Como el movimiento de body positivity tuvo un skinny washing - The Amaranta
Según la sociedad, Jennifer Lawrence es considerada “gorda”.

El movimiento de body positivity es inservible. La idea inicial era genial y durante mucho tiempo tenía algo que probar, pero lo que tenemos ahora es la versión aguada. Como un trago de ron con coca cola que dejamos demasiado tiempo bajo el sol.

Lo que es hoy el body positivity empezó como fat positivity en los 60’s y se puede entender por olas, tal cual como pasa con el feminismo. Desde la primera hora hasta la tercera, la de este momento, se ha hecho progresivamente más grande. Empezó buscando redefinir lo que significaba ser gordo y ahora busca enfocarse en incluir a aquellos que caen en la difícil intersección de “gordo + minoría”, como gorda y mujer negra, o gordo y trans. O al menos esa era la idea, hasta que la sociedad decidió que en realidad deberíamos ocuparnos del hecho de que Jennifer Lawrence es considerada “gorda”.

Voy a decir algo que no debería ser revolucionario: Jennifer Lawrence no es gorda. Ni siquiera es promedio. Solo es “menos flaca” que una modelo standard. El hecho de que todo un movimiento centre la conversación en defenderla de la gente demente que la llama gorda, es una pérdida de tiempo por dos cosas: 1) enfoca la conversación en quien menos lo necesita, y 2) sigue tratando la gordura como algo terrible que nadie le desearía ni a su peor enemigo. Vamos a ponernos intensos con ambas cosas:

¿En quién debemos centrarnos?

En un mundo ideal que no estuviese viendo todo a través de un filtro de blancura y BMIs bajos, estaríamos centrando la conversación en hacer que las personas que se encuentran más desprotegidas por la fobia a los gordos, se sientan cómodos y validados con sus cuerpos a pesar de no representar el standard. Digamos que si hubiese una escala iría más o menos así:

1. Personas en una intersección que los pone en peligro de sufrir discriminación. Son las personas de las que hablaba al principio, las mujeres de color, pobres y gordas, las personas con discapacidades y gordas, las personas LGBTQI+ y gordas, y personas pobres, gordas y blancas. Normalmente están luchando por ser reconocidos como seres humanos a pesar de la gordura y el otro plus que les tocó vivir.

2. Personas blancas y gordas sin discapacidades ni desventajas de clases. Es decir, aquellos que están protegidos por una capa de privilegio. Aunque probablemente enfrenten discriminación o bullying, no están en riesgo de perder un trabajo o ser obligados a salir de la oficina de un doctor por ser demasiado gordos.

3. Small fats o personas con sobrepeso. Somos esos que no entramos dentro de la categoría de obesos y probablemente no recibimos demasiado discriminación por parte de la sociedad. O al menos no más allá de tener inseguridades derivadas del peso que tenemos.

4. Personas flacas con inseguridades físicas. El mundo está lleno de bullies y algunos de ellos diversifican sus carreras para meterse con personas obesas y con personas flacas al mismo tiempo. Bien sea la sociedad, familiares, o amigos, hacen que se sientan inseguras con sus pesos.

5. Personas flacas a las que les dicen gordas. I can’t even.

Piensa por un momento en esto: ¿quién se beneficia si nos enfocamos en el último grupo? Aparte del impacto que lograrías en Jennifer Lawrence, no hay mucho que estés haciendo por el mundo y el movimiento general cuando logras que alguien delgado deje de ser visto como gordo.

Por otro lado, enfocarte en el primer y segundo grupo te permite atacar problemas que afectan a todos los demás. De hecho, te permite a hablar del tema principal: la sociedad odia a los gordos.

Sí, hemos avanzado bastante. As in es poco probable que un grupo de gente se sienta capaz de golpear a alguien en la calle por ser gordo. Pero eso no significa que no estén pensando que las personas gordas valen menos que las personas flacas. Sobre todo si no eres “el buen gordo” que hace dieta constantemente y se arrepiente en público de ocupar tanto espacio.

