Cómo hablan los venezolanos hoy en día - The Amaranta

Ahora todos nos decimos "baby"

Por suerte, no hemos trascendido al "bebé"
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baby

Uno de los indicios de que se te “cayó la cédula”, es decir en público alguna expresión que hoy en día se considere de modé.

Aunque dudo que alguna vez alguno de sus papás haya dicho “groovy”, supongo que entienden a lo que voy con este punto.

El lenguaje, siendo un ubicadores histórico, puede revelar en la manera que lo utilizamos, de qué época venimos.

El tan solo comparar que tu mamá le dice “pavos” a tus amigos y tu les dices “panas” o (mejor aún para efectos de este planteamiento) “brous”; que tu papá te tuvo que explicar en un momento que “jamonearse” no tenía nada que ver con el embutido; y que cuando escuches un “qué nota” voltees a buscar a tu tía y pedirle la bendición, es una manera de darnos cuenta que de generación en generación orgullosamente nos adueñamos de términos que nos distinguen de los viejos y los chamos de nuestra familia y en la calle.

Curioso es darnos cuenta conscientemente que hoy también estamos viviendo en carne, hueso y lengua, una metamorfosis que sin duda va a trascender en la manera que nos expresamos y que está mutando la manera de hablar de nuestra generación. Y es necesario hablar de ello.

El uso de “baby”, “linda”, “gorda”, “mi amor”, “bello”, “guapa” y cualquier otro calificativo que aluda a la supuesta belleza de una persona estaba reservada para dos tipos de personas. El primero, a los que te paran el carro o te ayudan para que sin inconvenientes puedas hacerlo tu en un estacionamiento. El segundo grupo, eran las parejas amorosas que sin tapujos ni vergüenza se permitían mutuamente decirse así en público.

En cuanto a los parqueros, nos dejábamos piropiar en medio de la calle por estos personajes especialistas en cuidar carros, porque de cierta forma, la lógica indicaba que mientras mejor le cayeras al cuidador o mejor aún, mientras más bonita le parecieras, mejor iba a estar cuidado el vehículo.

Y así con un “tranquila, bella tú, bello el carro”. “Mi amor yo se lo cuido, vaya guapa que no le va a pasar nada” te ibas con un aire de seguridad profundo porque tu carro ahora era inmune a una bomba atómica. Agrégale un “mami” y ni Osama Bin Laden iba a poder con él.

Los novios por otra parte, en aires de pegoste meloso que resulta vomitivo para cualquier persona externa a la relación en cuestión. El uso del “baby” era recurrente, el “bello” bastante usado y el “gorda” absolutamente obligatorio. De lejos observar a los especímenes enamorados y burlarse de la forma en que se referían al otro, era casi inevitable.

Ahora no sé qué pasó porque de hace un tiempo acá, alguien consideró que era perfectamente aceptable que nos refiriéramos el uno al otro como lo hacen los amantes y los fieles parqueros.

Aunque soy grande admiradora del buen humor y etiqueta venezolanos, decirle “baby” al señor que pesa las frutas en el mercado para mi ya fue demasiado.

Con una bolsa de duraznos sobrevalorada, me volteé con inmensa vergüenza y le di la espalda a este humilde señor que tan confundido como yo me respondió con un “aquí tienes”.

Se sintió tan raro como cuando el de las cotufas del cine te dice “Disfrute su función” y tu respondes “Usted también”.

Ilógico, desubicado y un poco chistoso, así se sintió.

Es que hoy en día decirse entre amigos “baby”, “mi amor” o “guapa” ondea en una línea entre el chanceo permitido entre amigos y comentarios condescendientes que suenan menos severos con un “gordo” por delante.

Como si de repente todos estuviésemos juntos en una relación, se volvió socialmente aceptable que una niña le diga a otra “gorda” sin connotaciones físicas. Es decir, no como un insulto, aunque creo que deberíamos verlo como tal.

El mero uso de “baby”, que hace 4 años hubiese sido criticado enormemente por bastante personas, hoy en día es casi de uso obligatorio para que te entiendas en el mismo código que tus pares.

Como aquel niño que no tiene el juguete de moda en el colegio, tú también eres segregado si miras con cara fea a una persona que amablemente te salude con un “Hola guapo” en WhatsApp justo antes de pedirte un favor.

Y así como todas las cosas de moda en una generación hay 3 grupos a considerar: los que se montan en la ola de una, los que se resisten pero eventualmente terminan en la tendencia y los que se niegan a ser mainstream como si su vida dependiera de ello.

Lo cierto es que cuando miras fijamente al señor Luis a la cara luego de decirle “No baby, solo estos duraznos”, te das cuenta que por más que resistas la corriente, socializar es un acto pegostosamente inevitable.

Entonces, aunque todavía no acepte del todo que una niña que no conozco me diga “Es que gorda, yo no sé si votar este domingo”, debo admitir que es inevitable que estas palabras se adhieran a nuestro slang millennial venezolano.

Para las futuras generaciones:

Hoy, 10 de octubre de 2017, es totalmente aceptable decir lo siguiente:

“Baby, ¿cómo estás? me contaron que este chamo salió con la jeva esta y se zamparon horrible en una pary. No estoy clara de cómo te sientes, pero seguro que no estás tripeando ni un pelín, entonces te escribo para ver qué tal. No me dejes en azul. Tqm.”