El hecho de que te gusten o no las barbas, tiene que ver con Darwin

Somos básicas, bien básicas.
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- “A mi me encanta un tipo con barba”.

- “Uy no a mi me gusta cuando tienen la cara limpiecita como la nalga de un bebé”.

- “¿Ajá y me vas a decir que no te gustan los que tienen el pelo largo?”

- “M*rica, asco”.

Aunque pensemos que el eterno debate del vello facial, en el cuero cabelludo y el corporal en los hombres es cuestión de gusto personal;

Aunque imaginemos que a algunas le gustan los que se ven más salvajes estilo Robert Pattinson en su buena época, en vez de los limpios antisépticos ejecutivos como Superman;

La ciencia dicta que la preferencia de que un hombre tenga o no tenga barba, es todo cuestión de nuestro cuerpo respondiendo a los instintos más primitivos. Más específicamente, es una respuesta al principio Darwiniano de “Selección Sexual Dependiente de Frecuencia Negativa”.

En español:

Darle preferencia al grupo que tiene los rasgos distintos.

La BBC expuso esta idea en un artículo titulado Beard Trend is Guided by Evolution en el que explican que desde 2008 cuando los hombres empezaron a adoptar la tendencia de dejarse una barba gruesa y espesa como el pelo de Tarzán, las mujeres empezaron a encontrar este rasgo físico más atractivo que aquellos que se esmeraban por tener su cara hair free.

La tendencia de la barba coincidió con la infame oleada de los hipsters, una cosa llevó a la otra y nos terminaron dando queso las pipas, los tocadiscos y las bicicletas, sobretodo si estaban acompañados por tipos que se veían así:

El principio de Selección Sexual Dependiente de Frecuencia Negativa funciona de la manera más simple posible. Eventualmente encontramos más atractivo aquello que vemos menos, pero una vez que todos están abordo con la tendencia, rechazamos la moda y vemos hacia lo contrario.

Es decir, hoy en día en el 2017, cuando ya todos los hombres intentaron dejarse una barba estilo Brad Pitt, inclusive aquellos que aguantaban la respiración y soplar para convertir aquella barba que parece una colonia de hormigas en un frondoso bosque de pelo; las mujeres preferimos las caras que pasaron por Gillette antes de salir de la casa.

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Hemos llegado al “pico de la barbudez” en el que hay tantas barbas, que ya no nos parece excitante el hecho de ver una más.

Con toda la lógica de científico-de-a-pie podemos aplicar este principio a cualquier tendencia física, desde las mujeres de pelo corto, hasta los pelirrojos y los tatuajes.

La tesis fue publicada por el Royal Society journal Biology Letters, en el que explican que le dieron a un grupo de hombres y mujeres 4 fotos de un hombre con distinta densidad de “barbudez” en dos momentos distintos. Uno de esos momentos fue en el 2008 y el último intento fue más recientemente, demostrando que la preferencia por la barba cambió cuando ya el uso de esta era más popular.

¿Qué podríamos deducir de la evolución darwiniana de la barba?

Pues algunas cosas:

  1. Que somos en extremo caprichosos, en lo que tenemos lo que deseamos, ya nos parece común. Nadie usó el Tamagochi cuando todo el mundo lo tenía.
  2. Que siempre vamos a preferir lo distinto. Por eso si eres la típica latina morena de pelo marrón ondulado, múdate a Finlandia que serás un éxito.
  3. Que aunque pensemos que nuestros días de cavernícolas primitivos esten años luz de nuestra era, seguimos siendo animales que responden instintivamente a muchas cosas.
  4. Que aunque la tendencia del momento vaya en contra de tus capacidades físicas (barba, busto, curvas, tamaño, color de pelo), el ciclo de la evolución te alcanzará y te dará el chance para que destaques con tu antes impedimento.