Lo creas o no, tu tamaño determina muchas cosas en tu vida. Una persona gorda en USA, por ejemplo, gana $1.25 menos la hora que alguien de peso promedio. En mujeres, las flacas ganan 6% más que las gordas, quienes, por cierto, reciben menos aumentos. Los cuerpos grandes, siguen siendo asociados con una lista de características que nadie quiere tener.

Sí, hablamos de aceptar a todo el mundo, hasta que vemos a una modelo de talla grande en una campaña de modelaje, a lo Tess Holliday. Ahí se acaba la conversación sobre fat acceptance, y empieza la conversación sobre cómo eso es “inaceptable”, y es un mal ejemplo para los niños. Todo por supuesto escondido en “no es que esté contra los gordos, es que simplemente es poco saludable”, ignorando por completo que no puedes establecer la salud de alguien con solo mirarlo.

Entonces, si todavía no estamos ni cerca de discriminar por talla, ¿por qué hemos dejado de hablar de esto?

Confundimos inclusión con protagonismo

Cuando el movimiento empezó a incluir otros tipos de cuerpos, específicamente cuerpos flacos y convencionalmente atractivos, la conversación empezó a diluirse.

Hay algo que siempre pasa cuando se habla de esta clase de movimientos, alguien pregunta, “Pero, si estás enfocándote solo en los gordos, ¿no estás discriminando contra los flacos?”. La respuesta es sencilla: no, y deja de hacerte el oprimido.

Esto es lo que pasa, el movimiento de body positivity busca crear representación de todos esos cuerpos que históricamente han quedado por fuera del mainstream. Eso necesariamente implica no enfocarse en los cuerpos que sí han sido valorados como perfectos y deseables, es decir, los cuerpos flacos, jóvenes, y blancos. El hecho de que no sean protagonistas de la conversación, no significa que estén siendo oprimidos. Son más que bienvenidos, pero por primera vez, la conversación no tiene que estar enfocada en ellos.

Que hayan personas conversando sobre el privilegio de las personas flacas y cómo eso afecta a los demás, no es “opresión”.

Así como los cuerpos negros, trans, gordos, viejos, o con discapacidades no son el centro de atención (excepto para hacer bromas) en conversaciones donde hay mayoritariamente personas flacas. Cada quien merece tener un espacio y una voz. La del body positivity no tenía que ser la de las personas que se ven representadas en todos lados.

Estaría bien que no todos fuesen protagonistas

Dentro de los círculos plus size, hay algo a lo que llaman small fat. Aunque toda mi vida mi familia se haya encargado de decirme que soy Jabba The Hut, la realidad es que para las personas que sufren discriminación por ser gordos, solo soy small fat. Y aunque también me pasa que siento que no estoy representada en los medios y eso me molesta, la verdad es que mi figura es hourglass y la gente no se impacta por mi tamaño cuando voy por la calle.

No tengo que ir a tiendas especiales para comprar ropa, puedo ejercitarme cuando no estoy siendo una vaca, y nadie se burla de mí por mi peso… al menos no en mi cara (y si lo hacen, come at me, motherf*ckers). Además, si soy honesta, como el mío, hay millones de cuerpos en cada esquina. No soy representativa de aquellos que han tenido que ocultarse del público.

El hecho de que no sea una representante del movimiento, no significa que esté siendo oprimida. Ni siquiera significa que no pueda dar mi opinión. Lo he hecho durante los últimos 3.400 párrafos de este artículo. Lo que sí significa es que no tendría sentido que mi voz fuese la dominante y mi experiencia el ejemplo representativo del body positivity.

Se perdió la intención original

El movimiento que empezó como un intento de quitarle el estigma a la gordura, terminó siendo habitado mayoritariamente por los cuerpos que ya eran aceptados como normales. “Gordo” sigue siendo una palabra que debería darnos vergüenza.

Pasa lo mismo que con el feminismo blanco de ahora. Las fuerzas están reunidas en una causa un poco desabrida e inocua. El body positivity se quedó celebrando los cuerpos convencionalmente atractivos, y la blancura. Se olvidó de las intersecciones. Dejó de lado cualquier rasgo visible de gordura, discapacidades o cualquier posibilidad de ser asociado con personas LGBTIQ+.

No hay nada radical en lo que se propone ahora, solo campañas publicitarias de Dove y más Jennifer Fucking Lawrence.