Igual sigue siendo droga

Su origen natural, efectos y la normalidad con la que se ha colado esta sustancia en nuestro día a día, hace que la marihuana, para muchos, sea tan o aun más habitual que el consumo del mismo alcohol y la ha hecho completamente incomparable con otros estupefacientes “realmente graves” como la cocaína o el LSD. Esta droga está disponible de forma legal en muchos países como Holanda, Canadá, Estados Unidos y Uruguay de manera regulada y presentada en muchos formatos para su consumo.

Lo cierto es que, de manera legal o no, ha sido aceptada en muchas sociedades y vamos notando como, cada vez más, va desapareciendo el tabú que rodea al asunto.

Yo tengo una opinión impopular con respecto a esta situación: sigue siendo una droga. No tengo tabú y entiendo el boom de su legalidad. En efecto, no me parece incoherente porque entiendo las medidas de regulación y las estrategias de mercado que existen detrás del fenómeno naturalista que muchos profesan. No me molesta que la gente a mi alrededor fume weed, pero yo no lo hago. A pesar de lo común y “normal” que es su consumo en nuestra generación, aún noto como se convierte en un deal breaker para muchas parejas.

Por esta razón recopilé algunas opiniones y experiencias de personas que no están into it, pero aun así han logrado mantener una relación estable con un consumidor de cannabis y viceversa:

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“Una de las cosas que más me molestaba del asunto era que mi pareja no estaba consciente de los efectos de la sustancia y cómo se reflejaban en su comportamiento. Estaba en negación cuando yo le decía que tenía que considerar las actividades que iba a realizar luego de fumar; su vida podía estar en peligro al no estar sus cinco sentidos al 100%”. Entrevistado 1.

“Creo que en caso de ser un hábito, debe ser compartido. Cuando tengo una pareja y esto de fumar marihuana es ocasional, no tengo problema, también lo hago dependiendo de la circunstancia. Pero sí me molesta salir con alguien que siempre está drogado porque me da la sensación de que realmente no conozco a esa persona con la que quiero compartir mi vida”. Entrevistado 2.

“Hay personas que son completamente funcionales aun fumando todos los días. Este es el caso de mi ex. Terminamos por otras razones, pero nunca fue un problema para nosotros porque era completamente transparente con este tema. Desde que nuestra relación empezó, él fue muy claro con respecto a su frecuente consumo de cannabis”. Entrevistado 3.

“He tenido distintos tipos de parejas. Personas a las que no les gustaba del todo que yo fumara, pero que igual podían fumar conmigo; hubo otra que al principio no tenía problema con que yo fumara hasta que sí se convirtió en un inconveniente para ella y su objetivo era “rehabilitarme”; y la más drástica: aunque no había nada mal en nuestra relación, en su familia había historial de abuso de drogas y, por ende, esto era inaceptable”. Entrevistado 4.

Las identidades de mis colaboradores para este artículo se mantendrán de manera anónima, pero deben saber que los cuatro entrevistados son personas de distintos sexos, conforman un rango de edad entre 20 y 35 años, y todos viven en Venezuela.

Mi conclusión: sobre todo para las mujeres que no están acostumbradas a consumir weed, esto es un completo deal breaker, ya sea al principio o en medio de la relación con el consumidor. Me tomo la libertad de opinar y decir que creo que tiene mucho que ver con el contexto de la sociedad venezolana. Estoy al tanto de otros testimonios de otros conocidos que han emigrado a Argentina, México y Uruguay, y el contexto social de esos países los ha obligado a adaptarse cada vez más a esta situación un tanto más progresista.