Cómo sentirte en vacaciones cuando no tienes vacaciones

Hay un par de cosas que puedes hacer sin necesidad de comprar un pasaje o empacar tus maletas.
Author:
Publish date:
vacations

Si bien volver a la rutina después de estar de vacaciones puede convertirse en un sentimiento amargo, peor es reincorporarse a la rutina cuando nunca saliste de ella.

Si no formas parte de la afortunada minoría que celebra sus vacaciones cada seis meses, este sentimiento es un terreno recorrido; puede que hayas descansado de responsabilidades como la Universidad o pasantías pero mantuviste tu trabajo en regla, una vez que las demás responsabilidades se acoplan y es momento de volver a la realidad, todo parece demasiado.

Y te das cuenta de que quizás sí necesitabas vacaciones después de todo, así sea para hibernar en tu cama.

Bienvenida a la realidad. 

Ahora que no te queda de otra que bañarte en responsabilidades y hacer malabares para conservar tu salud mental, puedes apelar a dos opciones: resignarte a un inminente burnout o inventarte unas vacaciones ficticias.

(Esto también aplica para los que igual tuvieron vacaciones pero les está costando mucho recuperarse).

Como nos sentimos optimistas, dispusimos todas nuestras energías a la opción dos; por lo que preparamos un manual de supervivencia y reivitalización laboral, para que cambies tres cosas de tu vida que probablemente te hagan sentir de vacaciones así no hayas tenido vacaciones.

Cambia tu escenario

Sí, quizás no podrás tener la vista al océano o a algún paraíso terrenal cerca, pero cambiar tus alrededores, por más minúsculo que sea, tiene sus ventajas.

Varios estudios y experimentos psicológicos han demostrado que somos muy dependientes de nuestro contexto, por lo que medimos nuestros comportamientos y actitudes según lo que nos rodea. Bien puedes poner una toalla en el piso de tu oficina y fingir que estás tomando sol, o puedes empezar haciendo cambios pequeños y más realistas como cambiarle el fondo a tu computadora, poner un portaretrato en tu escritorio o comprar una planta nueva. E incluso puedes variar tu espacio de trabajo de vez en cuando.

Básico pero más barato que un boleto de avión.

Cambia tu rutina

Si hay alguien al que culpar por nuestra afinidad de mantenernos con lo conocido, es a la naturaleza humana. En la terminología fancy se le conoce como “sesgo del status quo, que prácticamente es sentirse cómodo en lo seguro y predecible.

Retocar tus hábitos y horarios diarios también puede ser de ayuda para desaparecer el factor “monotonía” del panorama. Por un lado, es importante porque nuestros cerebros siempre están persiguiendo la novedad, según los neurocientíficos, y cambiar la más mínima cosa les dará ese sentimiento, lo que se traduce a más concentración; y por otro lado, gana el pensamiento creativo, porque al alejarte del sistema predecible aumenta la neuroplasticidad de nuestros cerebros. En español, tendremos la capacidad de formar nuevas conexiones entre diferentes pensamientos: más flexibilidad para tu rutina es igual a más flexibilidad para tu cerebro. Voilà.

Cambia tus notificaciones

Es frustrante que te digan que la solución cuando tienes mucho trabajo es desconectarte: primero, porque no es fácil, y segundo, porque ahí también reside tu conexión con el mundo. Y después de todo, también tienes trabajo que hacer.

No es realista proponerte apagar el mundo por completo, si puedes darte permiso para alejarte y desenchufarte en algunos momentos, principalmente cuando no estás trabajando activamente. Cuando te estás bañando puedes poner tu celular en silencio porque no hay nada que puedas hacer para aliviar la presión de tu vida laboral dentro de cuatro paredes y una regadera, mientras que si estás en la oficina, todo es diferente.

En pocas palabras, ajusta tus notificaciones para cuando estás trabajando y para cuando no, porque nadie necesita recibir correos laborales a las 3 de la mañana.