Porque el café no siempre será tu aliado

El sistema en el que vivimos fue creado por alguien que secretamente odiaba a la sociedad. Cuando eres adolescente, tu cerebro está más activo en las tardes pero te obligan a ver química a las 7:00a.m. Mientras más creces, tu energía progresivamente se va concentrando hacia las mañanas pero todos los horarios de talleres, masters, y clases de “Cómo cocinar quinoa sin ser pretencioso”, son después de la cena.

Mientras más creces es más difícil aguantar clases que empiezan a las 6:00a.m., pero se acaban a las 11:00p.m. cuando ya estás totalmente lista para irte a tu cama a trasnocharte con Netflix. Pero también tienes que ir desarrollando mecanismos para aguantarlo porque es muy poco probable que vayas a volver a estudiar en la mañana. Como alguien que ha visto clases de noche los últimos cuatro años, esto es lo que me ha funcionado:

Ve al gym una hora antes

Los entrenadores suelen decir que deberías ir al gym al menos 3 horas antes de que te vayas a ir a dormir porque inmediatamente después tienes un boost de energía. Úsalo a tu favor, además funciona mucho mejor que el café y es más saludable que tratar de mantener los ojos abiertos a punta de coca cola.

Vuélvete un acumulador

De mentas, chicles, caramelos y básicamente cualquier cosa que sepa a algo y puedas masticar un rato. Funciona para sentirte medianamente activa cuando todo lo que estás haciendo es sentarte a escuchar a un profesor que está más aburrido que tú y tiene una voz tan monótona que de a ratos parece un arrullo.

Descubre los microdescansos

La mayoría de las personas solo somos capaces de mantener nuestra concentración a tope en ciclos de no más de 90 minutos. Luego de eso empezamos a distraernos preguntándonos qué estará haciendo Kanye West justo ahora, o si el tipo de al lado se peina la barba todas las noches antes de dormir. Para evitar ese punto de fatiga, toma descansos. Cuando sientas que tu cerebro empieza a desviarse, déjalo hacerlo por 3 minutos, revisa Instagram, ve por la ventana, límpiate las uñas con el lápiz, lo que sea. Date 3 segundos de respiro y luego concéntrate de nuevo en la clase.

Escríbelo todo

Lo que sea que te estén diciendo, anótalo. Aunque te lo pasen en PDF o el profesor luego personalmente te tatúe la transcripción de la clase en el brazo. Escribe. Primero porque te ayuda a prestar atención, segundo porque mantienen tu cerebro en movimiento, y tercero porque si te distrajiste al final o te perdiste en alguna parte, lo vas a tener anotado para repasar cuando estés más despierta.

La clave está en la preparación, no depender de una sola cosa, y dejar de confiar tanto en el café.