Es muy fácil ser un “douche” y culpar al gobierno.

Cuando se trata de aguantar “bullying criollo” (también conocido como chalequeo) somos unos pros, igualmente para las festividades navideñas, que nos dedicamos a hacer hallacas, bollos, gaitas intercolegiales, bazares, el arbolito, el nacimiento, el amigo secreto, todo. Pero al momento de ser unos ciudadanos decentes, ahí sí nos raspan como estudiantes de Humanidades presentando parcial de Física.

Nos quejamos cada vez que encontramos una excusa ajena a nosotros de la situación país: que si la cola para comprar pan, los huecos sin arreglar en las calles y avenidas, y hasta lloriqueamos por el clima bipolar venezolano que es capaz de hacer llover sin una nube en el cielo.

Sin embargo, hay algo del venezolano que no nos deja seguir las normas. Nos pica por dentro hacer las cosas como se debe, pues como vivimos rodeados de basura y piratería, ¿por qué no podemos hacer todas esas cosas que solo una persona indecente sabe hacer?

No dignarse a pagar el ticket de metro

¿Por qué pagar el monto mínimo de 4 bolívares cuando gasto diariamente al menos cien mil? En el resto del mundo, el metro es un gasto como cualquier otro, uno que te cuesta pero que sabes que vale la pena y que es por el cuidado del sistema. Aquí nuestro sistema huele a orine casi todos los días, así que ¿por qué seguir pagando por él?

Pero igual nos montamos ahí todos los días. No nos cuesta nada y a la vez nos cuesta todo.

¿Para qué dejar pasar a los peatones cuando me puedo parar en el rayado?

Las señalizaciones son simplemente una sugerencia, aquí realmente no importa mucho si una viejita tiene que rodear todo tu hermoso carro que está obstaculizando la vía peatonal para poder llegar a la otra acera. Ese es su problema, no el mío.

Eso no tiene importancia porque la prioridad es que yo, en la comodidad de mi carro, pueda pasar más rápido y llegar antes a mi destino que cualquier otro.

Botar basura en la calle porque esta ciudad es una m*erda igual (pero la culpa es del otro)

Cada vez que salgo a la calle, sin importar si voy a la universidad o a salir por ahí, un hedor a pupú, basura y putrefacción invade mi espacio personal sin falta. Pero ¿de quién es esa la culpa?

Yo creo que no es de la señora que deja que su perro haga sus asuntos en la mitad de la acera, ni tampoco del pobre hombre encargado de limpiar las aceras, y mucho menos tuya, que pisas esos “asuntos” y extiendes el hedor por otras tres cuadras.

No, la culpa es de Big Brother rojito que todo lo ve y no hace nada.

La comida está tan escasa que me como hasta la luz

“Soy daltónica, así que no puedo distinguir la diferencia entre el rojo y el verde” es mejor excusa que “no estaba pasando nadie, weon”.

Ni siquiera tengo que construir una gran defensa para apuntar lo chimbo que es que ignoren la luz del semáforo. Pero puedo nombrar las cosas que son más chimbas que esto:

  • Quedarse sentado en el vagón de metro alrededor de puros viejitos y embarazadas parados y muriéndose del dolor de la columna.
  • Señalar y gritarle a los que están sentados porque es divertido suponer que son imbéciles y ya.
  • Hacer pipí en la calle porque “estás borracho”.
  • ESCUPIR EN LA MITAD DE LA CALLE, porque soy puro macho y tipo serio que además hace sonidos asquerosos con la garganta antes de hacerlo.

Es fácil ser un ciudadano mediocre, pero más fácil es echarle la culpa a los demás de cómo estamos. Pero supongo que ya el tema perdió la gracia.