas para sobrevivir una crisis existencial en tus veintitantos; sin lanzarte todo lo que ya sabes que necesitas, porque “chocolates y amigos” ya es demasiado evidente como para en realidad ayudarte a ver la luz. 

Ponle lechuga a todo

Sí, el chocolate es rico. Lo sabemos; pero después de que tus niveles de azúcar se inflen a más no poder, puedes empezar el proceso de amor propio post decaída.

Si hay algo en tu vida que va increíblemente mal, no significa que tengas que rendirte y hacer un desastre en todos tus ámbitos. Puede que tu vida está destrozada o tus ánimos estén por el piso, pero aunque no lo creas, esa es la excusa perfecta para empezar una rutina saludable, dejar los refrescos y bajar el consumo de azúcar. 

Ahógate en las pequeñas motivaciones 

Está no-científicamente comprobado que pintarte el cabello puede darte aires para querer cambiarte la pijama y taparte las ojeras; o quizás ahorrar un poco de dinero y no gastar toda tu quincena en chocolate pueda hacerte sentir como una niña grande. 

O hasta cambiar tu fondo de pantalla a esas frases de Pinterest con escarcha y mucho rosado.

Comenzar un nuevo hábito, pintarte las uñas o ver muchas TED Talks puede, en realidad, ayudar. Encontrar un propósito pequeño va a opacar el hecho de que la vida no tiene un propósito para ti. 

Ajá, ya sabemos que no eres escritora, pero escribe

No tiene que ser tu próximo Nobel, también puede ser una lista o pensamientos al aire. Todo lo que te lleve a escribir cómo te sientes está bien. Es la manera más sencilla que encontramos para identificar lo que nos causa ansiedad, tristeza, molestia o miedo. 

Buena higiene, buena vida

Eh, sí, obviamente. La higiene es importante; por más evidente que parezca, practicar una buena higiene cuando te sientes apática con la vida es más fácil decirlo que hacerlo.

Todo el proceso de tomar una ducha, peinarte el cabello y cuidar tus dientes son pequeñas tareas que puede que no te den el significado de la vida, pero te la hacen más llevadera. ¿Quién no se siente mejor oliendo a todas las esencias que encontraste en el baño de tu mamá?

Haz que tu ambiente refleje tu estado óptimo

Volvemos al punto de no reflejar tu desastre emocional directamente en tus comportamientos; así como el resto de tu vida no debe decaer, tu ambiente tampoco debe ser tan caótico como tus sentimientos durante una crisis. 

Un ambiente caótico o sucio puede ser la cuna de sentimientos negativos. Toma el control de tu espacio al organizarlo, limpiarlo, pasar la aspiradora o rediseñárlo.