Hay gente gafa en el mundo....

Nos pasamos la vida quejándonos.

De la gente, de los animales, de la naturaleza, del clima, de los políticos, de la temperatura del café, de que tenemos el pelo chicha, de que se nos sale el rollo con estos pantalones, de que me miraste feo, de que me siento bien o de que “qué raro que estoy feliz, algo debe estar mal”.

Cuando Dios nos dio la capacidad a los humanos de hablar no creo que calculó el hecho de que nos estaba dando el poder de expresar que somos los seres más malagradecidos del mundo, y de que ABBA iba a poder cantar.

Por más proactivos y humildes que podamos ser, la queja pareciera ser inevitable en el lenguaje y más usualmente en las mujeres vemos este insoportable defecto.

Escudadas bajo el PMS, el ajetreo de la ciudad, el hecho de que vivimos en dictadura, y de que necesitamos expresar lo que sentimos, nos damos una licencia diplomática de quejarnos de tanta estupidez nos suceda.

Sobretodo y especialmente de ellos.

Comparto el pensamiento de que lo que nos molesta hay que decirlo, pero me atrevo a decir que hay casos en los que nos quejamos de ellos sin sentido.

Hoy vamos a cachetearnos a punta de palabras con un artículo sobre la típica queja que tenemos de un niño que nos gusta.

El #BitchYouDumb de hoy:

“Es que él tiene que ser el que me escriba primero”.

Oh, honey…

Apartando el hecho de que te estás ateniendo a un código de comportamiento como sacado de una novela de Jane Austen, tu manera de pensar es estúpida.

Así, claro y raspao’.

Asumiendo que quieras ser una mujer digna de llamarte como tal en el año 2017, debes entender que hay cosas que se dejaron de hacer: ya los carros no van halados por caballos y nosotras no dependemos del coraje de un hombre para saber si está interesado en nosotras.

No hay nada de malo en que seas tú la que pregunta de frente si a él le gustaría salir contigo, apreciamos la actitud de saludar a un niño que nos interesa por Whatsapp solo para hablar un rato, no nos quedamos semanas preguntándonos si pensará que somos lindas, y si queremos verle la cara a un chamo que nos interesa lo invitamos a un helado.

“Es que va a pensar que soy una lanzada o peor, una intensa”.

Oh, honey…

¡Sí lo va a pensar, porque lo somos! Intensas y lanzadas, economizamos el tiempo tomando las riendas de la situación y no nos quejamos cuando nos tienen “desatendidas”.

Si queremos atención la exigimos con toda la buena actitud, no buscamos montar fotos en las redes sociales en trajes de baño sospechosamente strippery y así brindarle una excusa al masculino para que nos escriba.

“Me parece que eres una loca, yo como que mejor espero a que él aparezca”.

Oh, honey…

En verdad haz lo que quieras.

#BitchYouDumb: Mientras esperas que te escriba, lo voy a invitar yo al estadio.