Cocinando con Barriga Llena Corazón Contento

"La sopita que llena el alma"
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La crisis general que se está viviendo en Venezuela se ha convertido, de unos años para acá, en el tema de conversación en cualquier reunión, evento, o reencuentro. Si eres venezolano, quieras o no, siempre habrá algún factor relacionado con la situación que te impida realizar algo, y por ende, terminarás hablando o quejándote de ella.

Lo que muchos no saben, o muchos no se dan cuenta, es que siempre habrá gente que la está pasando peor. A medida que la crisis aumenta, la calidad de vida de todos disminuye y por lo tanto, se crea un estrato social que hoy día no sabe de dónde saldrá su siguiente plato de comida.

Situaciones que lastimosamente están pasando a la normalidad. Personas comiendo de la basura, madres con sus hijos pidiendo dinero en los semáforos, asalariados haciendo lo imposible por que les alcance la quincena, y enfermos en hospitales de las ciudades donde las instalaciones e insumos son las peores.

En el último aspecto es donde me quiero enfocar.

Hace unas semanas entrevisté a Lovely Gourmet; si no la conocen, es una joven venezolana con un talento y una creatividad impecable en la cocina. Llegué a ella por una amiga que me invitó a seguirla en sus redes sociales.

Una noche antes de dormir, estaba revisando mi Snapchat, y me topé con el story de Lovely. En unos minutos de videos, se dedicó a invitar a voluntarios para que la ayudaran a cocinar unas sopas para los niños del Hospital JM De Los Ríos y a los ancianos del Hogar Madre Teresa de Calcuta.

La actividad consta en que Elisa, (Lovely Gourmet) forma parte de una fundación llamada Barriga Llena Corazón Contento. Esta organización sin fines de lucro está conformada por seis restaurantes distintos de Caracas que se organizan para cocinar y llevar, un día cada uno, sopas a los niños y ancianos. 

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Como Elisa no tiene un restaurante, ella, con la ayuda de sus voluntarios de Snapchat, prepara las sopas en una cocina en Caracas llamada Cocina Emocional; y allí, en dos días de trabajo, prepara unas ollas gigantescas de sopa y luego las sirve a los necesitados. 

Ambos hospitales son centros de salud pública que, como todo lo que está financiado por el gobierno, sufren constantemente por falta de mantenimiento, materiales, medicamentos y alimentos para los pacientes.

Luego de ver los videos de Elisa, me llamó mucho la atención la actividad y le escribí. Me dio todas las instrucciones y al día siguiente me fui a cocinar sopas.

Me gusta cocinar. No me considero “La Mamá de los Helados” en la cocina, pero ahí me defiendo. Digamos que llego un poco más allá que un huevo frito. 

Obviamente, cuando llegue a la cocina con mi delantal y mi cuchillo (ambos de mi mamá claro) me topé con un grupo de mamás expertas en cortar y preparar ingredientes de sopa. Yo, por mi parte, que no sé la diferencia entre el ñame y la yuca, al principio me dediqué a observar y hacerlo todo lo más cuidadoso posible.

La receta de la sopa es un hervido de res o de pollo con vegetales. El primer día de preparación consta en cortar los vegetales, tubérculos y la proteína para al día siguiente cocinarlos.

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En un ambiente súper agradable, y con una esencia personal a cebolla y pollo, terminamos de cortar y guardar todos los ingredientes. El primer día es el más duro, ya que son muchísimos los vegetales y tubérculos que hay que cortar, además de los otros procesos que incluye la receta, como hervir la proteína y preparar el sofrito.

Al segundo día, los voluntarios terminamos de picar lo de la jornada anterior, y mientras, la chef Elisa se encarga de preparar, probar y mezclar las tres ollas gigantescas que van al hospital; dos grandes con sal, y una olla pequeña para los niños que no pueden comer nada salado. Ya listas, se envuelven las ollas, se montan en una camioneta, y se llevan a los hospitales. 

La primera vez que fui a cocinar, Elisa me invitó a entregar las sopas al hospital de niños JM De Los Ríos. Definitivamente la parte más fuerte de la actividad. Sin necesidad de pasar mucho tiempo en el hospital, vi reflejado en las instalaciones y en el personal, la peor cara de la crisis venezolana. El deterioro y la falta de higiene del edificio es increíble y la hambruna de todas las personas que pisan ese hospital (sean pacientes o no) también es devastadora.

Entregamos las sopas con la finalidad de que comieran todos los niños primero, y después entregamos al personal y a los familiares lo que sobró.

Esta fundación, después de estar al tanto de la situación crítica de los niños y ancianos, se ha dedicado desde entonces a buscar insumos, colaboraciones y voluntarios para entregar nada más y nada menos que un día completo de alimentación a personas que están en el peor de los escenarios.

Al ser distintos restaurantes, en cada uno de ellos, te ofrecen en su menú, la misma sopa que se lleva al hospital, y al pedirla estás haciendo una donación a la fundación.

Una vez más veo reflejada en Barriga Llena Corazón Contento la bondad del venezolano, que a pesar del egoísmo y comodidad que nos suele calificar, nos damos cuenta de la realidad, la vemos con nuestros propios ojos, y nos es imposible desapegarnos de ella.

Los invito a seguirlos en sus redes y a que vean un poco más de qué se trata su fundación.

Btw, La sopa es buenísima.